Un paciente canadiense con una enfermedad degenerativa ha recibido recientemente los sacramentos de la Iglesia católica, incluida la Unción de los enfermos, en medio de un contexto marcado por el deterioro de su salud y sus denuncias contra el sistema sanitario de su país. Según informa LifeSiteNews, se trata de Roger Foley, conocido por su oposición al programa de eutanasia en Canadá.
El caso se produce en un país donde la eutanasia —legal desde 2016 bajo el denominado programa MAiD (Asistencia Médica para Morir)— ha experimentado una expansión progresiva, tanto en el número de casos como en los supuestos en los que puede aplicarse, lo que ha generado un debate creciente sobre sus implicaciones éticas y sanitarias.
Foley, que padece una ataxia espinocerebelosa incurable, ha atravesado en las últimas semanas un empeoramiento significativo de su estado físico. En este contexto, aceptó la visita de un sacerdote, pese a reconocerse durante años como una persona no religiosa.
Un acercamiento a la fe en medio del deterioro
El propio Foley describió la visita del sacerdote como «una experiencia muy hermosa», en la que se sintió «honrado y conmovido». Durante el encuentro, pudo plantear sus dudas sobre la fe y recibir respuestas a sus inquietudes.
Aunque reconoce que le resulta difícil creer, especialmente por las experiencias que ha vivido, asegura haber comenzado a rezar recientemente, animado por una persona cercana. «Estoy confundido», admite, señalando que sus preguntas sobre el sufrimiento y la existencia de Dios siguen abiertas.
Su estado de salud es especialmente delicado: no puede alimentarse por sí mismo y depende de nutrición intravenosa, además de sufrir dolor, fatiga extrema y deterioro cognitivo.
Condiciones hospitalarias y denuncias de trato inadecuado
Foley ha denunciado también las condiciones en las que permanece hospitalizado desde hace más de diez años. Según relata, decisiones administrativas han afectado directamente a su salud, como la imposición de iluminación fluorescente en su habitación, pese a su sensibilidad a la luz.
Este tipo de iluminación le provoca dolor intenso, ceguera temporal y empeoramiento de su estado. Aunque logró utilizar luces adaptadas durante un breve periodo, afirma que el personal recibió órdenes de no emplearlas, bajo amenaza de sanciones laborales.
Presiones para aceptar la eutanasia
Uno de los aspectos más controvertidos de su caso es la presión que, según denuncia, ha recibido en diversas ocasiones para aceptar la eutanasia.
Foley ha calificado estas propuestas como «traumatizantes», especialmente cuando se producen en paralelo a dificultades para acceder a tratamientos o cuidados adecuados. «He decidido seguir luchando por mi vida», afirma, subrayando que su vida «sigue teniendo valor», pese a haber recibido mensajes contrarios.
La búsqueda de alternativas y atención domiciliaria
El paciente sostiene que su estado podría estabilizarse si tuviera acceso a cuidados en el hogar, algo que, según denuncia, le está siendo bloqueado por la administración hospitalaria, a pesar del apoyo de su médico.
Actualmente, diversas organizaciones están impulsando campañas para recaudar fondos que permitan financiar cuidados personalizados fuera del hospital.
Para Foley, su situación no es aislada, sino representativa de problemas más amplios en el sistema sanitario canadiense. Según afirma, existe una tendencia a ofrecer la eutanasia en contextos donde los pacientes no reciben una atención suficiente.