San Sebastián vivió su primera procesión este Viernes Santo después de 60 años

San Sebastián vivió su primera procesión este Viernes Santo después de 60 años

San Sebastián ha vivido este Viernes Santo la presencia pública de la fe con la procesión desde la Catedral del Buen Pastor, poniendo fin a casi seis décadas sin manifestaciones religiosas en las calles de la ciudad. La celebración, impulsada por un grupo de fieles, marca un hecho significativo en un contexto de fuerte secularización.

La procesión dio comienzo a las 20:30 horas, tras los oficios litúrgicos, en un ambiente de recogimiento. El sonido de la carraca —que sustituye al silencio de las campanas durante estos días— anunció la salida del cortejo, que recorrió el centro de la ciudad con la participación de numerosos fieles.

Un recorrido marcado por el silencio y la oración

El itinerario atravesó las principales calles del centro —plaza Buen Pastor, Urdaneta, Hondarribia, San Martín, Getaria, Avenida de la Libertad, Churruca y plaza Gipuzkoa—, donde tuvo lugar una estación oracional antes del regreso a la Catedral. A lo largo del recorrido, los asistentes mantuvieron una actitud de respeto, muchos de ellos portando cirios en señal de participación.

El cortejo estuvo encabezado por la Cruz de Guía y el estandarte de la Cofradía, seguidos por niños con vestimenta hebrea y la banda de txistularis. A continuación avanzaron los nazarenos, el paso del Nazareno con la Verónica, los símbolos de la Pasión y la imagen del Cristo Yacente. En el tramo final, las Tres Marías y la Soledad precedieron al clero y a la banda de música.

Una tradición restablecida desde la base

Más allá del desarrollo del acto, lo relevante es su recuperación tras décadas de ausencia. No se trata de una iniciativa institucional, sino del impulso de fieles que han considerado necesario restablecer una tradición arraigada en la vida religiosa de la ciudad.

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Este hecho se inscribe en un contexto más amplio en el que, en distintos lugares, se percibe un intento de recuperar expresiones visibles de la fe que habían quedado relegadas o desaparecidas.

Un signo que interpela

La celebración de esta procesión pone de manifiesto que, incluso en entornos fuertemente secularizados, la fe no desaparece por completo, sino que permanece, a veces de forma silenciosa, a la espera de ser reavivada.

La procesión del Viernes Santo en San Sebastián no es solo el resultado de un esfuerzo humano, sino un signo de que la gracia sigue actuando en medio de la Iglesia, incluso allí donde todo parecía haber quedado relegado.

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