El obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández, tajante: «¿Sacerdocio femenino? Imposible»

Demetrio Fernández, obispo de Córdoba
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«En el Sínodo cabemos todos, claro. Pero no caben propuestas que se salen de la comunión en una misma fe y que responden a ideologías de moda», afirma Monseñor Demetrio Fernández.

Por primera vez, desde que empezaron a publicarse las síntesis sinodales en las diócesis españolas, sale un obispo para decir que hay propuestas que están fuera de lugar. Quien ha levantado la voz para poner las cosas en su sitio ha sido Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

Os ofrecemos la carta completa publicada por el obispo:

«¿Sacerdocio femenino? Imposible»

Hemos respirado la armonía de la comunión de los fieles con los pastores, de los fieles entre sí provenientes de distintos grupos y sensibilidades. Jóvenes y adultos, religiosos y laicos, sacerdotes con el obispo. Bendito proceso sinodal que nos ha hecho percibir la belleza de la Iglesia, la Esposa del Señor. Qué bonita es la Iglesia.

En este domingo celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que se nos ha revelado para acoger el misterio de Dios y entrar en su intimidad, a cuya imagen se va construyendo la Iglesia en sus distintos niveles. Un proceso que dura toda nuestra vida y que se prolonga en la historia hasta su consumación en el cielo.

Sin embargo, no han faltado voces disonantes en algunas diócesis de España y en otros lugares no tan lejanos. Voces que atentan contra la comunión eclesial, porque vienen a hacer propuestas que traspasan las líneas de esa comunión eclesial. Me refiero sobre todo a varias propuestas disonantes con la doctrina y la moral católica, y especialmente a la propuesta del sacerdocio femenino, como si la Iglesia tuviera que ponerse al día en esta reivindicación al socaire del feminismo reinante. A ver si de tanto proponerlo, se va creando la conciencia de esta reclamación de una supuesta igualdad y los pastores ceden concediendo esta reclamación.

No es nuevo. Estos aires corrían ya hace más de treinta años, y el Papa Juan Pablo II zanjó  la cuestión con su autoridad apostólica, aportando las razones que  señala en su Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis (1994). En el n. 4 nos dice: “Con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”. Vale la pena leer esta Carta del 22 de mayo de 1994, en la fiesta de Pentecostés de ese año.

No se trata de una cuestión simplemente disciplinar, sino de un asunto que afecta a la misma constitución divina de la Iglesia, y sobre la que el Papa ha hablado, elevando la doctrina a rango de definitiva, es decir, irreformable. La autoridad del Sucesor de Pedro puesta al servicio de la fe del Pueblo santo de Dios ha dejado zanjada la cuestión. Por eso, cuando al hilo de las propuestas sinodales, vuelven a oírse en distintos lugares –no en Córdoba- propuestas que traspasan la línea de la unidad de la fe, deben saltarnos las alarmas del sensus fidei. A eso no jugamos.

En el Sínodo cabemos todos, claro. Pero no caben propuestas que se salen de la comunión en una misma fe y que responden a ideologías de moda. Porque entonces habríamos convertido el Sínodo en juego peligroso de propuestas que no brotan de la fe de la Iglesia y que rompen la comunión eclesial. Eso ya no es el Sínodo al que el Papa nos ha convocado, eso es aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para infiltrar asuntos inadmisibles. Eso sería aprovechar la preciosa ocasión que se nos brinda para salirse del tiesto. Y con la fe de la Iglesia no se juega.

Que la fiesta de la Santísima Trinidad nos ayude a profundizar en esa plena comunión eclesial que tiene sus raíces en este gran misterio.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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Comentarios
21 comentarios en “El obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández, tajante: «¿Sacerdocio femenino? Imposible»
  1. Bravo por Don Demetrio. Un Obispo que hace lo que tiene que hacer un Obispo: aclarar, cuando hay confusión y dudas, lo que pertenece o no pertenece a la fe de la Iglesia. La pena es que esto mismo deberían haber hecho los Obispos en cuyas diócesis, delante de sus narices, se han leído como propuestas sinodales la ordenación de mujeres (vease, por ejemplo, Barcelona). No vale decir que son simples propuestas (como ha hecho Omella). Si tú, pastor de la Iglesia, ves que los fieles proponen cosas que rompen la comunión eclesial, es tu deber aclararles e informarles que eso no es posible, como ha hecho Don Demetrio. No puedes dejarlo pasar. Hasta el Papa Francisco, cuando en un encuentro con la Unión Internacional de Superioras Generales de órdenes y congregaciones religiosas (10 de Mayo de 2019) una monja sacó el tema el Papa dijo que tal cosa no iba, porque no podemos caminar fuera de la Revelación. Y añadió: «Somos católicos, pero si alguna de ustedes quiere fundar otra iglesia, es libre

  2. Eso de zanjar cuestiones con la autoridad apostólica sirve para toda la doctrina, no para unas cosas sí y para otras no. Si no, es fariseismo.
    Ahora voy a hacer las diabólicas pregunta que tanto gustan para justificar abolir otras doctrinas ilegalmente: ¿el no sacerdocio femenino es dogma de fe?¿Algún Canon de concilio dogmático lo condena con anatema de excomunión?
    Respuesta: no.
    ¿Entonces se puede cambiar la doctrina?.
    ¿Por qué cambian la doctrina para otras cosas entonces?
    Credibilidad cero.

    1. El argumento de la autoridad apostólica para zanjar cuestiones es por tanto una retorcida falacia de autoridad, puesto que se usa para lo que les conviene. Cuando no les conviene, se callan y tragan.

      1. Y sigo, porque siempre es el mismo problema: que no asociais ideas conexas y las veis inconexas.
        ¿Con cuál autoridad apostólica Pablo VI zanjó la doctrina liturgica e impuso una misa protestante prohibiendo la misa que ya era la definitiva?
        Pues con ninguna.
        Entonces qué más dará curesas o no curesas si la misa ya no es la católica.

          1. Es que se merecen que los progres se salgan con la suya e impongan una nueva falsa obediencia con amenaza de excomunion.
            Entonces, sería como el llanto de Boabdil.

          2. Que llamen al sacerdocio femenino «sacerdocio ordinario» y al masculino «sacerdocio extraordinario». A ver quién traga.

          3. No tienes por qué opinar. Estás fuera de la Iglesia. Tienes la misma capacidad de opinión sobre los católicos que los ortodoxos

          4. AJ. El vaticano II me otorga libertad religiosa y de conciencia para opinar y para profesar lo que quiera porque según dice, fuera de la iglesia hay muchos caminos de salvacion, santidad y Gracia. No deberias ver ningun problema, es tu nueva fe, no la mía.
            La mia es la de siempre.

    2. «Ahora voy a hacer las diabólicas pregunta que tanto gustan para justificar abolir otras doctrinas ilegalmente: ¿el no sacerdocio femenino es dogma de fe?»
      ——–
      Entiendo hacia donde apuntas y comparto tus conclusiones aunque lamentablemente debo decirte que la premisa de la que partes no se sostiene. El «no» sacerdocio femenino ha sido definido primero por las Escrituras y segundo a través del Magisterio Extraordinario (y por ende infalible) de JPII.

      Veamos primero las Escrituras:

      «Las mujeres guarden silencio en las asambleas; porque no les compete hablar, sino estar sujetas, como también lo dice la Ley. Y si desean aprender algo, pregunten a sus maridos en casa; porque es cosa indecorosa para la mujer hablar en asamblea». (1 Cor 14:34-35)

      «Enseñar no le permito a la mujer, ni que domine al marido, sino que permanezca en silencio». (1 Tim 2:12)

      1. Monseñor Straubinger, en su Biblia, en su comentario a este último pasaje, dice lo siguiente:

        “En la primitiva Iglesia era permitido a cada uno de los fieles que se sintiera impulsado a ello, dirigir la palabra a la asamblea congregada para asistir a los divinos oficios. También se les permitía orar en voz alta (1 Co. 14, 26 ss.). Las mujeres reclamaban para sí igual derecho (1 Co. 11, 1 s.); pero S. Pablo se lo rehúsa (1 Co. 14, 34 s.)”. La prohibición aquí dada se refiere en primer lugar a la predicación. Por eso, la Iglesia jamás permitió que mujeres tomasen la palabra desde la cátedra. Esto no excluye que privadamente puedan instruir a otros en el Evangelio, como vemos en el hermoso caso de Priscila (Hch. 18, 26 y nota) y en las catequistas de hoy.

        Veamos ahora el Magisterio Extraordinario de la Iglesia a través de la Carta Apostólica «Ordenatio Sacerdotalis»:

      2. «Si bien la doctrina sobre la ordenación sacerdotal, reservada sólo a los hombres, sea conservada por la Tradición constante y universal de la Iglesia, y sea enseñada firmemente por el Magisterio en los documentos más recientes, no obstante, en nuestro tiempo y en diversos lugares se la considera discutible, o incluso se atribuye un valor meramente disciplinar a la decisión de la Iglesia de no admitir a las mujeres a tal ordenación.

        Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia».

      3. Respecto a este pronunciamiento del Papa JPII, que también es citada en el ar´ticulo, La Congregación para la Doctrina de la Fe, en respuesta a una duda sobre la enseñanza de la Ordinatio sacerdotalis, ha confirmado que se trata de una verdad que pertenece al depósito de la fe:

        Exactamente la dubia planteada y la respuesta a la misma dada por la Congregación es la siguiente:

      4. Pregunta: Si la doctrina que debe mantenerse de manera definitiva, según la cual la Iglesia no tiene facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres propuesta en la Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis, SE HA DE ENTENDER COMO PERTENECIENTE AL DEPÓSITO DE LA FE.

        Respuesta: Sí.

        ESTA DOCTRINA EXIGE UN ASENTIMIENTO DEFINITIVO, PUESTO QUE, BASADA EN LA PALABRA DE DIOS ESCRITA Y CONSTANTEMENTE CONSERVADA Y APLICADA EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA DESDE EL PRINCIPIO, HA SIDO PROPUESTA INFALIBLEMENTE POR EL MAGISTERIO ORDINARIO Y UNIVERSAL (CF. LUMEN GENTIUM, 25,2). Por consiguiente, en las presentes circunstancias, el Sumo Pontífice, al ejercer su ministerio de confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,32), ha propuesto la misma doctrina con una declaración formal, afirmando explícitamente lo que siempre, en todas partes y por todos los fieles se debe mantener, en cuanto perteneciente al depósito de la fe.

      5. Demás está decir que concuerdo contigo, que no se puede cambiar la doctrina. Con todo, Paulo VI tenía autoridad para establecer un rito nuevo, LO QUE NO TENÍA ERA AUTORIDAD PARA PROHIBIR LA MISA TRIDENTINA (NADIE LA TIENE, porque es de Tradición Apostólica y por si quedaba duda, la Quo Primun Tempore la declaró inderogable). Si bien en lo particular considero a la Misa Tridentina como «la misa», no puedo pronunciarme en contra del Novus Ordo por la sencilla razón de los milagros eucarísticos ocurridos con esa misa (precisamente en Argentina, en mayo de 1992, en la parroquia de Santa María, en Almagro, Buenos Aires se produjo uno espectacular, especialmente por los análisis realizados por el Dr. Gomez Castañon, que de ateo que era, se convirtió al catolicismo a consecuencia de los estudios que realizó -hay videos en youtube). Sí me parecen aborrecibles todas las desviaciones del Novus Ordo. Todavía tenemos Consagración válida, ahora no sé cuanto más durará.

        1. Trento condena expresamente despreciar o sustituir los ritos tradicionales por otros ritos de «Ordo nuevo» en un Canon dogmático y definitivo.
          Auctorem Fidei condena la misa inventada en el conciliábulo de Pistoya por tener los mismos cambios que luego tuvo el Novus Ordo.
          No vale hablar de autoridad pontificia de un Papa reciente cuando se vulnera oficialmente la autoridad de papas más antiguos. Si la autoridad de San Pío V es papel mojado, la de Juan Pablo también lo puede ser. A eso van.

          1. Si el Novus Ordo fuera inválido, entonces ¿cómo fueron posibles los milagros eucarísticos que se dieron? Es Cristo mismo el que dice que allí todavía está presente. Si negamos eso, estaremos como aquellos que viendo que el Señor le había devuelto la vista a un c i e g o de nacimiento, decían que no era de Dios porque había curado en sábado.

          2. Una cosa es hacer un rito nuevo y otra cosa p r o h i b i r la misa tridentina. Lo primero lo puede hacer un Papá, lo segundo NO. Una cosa es celebrar un rito nuevo (posible) y otra el querer imponerlo dificultando y/o imposibilitando el anterior (que no se puede). Confundes ambas cosas. Si el Novus Ordo coexistiera con el Vetus Ordo y los fieles no tuvieran obstáculo en optar por uno u otro, ningún canon sería incumplido.

            Claro que sí desoyeron a Pío V pueden desoir a JPII, estamos en la apostasía predicha por San Pablo. Pero los que están firmes en la fe no van a caer sino aquellos que solo son católicos de la boca para afuera.

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