Mientras el Vaticano redobla sus exhortaciones para que nos inoculemos una terapia génica experimental que no detiene la transmisión, el Arzobispo de Canterbury Justin Welby, primado de la Iglesia de Inglaterra, llama “inmorales” a los renuentes y sugiere que Jesús ya se hubiera puesto la vacuna.
Cuando creas una ‘iglesia’ para satisfacer los caprichos de un rey adúltero y despótico pasan estas cosas, que acabas siendo la voz del poder en cualquiera de sus distintas manifestaciones a lo largo de las épocas. En esta, el sacramento civil más alto es la vacuna contra el covid, ese ‘acto de amor’, así que el primado inglés ha cargado contra los ímprobos que mantienen reparos ante la vacuna -quizá recelosos de ver cómo no impide la transmisión ni la propia enfermedad, o alarmados ante la perspectiva de una cuarta y quinta dosis-, tachándolos de inmorales.
Preguntado por ITV News si vacunarse es una “cuestión moral”, el arzobispo señaló: “Voy a arriesgar aquí y decir que sí, creo que lo es”.
“A mucha gente no le gustará, pero creo que no es algo que tenga que ver conmigo y mis derechos”. Es amor, ya saben ustedes.
“Evidentemente, hay algunos que, por razones sanitarias, no pueden vacunarse, esa es una cuestión diferente. Pero no se trata de mí y de mi derecho a elegir. Se trata de cómo amo a mi prójimo”.
Ojalá tener una fe así en la bondad humana; apostaría mi brazo que la mayoría de los vacunados no se han sometido a la vacunación por amor a su vecino, exactamente. Pero el prelado sigue: “La vacunación reduce mis posibilidades -no las elimina, las reduce- de infectar a otros. Es muy sencillo”.
Si fuera tan sencillo, doctor Welby, las empresas farmacéuticas no tendrían que soportar pruebas largas, complejas, inciertas y costosísimas para demostrar que sus productos son seguros. Nadie haría algo así voluntariamente, ni la ley lo impondría por capricho. “Experimental” es la palabra que falta en todos estos píos consejos.
Welby, que insinuó en la entrevista que el mismo Cristo se vacunaría porque amaba a los demás, concluyó: “Así que diría que sí; para amarnos unos a otros, como dijo Jesús, vacunáos, inoculáos el refuerzo”.
Si no puedes confiar en los mandatos del Príncipe, ¿en quién vas a poner tu fe?