Este viernes llegará a nuestras pantallas We the Hispanos. España, raíz de Estados Unidos, el nuevo documental de José Luis López-Linares. En efecto, tras el éxito de España, la primera globalización (2021) e Hispanoamérica. Canto de vida y esperanza (2024), el director completa hoy una trilogía apasionante sobre el peso de nuestra patria en la historia universal. Concretamente, y como su título indica, en este filme pretende ahondar en la influencia que la hispanidad ha ejercido y ejerce en los Estados Unidos.
Antes de comenzar, permítame el lector un ligero chascarrillo. Hace algunos años, y con el fin de contrarrestar la invasión cultural norteamericana, se viralizó la siguiente chacota: «No celebraré Halloween hasta que allí vea una procesión de Semana Santa». Pues bien, si alguna vez alguien se hizo eco de esa frase, sepa que debe ir preparando su disfraz, puesto que el documental empieza precisamente con una procesión multitudinaria… ¡en las calles de Nueva York! Por supuesto, no seré yo quien anime a celebrar un festejo que nada tiene que ver con nosotros, pero me sirve de excusa perfecta para incoar esta humilde reseña.
Así es, pese a quien le pese, son más de quinientos años de historia los que conectan Estados Unidos con España. Sin embargo, esa huella profunda —exploradores, misioneros, valores culturales y aportaciones cotidianas— ha quedado injustamente relegada al olvido en la (interesada) narrativa de nuestros días. A través de este documental, pues, López-Linares se propone rescatarla con rigor histórico, belleza visual y un enfoque divulgativo que la hace accesible al espectador.
De este modo, el filme recorre figuras fascinantes como Francisco Vázquez de Coronado, Bernardo de Gálvez —cuya ayuda fue clave en la Guerra de Independencia estadounidense—, la mística española Sor María de Jesús de Ágreda o el santo mallorquín Junípero Serra, cuyas misiones marcaron el paisaje y la espiritualidad de la actual California. Pero va mucho más allá de los nombres ilustres: muestra cómo los charros de Salamanca evolucionaron hacia el cowboy americano —en nuestro castizo argot, el vaquero—, cómo el Spanish Tinge influyó en el nacimiento del blues o del jazz —atención a las bellas palabras que uno de sus fundadores, Jelly Roll Morton, dirige a la música española— o cómo el barroco mexicano y las tradiciones gastronómicas siguen vivas en la cultura cotidiana de un país donde los hispanos superan ya los 70 millones de personas.
Con una fotografía cuidada —a cargo del propio director junto a Andrés Recio Illán—, una banda sonora original evocadora de Jorge Magaz y un montaje preciso de Pablo Blanco Guzmán, We the Hispanos es un viaje cinematográfico envolvente. Incluye testimonios de historiadores, expertos y, especialmente, voces de hispanos estadounidenses que sienten y aman ese legado de sus ancestros españoles. No se trata solo de mirar al pasado, sino de entender el presente y proyectar el futuro: la hispanidad, con su religiosidad, patriotismo, sentido del honor y capacidad de mestizaje, puede aportar precisamente los valores que necesita la compleja identidad americana del siglo XXI.
López-Linares lo ha dicho con claridad: primero hay que recordar para luego despertar. Y este documental lo consigue con maestría. No es un ejercicio de nostalgia, sino una invitación a reconocer que la historia de Estados Unidos no se entiende sin España y la hispanidad. En un tiempo de debates identitarios, We the Hispanos, pues, ofrece una mirada serena, fundamentada y profundamente positiva sobre lo que nos une. Por esta razón, el espectador saldrá con la certeza de que la hispanidad no es un capítulo marginal, sino uno de los pilares sobre los que se ha construido —y puede seguir enriqueciéndose— el país americano.
Por otro lado, el documental se estrena en un momento propicio, pues el 4 de julio de este mismo año se celebrará el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Pocos documentos audiovisuales llegarán con tanta oportunidad y fuerza como este. Si Dios quiere, removerá conciencias y aumentará el orgullo de aquellos de nosotros que amamos nuestra historia.
¡Ah! Un apunte más. Visto lo visto, y dado que la cinta irrumpirá allí en pleno mes de octubre, no descarte el lector que las calabazas de Halloween acaben cediendo el paso a los cirios de Semana Santa. Y en cuanto a los que juraron y perjuraron que nunca se disfrazarían mientras que no hubiera una procesión en Nueva York…, ¡vayan desempolvando sus más lúgubres galas!
(No, por favor: era solo una broma).