La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe, titulada Cor ad cor loquitur —“El corazón habla al corazón”—. El documento fue autorizado para su publicación por la Comisión Permanente en su reunión de los días 24 y 25 de febrero en Madrid, y había sido aprobado previamente por los obispos miembros de la Comisión en su reunión CCLXV del 20 de febrero.
La nota toma como punto de partida el lema cardenalicio Cor ad cor loquitur, asociado a san Juan Enrique Newman —mencionado en el texto como “recién declarado doctor de la Iglesia”— y lo utiliza para enmarcar su tesis central: la vida espiritual y el encuentro con Dios afectan a la persona “en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva”. Desde esa premisa, los obispos subrayan que la fe implica a “toda la existencia humana” y que, junto a la confianza en Dios y a los elementos cognoscitivos propios de la adhesión y la confesión de fe, aparecen también emociones y sentimientos como el gozo espiritual, el amor o la paz.
El documento se presenta con una motivación pastoral explícita. Según la Comisión, en los últimos años se aprecian signos de un “renacer de la fe cristiana”, especialmente entre jóvenes españoles de la llamada generación Z, y se constata el surgimiento de iniciativas de “primer anuncio” que facilitan el encuentro con Cristo o la revitalización de la fe. La nota afirma que la Iglesia valora la creatividad de estos métodos, pero advierte de un riesgo: que la experiencia cristiana se reduzca a un “emotivismo” que convierta a las personas en consumidores de impactos y en buscadores de complacencia espiritual. En ese marco, se insiste en que el anuncio de Cristo no busca provocar sentimientos como fin directo, sino testimoniar un acontecimiento capaz de transformar la existencia.
En su análisis cultural, el texto describe una “absolutización de la afectividad” en la postmodernidad, con el paso del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, y sostiene que esa dinámica puede fragmentar y desorientar, también en el plano religioso. La nota señala además que el sujeto centrado en la emoción resulta más manipulable y alerta de posibles formas de “bombardeo emocional” en contextos espirituales, llegando a mencionar el “abuso espiritual” y la presión grupal para uniformar sentimientos, así como el recurso a falsas experiencias místicas para dominar conciencias o facilitar otros abusos.
Al mismo tiempo, la Comisión evita una lectura antiemocional de la vida cristiana y afirma que los sentimientos juegan un papel importante y no pueden ser ignorados. Se apoya en la Escritura y en la tradición espiritual para sostener que Dios alcanza también al hombre en su interioridad afectiva, recordando pasajes bíblicos sobre el amor de Dios y sobre los sentimientos de Cristo en los Evangelios. La clave, afirma, está en integrar lo emotivo en armonía con razón y voluntad, evitando tanto el sentimentalismo como el reduccionismo que desvincula sentimientos de la verdad y del bien.
En la segunda parte, la nota ofrece criterios teológico-pastorales de discernimiento orientados a las nuevas iniciativas de evangelización. Entre ellos, destaca la identidad trinitaria de la fe, la dimensión personal del encuentro con Cristo sin reducirlo a ideas o normas, la necesidad de formación doctrinal para asentar la vivencia en la verdad objetiva del kerygma, y la dimensión eclesial del acto de fe, subrayando que el “creo” es también “creemos” y que la diversidad de carismas debe servir a la unidad. El texto añade criterios éticos y caritativos —la fe traducida en obras y servicio— y criterios celebrativos, advirtiendo contra celebraciones “efectistas” o un culto eucarístico fuera de la misa descontextualizado, e insistiendo en la centralidad de la Eucaristía dominical y la fidelidad a las normas litúrgicas.
La nota concluye exhortando a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones y a reconocer el lugar legítimo de emociones y sentimientos dentro de una afectividad sana, como vía para un encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”, proponiendo a la Virgen María como modelo de acto de fe. También se incluye el listado de los obispos miembros de la Comisión para la Doctrina de la Fe y se precisa que la Comisión Permanente autorizó la publicación en su reunión CCLXXII de febrero de 2026.