San Pedro Damián, azote de la infiltración LGTBI en la Iglesia

San Pedro Damián, azote de la infiltración LGTBI en la Iglesia

La Iglesia celebra hoy a un santo incómodo, un hombre que denunció con firmeza la infiltración en el clero de su tiempo de las conductas homosexuales.

Hoy se celebra la fiesta de un santo incómodo, San Pedro Damián, autor del Liber Gomorrhianus, donde denuncia la infiltración en el clero de su tiempo de las conductas homosexuales. Dudo que en nuestra época hubiera sido elevado a los altares.

“Ha arraigado entre nosotros cierto vicio sumamente asqueroso y repugnante”, escribía a mediados sel S. XI Pedro Damián en su Liber Gomorrhianus . “Si no se lo extirpa cuanto antes con mano dura, está claro que la espada de la cólera divina asestará sus golpes, de un momento a otro, para la perdición de muchos (…). El pecado contra natura repta como un cangrejo hasta alcanzar a los sacerdotes. Y, en ocasiones, como una bestia cruel introducida en el rebaño de Cristo, se desenvuelve con tanta astucia, que más les valdría, a muchísimos, ser apresados por los guardias que, amparados en su estado religioso, ser arrojados con tanta facilidad al férreo yugo de la tiranía del diablo, especialmente cuando media escándalo de tantas personas (…).Y, a no ser que la Santa Sede intervenga cuanto antes con contundencia, cuando queramos poner freno a esta lujuria desenfrenada, ya no habrá quien la detenga”.

Nada nuevo bajo el sol. San Pedro Damián vivió en una era en la que la Iglesia estaba herida con una plaga similar a la que sufrimos ahora, pero con la crucial diferencia de que entonces se puso nombre al problema y se encaró sin subterfugios ni, menos aún, propuestas para cambiar la doctrina moral inalterable de nuestra fe. El propio santo proponía medidas concretas para atajar el problema:

Un clérigo o un monje que moleste a los adolescentes o a los jóvenes, o que haya sido sorprendido besándolos o en algún otro comportamiento vergonzoso, sea flagelado públicamente y pierda la tonsura. Después de dejarlo calvo, sea cubierto de escupitajos e inmovilizado con cadenas de fierro, sea dejado en la angustia de la cárcel durante seis meses. Durante el tiempo de vísperas, tres veces por semana coma pan de cebada. Luego, por otros seis meses, bajo la custodia de un padre espiritual, viva segregado en un lugar pequeño, se le ocupe en labores manuales y oraciones. Sométaselo a ayunos y camine siempre vigilado por dos hermanos espirituales, sin permitirse hablar de cosas perversas. No se le permita frecuentas a personas más jóvenes que él. Este sodomita valore profundamente si ha administrado bien sus oficios eclesiásticos, ya que la autoridad sagrada juzga estos ultrajes tan ignominiosos y vergonzosos. Tampoco se deje tentar para que no tenga sexo anal con nadie, ni tampoco entre los muslos, ya que […] será sometido –y justamente– a todas las angustias provocadas por tal comportamiento vergonzoso”.

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