El periodista británico Austen Ivereigh, único biógrafo autorizado del Papa hasta la fecha, da por hecho desde su cuenta de Twitter que la carta del Papa a James Martin sobre su comentario acerca de la homosexualidad tiene carácter magisterial.
Al menos, eso es lo que cualquiera deduciría de su tuit, en el que incluye el comentario en la misma red de James Martin, y que traduzco a continuación: “Así es como evoluciona la enseñanza de la iglesia (sic). La desdichada expresión “intrínsicamente desordenada”, fuente de tanto daño y malentendidos y abandonada de hecho hace tiempo, ha sido ya oficialmente descartada”.
Ivereigh, que actúa desde que escribió la biografía de Francisco como si fuese su único intérprete autorizado y al que podría aplicarse mejor que a nadie la expresión “más papista que el Papa”, se refiere aquí a la carta en la que Francisco se apresuró a tranquilizar al padre Martin sobre el sentido de sus palabras “la homosexualidad es un pecado, no un crimen”.
Es una curiosa forma de entender el “desarrollo de doctrina”, que no es más que una profundización y matización de doctrinas ya contenidas en la Revelación pero no suficientemente aclaradas o desarrolladas y que en ningún caso pueden contradecir a lo anterior.
Pero quizá más curioso sea el criterio de jerarquía de textos que expresa el biógrafo del Papa, por el que lo escrito en una carta privada puede anular lo expresado en el Catecismo de la Iglesia Católica. Resulta irónico que quienes se niegan a aceptar una clarísima encíclica como Humanae Vitae o la declaración solemne de San Juan Pablo II sobre la imposibilidad del sacerdocio femenino crean que se puede alterar la doctrina católica con un ambiguo y obsecuente mensaje en una carta privada.
Francisco se disculpa ante el padre James Martin por su comentario sobre la homosexualidad