A principios del año pasado en Palermo, una estudiante acudió a clase con un crucifijo invertido al cuello, emblema del satanismo y ofensa directa a la fe cristiana. El profesor de historia y filosofía que cuestionó a la joven por exhibir ese símbolo fue suspendido durante tres días y condenado al pago de tres mil euros tras perder su recurso en el Tribunal Laboral en julio de este año.
El satanismo no es religión, es un ataque al cristianismo
La Asociación Internacional de Exorcistas (AIE) —fundada por el reconocido exorcista, padre Gabriel Amorth— ha vuelto a advertir que el satanismo no puede considerarse una religión equiparable a las demás. Su esencia es la rebelión contra Dios, la profanación de los sacramentos y el odio a la Iglesia.
Permitir la ostentación de la cruz invertida en las aulas supone legitimar un acto de intolerancia contra los cristianos. La cruz invertida es uno de los emblemas más usados en el satanismo. No solo expresa oposición al cristianismo, sino su rechazo radical y su pretendida derrota. No se trata de libertad de conciencia, sino de una ofensiva espiritual que degrada a la persona y siembra desprecio por la vida desde su concepción.
Una estrategia para seducir a los niños
El episodio de Palermo no es un caso aislado. En 2019, en Estados Unidos, se publicó A Children’s Book of Demons, un libro dirigido a niños de entre 5 y 10 años en el que se invita a “evocar demonios” dibujando símbolos presentados como si fueran “números de teléfono” para contactar espíritus malignos.
Como ese libro, múltiples iniciativas en la música, el cine, la televisión y las redes sociales promueven la normalización del ocultismo y del culto al demonio, presentándolos como una opción atractiva para jóvenes y niños.
La trampa mortal del demonio
Los exorcistas alertan: el satanismo promete poder, conocimiento y libertad, pero es un engaño letal. Bajo la apariencia de “filosofía alternativa” o de supuesta emancipación, esconde odio a Cristo, desprecio por la persona humana y una cultura de muerte.
El cristiano está llamado a discernir, proteger a los más pequeños y no dejarse seducir por símbolos o corrientes que buscan normalizar lo que es, en realidad, una esclavitud al enemigo de Dios.
Fuente: Asociación Internacional de Exorcistas