José Manuel Vidal, es el director de Religión Digital, ese medio que vende como el «principal portal de información socio-religiosa en castellano del mundo», a pesar de que los números dicen lo contrario.
Así lo indican los últimos datos publicados del año 2021 y también de estos últimos meses del 2022. Religión Digital, aunque se autoproclaman como los más leídos, no están ni en el podio.
Pues bien, el excura José Manuel Vidal ha escrito en su medio un artículo sobre lo que él considera que son los retos de la Iglesia católica española para intentar recuperar en 2023. ¿Dios? ¿Oración? ¿Sacramentos? ¿Vida interior? No, nada de eso. Esas cuestiones no han de ser las prioridades de la Iglesia según Vidal.
Una Iglesia ecologista y feminista, quiere Vidal
Para José Manuel Vidal, lo que debe hacer la Iglesia es «subirse en estas fechas a la ola ecologista, de consumo responsable y de austeridad». El excura también pide «poner a disposición de la gente su enorme infraestructura: acoger refugiados y emigrantes, pero también a sin techo y necesitados de todo tipo».
Y como si de un partido político ultraizquierdista se tratase, el director de ‘Religión’ Digital, afirma que la Iglesia debe «subirse al carro de las grandes causas justas actuales. Por ejemplo, la del feminismo o la de la lucha contra la homofobia o la de la ecología. Y también la del aborto, pero no sólo».
Además de arremeter contra la Conferencia Episcopal, por ser ineficaces por no trabajar los fines de semana, y contra la COPE (aquí con razón pero no por lo que él piensa), también quiere que la Iglesia «acepte y bendiga la pluralidad de familias que existen hoy en la sociedad. Y tratarlas con el mismo respeto que a la familia tradicional».
Romper con la moral sexual
En esa misma línea, el ojito derecho y mimado de no pocos obispos, exige que la Iglesia «ofrezca a la gente y especialmente a los jóvenes una moral sexual que no se base en el pecado ni en el moralismo rancio y trasnochado. Por ejemplo, no culpabilizar a las parejas que utilizan métodos anticonceptivos artificiales o a los adolescentes que se masturban o a las parejas de novios que mantienen relaciones prematrimoniales, que también son expresión del amor que se profesan».
José Manuel Vidal reniega de la moral y doctrina de la Iglesia. Quizá, José Manuel, tu sitio esté fuera de la Iglesia católica, porque la Iglesia no va a cambiar a tu gusto. Si tienes problemas de conciencia allá tú.
Al director de Religión Digital no le importa Dios ni la misión fundamental de la Iglesia que es la salvación de las almas. ¿Has pensado, José Manuel, en montar un partido político? ¿O una ONG? O quizá… ¿Otra Iglesia? Piénsalo.
Cuando Vidal arremetía contra Benedicto XVI
A este infame artículo de Vidal, se le suma su poca simpatía por Ratzinger, quien durante todo este tiempo ha defendido con claridad la verdad y la sana doctrina. De ahí la desafección de Vidal por Benedicto XVI.
Así describía José Manuel Vidal al Papa Benedicto XVI el día después de que Ratzinger fuera elegido sucesor de Juan Pablo II. En un artículo publicado en abril de 2005, recién elegido papa el alemán Ratzinger, Vidal arremetía contra el hoy papa emérito acusándole de culpable de la «involución eclesial de las últimas décadas».
El exsacerdote José Manuel Vidal señalaba entonces a Ratzinger como el culpable de «destrozar la idea de una Iglesia más popular y fiel al Evangelio de los pobres».
Extractamos algunas de las ‘perlas’ del libelo de Vidal: En 1984, las condenas formales de la Teología de la Liberación realizadas por el cancerbero de la fe permitieron a la derecha católica dejar fuera de juego a toda una corriente innovadora en el campo pastoral, teológico, catequético y social, destrozando casi en el huevo la idea de una Iglesia más popular y más fiel al Evangelio de los pobres. Ratzinger impuso una rigidez doctrinal total a la vida intelectual de la Iglesia y una dinámica de control a ultranza de los teólogos. Y el miedo se instauró entre sus filas. Amonestados, perseguidos, vigilados, en una institución intelectualmente inhabitable, los pensadores de la Iglesia optaron por marcharse (Leonardo Boff), callarse (Gustavo Gutiérrez) o romper la baraja (Hans Küng). El culmen de la represión teológica se alcanza con la publicación del «Catecismo de la Iglesia católica» y, sobre todo, con la «Dominus Iesus», un documento de Ratzinger, en el que se atribuye en exclusiva a la Iglesia católica la posesión de la verdad y de la salvación. La vuelta del axioma tridentino de que «fuera de la Iglesia no hay salvación». Un documento tan desafortunado que hasta protestaron contra él varios cardenales. Más aún, Ratzinger silenció con medidas autoritarias todas las cuestiones teológicas debatidas: celibato de los curas, estatuto del teólogo, papel de los laicos, praxis penitencial, comunión para los divorciados, preservativo contra el sida o fecundación artificial. Impuso la tesis del romanocentrismo, descafeinó la colegialidad y el poder de las Conferencias Episcopales, reduciéndolas a meras sucursales de la Curia, y zanjó casi como dogmático el eventual acceso de la mujer al sacerdocio. En definitiva, Ratzinger desactivó el Concilio. Y eso que en época del Vaticano II (1962-1965), Ratzinger formaba parte del ala progresista de la Iglesia, aunque pronto se pasó al bando conservador. En el cónclave ha dirigido al partido de la Restauración, el del tradicionalismo legalista, junto a la ristra de movimientos neoconservadores (Opus Dei, Comunión y Liberación, Legionarios de Cristo…). El wojtylismo sin Wojtyla. A sus 78 años, el Panzerkardinal conserva el encanto de una gran personalidad. Otros, sin embargo, le dibujan como un Jano bifronte. A Ratzinger no le gusta el optimismo ni la fe en la bondad humana del Vaticano II. Le obsesiona el pecado y, como su compatriota Lutero, está «hipnotizado por el mal».
Y este señor y su medio son los predilectos de muchos obispos y cardenales españoles.