Las claves de la Carta Apostólica de Francisco «Desiderio Desideravi» sobre la formación litúrgica

Las claves de la Carta Apostólica de Francisco «Desiderio Desideravi» sobre la formación litúrgica
El Papa presidiendo la misa en la apertura del sínodo sobre la sinodalidad.

La Santa Sede publicó en el día de ayer la Carta Apostólica del Papa Francisco titulada «Desiderio Desideravi». En ella, el Pontífice aborda el problema de la necesidad de la formación en el campo litúrgico.

Francisco, siendo conocedor de las tensiones que provocó el Motu Proprio Traditionis Custodes, intenta en esta Carta Apostólica apaciguar los ánimos y volver a insistir en la unidad litúrgica. Todos los católicos de rito latino bajo un mismo misal, es la propuesta del Sucesor de Pedro.

Instrumentalización de la liturgia

Entrando a desgranar los puntos más importantes de la Carta Apostólica, en el número 16 el Santo Padre agradece al Concilio «el redescubrimiento de la comprensión teológica de la Liturgia y de su importancia en la vida de la Iglesia». Acto seguido afirma el Obispo de Roma que su intención con esta carta es «invitar a toda la Iglesia a redescubrir, custodiar y vivir la verdad y la fuerza de la celebración cristiana».

Es aquí donde el Papa advierte que «quisiera que la belleza de la celebración cristiana y de sus necesarias consecuencias en la vida de la Iglesia no se vieran desfiguradas por una comprensión superficial y reductiva de su valor o, peor aún, por su instrumentalización al servicio de alguna visión ideológica, sea cual sea», en clara alusión a las «guerras litúrgicas» que se viven en estos momentos dentro de la Iglesia.

Francisco también hace mención a «una tentación peligrosa para la vida de la Iglesia que es la “mundanidad espiritual” identificando el gnosticismo y el neopelagianismo como los dos modos vinculados entre sí, que la alimentan».

Cuidar la Liturgia

«Seamos claros: hay que cuidar todos los aspectos de la celebración (espacio, tiempo, gestos, palabras, objetos, vestiduras, cantos, música, …) y observar todas las rúbricas: esta atención sería suficiente para no robar a la asamblea lo que le corresponde, es decir, el misterio pascual celebrado en el modo ritual que la Iglesia establece», escribe Francisco. Sin duda, estas indicaciones del Papa bien podrían ser escuchadas por aquellos sacerdotes que «olvidan» el Misal para decir lo que les viene en gana.

El Santo Padre también arremete contra «la posmodernidad, en la que el hombre se siente aún más perdido, sin referencias de ningún tipo, desprovisto de valores, porque se han vuelto indiferentes, huérfano de todo, en una fragmentación en la que parece imposible un horizonte de sentido – sigue cargando con la pesada herencia que nos dejó la época anterior, hecha de individualismo y subjetivismo».

La no aceptación del Concilio que «sorprende» a Francisco

A mitad del documento, en el punto 31, el Papa Francisco afirma que «sería banal leer las tensiones, desgraciadamente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre diferentes sensibilidades sobre una forma ritual. La problemática es, ante todo, eclesiológica».

«No veo cómo se puede decir que se reconoce la validez del Concilio – aunque me sorprende un poco que un católico pueda presumir de no hacerlo – y no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium, que expresa la realidad de la Liturgia en íntima conexión con la visión de la Iglesia descrita admirablemente por la Lumen Gentium«, subraya Francisco y es el motivo por el cuál «sintió el deber» de promulgar Traditionis Custodes.

Formación en los seminarios

«La configuración del estudio de la Liturgia en los seminarios debe tener en cuenta también la extraordinaria capacidad que la celebración tiene en sí misma para ofrecer una visión orgánica del conocimiento teológico», sostiene el Papa.

Además, hace hincapié en que «una configuración litúrgico-sapiencial de la formación teológica en los seminarios tendría ciertamente efectos positivos, también en la acción pastoral».

En ese sentido, el Pontífice recomienda que los sacerdotes «además del estudio, deben ofrecer también la oportunidad de experimentar una celebración, no sólo ejemplar desde el punto de vista ritual, sino auténtica, vital, que permita vivir esa verdadera comunión con Dios, a la cual debe tender también el conocimiento teológico».

«El arte de celebrar»

El Santo Padre escribe que «un modo para custodiar y para crecer en la comprensión vital de los símbolos de la Liturgia es, ciertamente, cuidar el arte de celebrar». «El ars celebrandi no puede reducirse a la mera observancia de un aparato de rúbricas, ni tampoco puede pensarse en una fantasiosa – a veces salvaje – creatividad sin reglas», afirma el Papa Francisco. Una de cal y otra de arena.

Francisco vuelve a advertir sobre la celebración poco decorosa y, a veces casi inventada y advierte que «el arte de celebrar debe estar en sintonía con la acción del Espíritu. Sólo así se librará de los subjetivismos, que son el resultado de la prevalencia de las sensibilidades individuales, y de los culturalismos, que son incorporaciones sin criterio de elementos culturales, que nada tienen que ver con un correcto proceso de inculturación».

De igual modo, el Obispo de Roma incide en que «podríamos decir que existen diferentes modelos” a la hora de celebrar y aporta la que considera como «una posible lista de actitudes que, aunque opuestas, caracterizan a la presidencia de forma ciertamente inadecuada: rigidez austera o creatividad exagerada; misticismo espiritualizador o funcionalismo práctico; prisa precipitada o lentitud acentuada; descuido desaliñado o refinamiento excesivo; afabilidad sobreabundante o impasibilidad hierática».

«Creo que la inadecuación de estos modelos tiene una raíz común: un exagerado personalismo en el estilo celebrativo que, en ocasiones, expresa una mal disimulada manía de protagonismo. Esto suele ser más evidente cuando nuestras celebraciones se difunden en red, cosa que no siempre es oportuno y sobre la que deberíamos reflexionar», mantiene el Pontífice.

Conclusión

Para concluir esta Carta Apostólica, el Papa Francisco insiste en que «simplemente he querido ofrecer algunas reflexiones que ciertamente no agotan el inmenso tesoro de la celebración de los santos misterios».

Para hacer valer lo acordado en el Concilio, que parece ser uno de los ejes del pontificado de Francisco, afirma que «no podemos volver a esa forma ritual que los Padres Conciliares, cum Petro y sub Petro, sintieron la necesidad de reformar, aprobando, bajo la guía del Espíritu y según su conciencia de pastores, los principios de los que nació la reforma. Los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, al aprobar los libros litúrgicos reformados ex decreto Sacrosancti Œcumenici Concilii Vaticani II, garantizaron la fidelidad de la reforma al Concilio. Por eso, escribí Traditionis custodes, para que la Iglesia pueda elevar, en la variedad de lenguas, una única e idéntica oración capaz de expresar su unidad. Esta unidad que, como ya he escrito, pretendo ver restablecida en toda la Iglesia de Rito Romano».

Por último, el Papa Francisco concluye haciendo un llamamiento a «abandonar las polémicas para escuchar juntos lo que el Espíritu dice a la Iglesia, mantengamos la comunión, sigamos asombrándonos por la belleza de la Liturgia».

Parece que con esta Carta Apostólica el Santo Padre persiste en su idea de unificar al pueblo de Dios bajo una misma forma litúrgica. A pesar de todo, por ahora las únicas restricciones y prohibiciones que llegan de Roma van dirigidas a borrar a aquellos que prefieren los ritos tradicionales. En cambio, quienes se empeñan en desacralizar la Santa Misa y hacer de este sacramento un evento social o ideológico, no reciben correcciones de la Curia romana.

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