A través de un comunicado, el Sodalicio de Vida Cristiana ha confirmado que ya es efectiva la disolución del movimiento.
Fue en enero de este año 2025 cuando InfoVaticana adelantó en exclusiva la decisión del Pontífice de acabar con este movimiento peruano fundado por el controvertido Luis Figari tras los informes entregados al Santo Padre por la ‘Misión especial’ conformada por el maltés Charles Scicluna y el español Jordi Bertomeu.
Este lunes, en el Vaticano, se ha firmado el decreto de la disolución del Sodalicio tal y como adelantó también InfoVaticana el pasado viernes. Por su interés, reproducimos íntegro el comunicado:
Informamos que el día de hoy, 14 de abril de 2025, el Superior General del Sodalicio, ha firmado el decreto de supresión de nuestra comunidad en la sede del Dicasterio para Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, en presencia de Sor Simona Brambilla, Prefecta del Dicasterio. Asimismo ha sido nombrado como Comisario Apostólico para las tareas relacionadas con la supresión del Sodalicio Mons. Jordi Bertomeu Farnós. Con dolor y obediencia aceptamos esta decisión aprobada de manera específica por el Papa Francisco que pone fin a nuestra sociedad.
Damos en primer lugar gracias a Dios por nuestra vocación, porque nos llamó sin mérito alguno a servir en la Iglesia. Atesoramos que gracias a su acción amorosa ha permitido que muchas personas de diversos países vivan con nosotros una experiencia común de fe auténtica, de fraternidad, de ardor apostólico que ha dado muchos frutos.
Nuestra mirada se dirige también a las víctimas, les reiteramos nuestro sincero pedido de perdón por los maltratos y abusos cometidos en nuestra comunidad. Pedimos perdón también a toda la Iglesia y a la sociedad por el dolor ocasionado. Confiamos en que los esfuerzos que hicimos en el proceso de reparación den frutos, y seguiremos ofreciendo nuestras oraciones para que el Señor pueda sanar las heridas que se han producido.
Queremos expresar nuestra gratitud a todos nuestros hermanos sodálites, laicos y clérigos, que han sido parte de la comunidad a lo largo de nuestra historia y que generosamente han dedicado años de su vida a colaborar con la misión apostólica de la Iglesia.
Gracias a los pastores que nos han acogido para trabajar apostólicamente en sus diócesis, especialmente agradecemos a los delegados pontificios, que nos han orientado y acompañado con mucha dedicación, caridad y sabiduría en nuestro proceso de renovación. A nuestras familias, amigos y a toda la familia espiritual presente en diversos países por su cercanía y su apoyo.
El Buen Señor tiene caminos misteriosos por los cuales siempre puede hacer nuevas todas las cosas. Con esperanza nos encomendamos a las oraciones de todos en estos momentos, para que, acompañados siempre de la intercesión de Santa María, sea para nosotros un tiempo privilegiado de conversión y de escuchar renovadamente la voz de Dios, siempre en comunión con el Santo Padre y nuestra Madre la Iglesia.