La reciente sentencia del Tribunal Constitucional de avalar la ley del aborto de Zapatero ha supuesto una reacción por parte de numerosos obispos españoles.
La entrada en el debate público de la cuestión del aborto ha empujado a que muchos obispos hayan alzado la voz sobre este tema. Si bien, hace unos días el obispo de Canarias, en calidad de presidente de la Subcomisión Episcopal Familia y Defensa de la Vida habló con claridad y contundencia sobre el aborto.
Monseñor Mazuelos afirmó que «es triste ver como un Tribunal Constitucional se ha apañado para avalar una ley injusta, ideológica y contra la ciencia que le quita la dignidad y la vida a ciertos seres humanos por su edad».
A las críticas de Mazuelos, se unieron García Magán, Osoro y Munilla. Ahora, durante estos últimos días, otros obispos han querido sumar su voz en esta dirección.
De Omella a Argüello: no al aborto
El presidente de la Conferencia, Juan José Omella, denunció en su cuenta de twitter el «día de incoherencia». «Protegemos la vida de los animales y olvidamos cuidar la vida del ser humano en sus momentos de máxima fragilidad. Oro para que el Señor ilumine las conciencias de los que han de tomar estas decisiones políticas y jurídicas», escribió el cardenal.
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz también ha querido manifestar públicamente su disconformidad. «La prisa por introducir leyes ideológicas q van contra la vida no nacida o terminal, contra la familia de hombre y mujer abierta a los hijos, contra la verdad antropológica, desnuda a sus fautores y se retratan en su batalla de odio contra el hombre y contra Dios. Pedirán perdón», dijo el franciscano.
El obispo de Lugo, Alfonso Carrasco, ha advertido que «estamos llamados a salvaguardar una conciencia moral lúcida para que se perciba con claridad lo inaceptable del aborto, y ello llegue a tener consecuencias en todos los ámbitos de la vida, incluidos los trabajos de nuestros representantes políticos».
Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona, afirmó que «por racionalidad, por humanidad, por sentido ético y moral, no es legítimo matar. No se puede incluir, como signo e identidad de la modernidad algo que siempre ha caracterizado la barbarie. Las generaciones futuras nos juzgarán como lo hacemos nosotros con los campos de exterminio del siglo XX», agregó monseñor Pérez González.
El obispo de Huesca, Julián Ruiz, ha dedicado su carta pastoral de este pasado domingo para denunciar que «las dificultades personales, familiares, económicas o sociales no hallan solución en el aborto. Los problemas de salud del niño no nacido tampoco deben inducir a ver en el aborto una opción justa». El también obispo de Jaca añade que «el aborto no es justo, ni es terapéutico, ni libera a la sociedad de un “peso” innecesario. El aborto no es un signo de progreso y de conquista de libertad».
Por su parte, el arzobispo de Valladolid y ex secretario general de los obispos españoles, monseñor Luis Argüello, ha denunciado que «primero fue evitar el aborto clandestino, luego despenalizarlo en tres supuestos, después el tercer supuesto se transforma en coladero. Sigue el terrible salto cualitativo de transformarlo en derecho. Ahora el progresismo lo promueve haciéndolo bandera de salud democrática».
Entrando más a fondo, Luis Argüello escribió en su cuenta de twitter que «la cuestión del aborto y del “giro” de Feijóo no es una cuestión de duros o blandos, de laicos o creyentes; ni es primordialmente guerra cultural, aunque lleve a ella. Es hacer de la defensa de la vida y de la ayuda a la familia clave ética y política de un proyecto de bien común».
Todas estas declaraciones de los prelados españoles, y la de algunos más, es lo que muchos católicos llevan años reclamando a la jerarquía eclesial: claridad y firmeza en la defensa de los principios no negociables.