El cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, concedió hace unos meses una extensa entrevista al programa La Sacristía de la Vendée —la que pudo ser publicada ahora tras las restricciones que tuvo el canal—, en la que analizó los primeros pasos del pontificado de León XIV y los grandes desafíos doctrinales, culturales y morales que enfrenta la Iglesia en el mundo actual.
El purpurado alemán destacó el cristocentrismo del nuevo Papa como un signo alentador: “El Papa León XIV ha comenzado muy bien, con el cristocentrismo, que es el fundamento de nuestra fe: Jesucristo, único Salvador del mundo”.
Según Müller, los principales retos de este pontificado no son nuevos, sino los mismos que afectan a la Iglesia desde hace décadas: el secularismo en Europa, el globalismo y la visión del hombre sin Dios. Estas ideologías —advirtió— conducen a la autodestrucción espiritual y social del ser humano: “El Evangelio es lo que puede liberar al hombre de las ideologías autodestructivas que amenazan con una nueva guerra o con una implosión interior del ser humano”.
Ideologías dentro y fuera de la Iglesia
Consultado sobre la situación interna de la Iglesia, Müller reconoció que también dentro de ella han penetrado ideologías que provocan división y confusión: “Desde los primeros tiempos existieron herejías y cismas. Hoy debemos distinguir lo que procede de Cristo de lo que nace de las ideologías que se presentan como ciencia, pero no lo son”.
El cardenal insistió en que la Iglesia no puede definirse con categorías políticas: “No tiene sentido decir ‘yo soy conservador’, ‘yo soy progresista’ o ‘yo soy tradicionalista’. Esas categorías nacen de la Revolución Francesa, no del Evangelio. Somos una sola unidad en Cristo, cabeza de la Iglesia”.
Frente a las divisiones internas, Müller defendió la necesidad de recuperar la comunión eclesial en torno a la verdad revelada, sin dejarse arrastrar por etiquetas ideológicas o sociológicas: “La Iglesia no es una ONG ni una ideología, sino el Cuerpo de Cristo, una sola fe, un solo bautismo, una sola Eucaristía”.
Justicia, derecho y defensa de los sacerdotes
El cardenal abordó también la delicada cuestión de los abusos sexuales cometidos por clérigos y los procesos canónicos derivados de ellos. Si bien afirmó que las víctimas tienen derecho a una justicia plena, advirtió que no puede hacerse a costa de la presunción de inocencia: “No se puede realizar la justicia sacrificando a los inocentes. Los procesos justos forman parte de la gran cultura jurídica que Europa ha desarrollado desde el Derecho romano hasta los Estados modernos”.
Criticó, asimismo, la tendencia a generalizar las acusaciones contra el sacerdocio en su conjunto: “Cada caso de abuso es una catástrofe, pero no se puede convertir en una acusación sistemática contra el sacerdocio. El crimen nace de la inmoralidad personal, no de la gracia del sacramento”.
Estudios manipulados y fines ideológicos
El ex prefecto vaticano se refirió a los estudios y comisiones sobre abusos impulsados por gobiernos o conferencias episcopales en distintos países, algunos de los cuales —afirmó— han sido usados con fines políticos o doctrinales: “Cuando un gobierno realiza investigaciones de ese tipo está actuando contra los principios de un Estado de derecho. Solo la justicia puede instruir causas penales; el Estado no puede intervenir en asuntos internos de la Iglesia”.
Müller advirtió también sobre el uso ideológico del tema de los abusos dentro de la propia Iglesia, especialmente en Alemania: “Hay grupos eclesiales interesados en destruir el sacerdocio, diciendo que los abusos tienen causas ‘sistémicas’. Pero eso es absurdo: la culpa no está en la gracia sacerdotal, sino en la falta moral de algunos individuos”.
Memoria de los mártires y reconciliación verdadera
En la parte final de la entrevista, realizada en el entorno del Valle de los Caídos y El Escorial, el cardenal reflexionó sobre la memoria histórica y el testimonio de los mártires: “No puede haber reconciliación auténtica si se pretende olvidar los hechos del pasado. Los mártires son la corona de la Iglesia y testigos de la victoria de Cristo resucitado”.
Müller recordó que la fe exige perdón, pero no amnesia: “La Iglesia debe dar al mundo un ejemplo real de reconciliación, no perpetuar las divisiones ni las guerras ideológicas. El Estado debe retirarse del ámbito de la conciencia: el Estado no es Dios”.
Finalmente, el cardenal evocó el testimonio de quienes dieron la vida por Cristo durante las persecuciones del siglo XX: “Si confiesas a Cristo, puede que tengas que morir por Él, como los mártires de los primeros siglos. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres”.