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¿La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos?

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Es lo que ha dicho el Santo Padre en su videomensaje a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura pero, no siendo una declaración magisterial ex cathedra, propongo aquí respetuosamente mis dudas.

Que la práctica religiosa ha caído significativamente entre los sedicentes católicos tras año y pìco de pandemia oficial es una cuestión de números, algo medible, no opinable. No lo es, en cambio, si la causa ha sido la pandemia en sí misma o, más bien, las medidas tiránicas y sin precedentes que han adoptado nuestras autoridades y, muy especialmente, la actitud de nuestros pastores en esta emergencia.

Su Santidad parece un firme defensor de lo primero. Todas las veces en las que ha hablado de la cuestión, y no han sido pocas, siempre ha atribuido directamente todos los grandes cambios a la expansión del virus, a la realidad sanitaria, sin insinuar una sola vez, más bien al contrario, que la respuesta de autoridades civiles y religiosas pueda haber sido la verdadera causa.

Pero esto choca frontalmente no solo con lo que sabemos o creíamos saber del ser humano, sino con la propia experiencia histórica. Históricamente, las pestes que han azotado a la humanidad han servido más bien para recordar a los hombres que son mortales y les han urgido a un reencuentro con la transcendencia. Basta recordar que la segunda parte de una de las oraciones más comunes del católico, el Avemaría, se compuso con motivo de la Peste Negra medieval, cuando Europa perdió, según cálculos de los historiadores, entre una cuarta parte y un tercio de su población.

Por tanto, lo racional es preguntarnos qué ha sido distinto esta vez para que la reacción haya sido un enfriamiento paradójico de la práctica religiosa. Y la dolorosa respuesta es: la actitud de la Iglesia, de los pastores.

Muchos historiadores y no pocos santos contemporáneos, por ejemplo, achacan a la actitud de la Iglesia naciente y aún ilícita durante la terrible Peste Antonina la primera gran oleada de conversiones masivas de paganos. La razón es que, como narra el contemporáneo San Dionisio de Alejandría, “La mayoría de nuestros hermanos cristianos mostraron un amor y una lealtad sin límites, sin escatimarse y pensando solo en los demás. Sin temer el peligro, se hicieron cargo de los enfermos, atendiendo a todas sus necesidades y sirviéndolos en Cristo, y con ellos partieron de esta vida serenamente felices, porque se vieron infectados por otros de la enfermedad (…) Los mejores de nuestros hermanos perdieron la vida de esta manera. Un cierto número de presbíteros, diáconos y laicos llegaron a la conclusión de que la muerte de esta manera, como resultado de una gran piedad y de una fe fuerte, parece en todo similar al martirio”.

Esa caridad que despreciaba el peligro contrastaba con fuerza con el terror egoísta con que actuaban los paganos que, “desde el mismo inicio de la enfermedad, echaron a los que sufrían de entre ellos y huyeron de sus seres más queridos, arrojándolos a los caminos antes de que fallecieran y trataron los cuerpos insepultos como basura, esperando así evitar la extensión y el contagio de la fatal enfermedad; pero haciendo lo que podían siguieron encontrando difícil escapar”.

En esta pandemia -afortunadamente, en nada comparable a esas pestes espantosas- hemos visto una respuesta marcadamente diferente, obviando honrosos casos personales. La jerarquía eclesiástica no solo se ha plegado en todo a las instrucciones arbitrarias y desmedidas de protección, sino que en ocasiones ha ido aún más lejos en la cautela.

Francisco: «La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos»

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28 comentarios en “¿La pandemia ha puesto en crisis la práctica religiosa y la participación en los sacramentos?
  1. Iglesia en salida pero, cuando de verdad hace falta, por primera vez en la historia, niegan los sacramentos a los fieles y el viático a los moribundos. Eso demuestra su falta de fe… No hay más. La pandemia ha mostrado todas las vergüenzas en todos los niveles, también en el eclesiático. Ya sabemos de qué van. Por cierto, ¿soy el único que ve una relación entre la Pachamama y las desgracias posteriores? Porque vamos, fue meter el ídolo en San Pedro y desatarse todos los males. Hay exorcistas que dicen que después de aquello cuesta mucho más echar a los espíritus malignos. Que Dios nos asista

    1. AJ casi todos pensamos que meter el ídolo dia–bólico en el Templo de Dios ha traído la des-Gracia.
      La Biblia está plagada de historias semejantes: adoración a ídolo pagano = castigo venido del cielo.
      Por eso yo enseguida hice una declaración ante el Señor, algo como: «Dios mío, yo no quiero tener nada que ver con esta abominación»
      De momento, la plandemia no ha entrado en mi casa.
      Hasta mi marido, no creyente, vio un grave agravio en aquellos actos.

    2. Cuando ví aquel acto abominable sentí inmediatamente una sensación extraña en todo el cuerpo, comencé a temblar y tuve miedo; supe en ese momento que Dios iba a permitir un justo castigo ( por la impiedad y la idolatría). De Dios nadie se burla. Nuestro Señor es el Señor de la historia. A Él sea la gloria por siempre. Amén.

  2. El análisis bergo liante es de muy cortos vuelos. Le cuesta reconocer que las primaveras que nos iba a traer la aplicación decidida y entusiasta del CVII son auténticos inviernos. Los ¿frutos? más evidentes son seminarios vacíos, iglesia vacías, bautismos a la baja, matrimonios canónicos en vías de extinción, natalidad ¿católica? muy similar a la pagana, congregaciones religiosas sin vocaciones y con pérdidas numéricas alarmantes, los movimientos, que parecían la solución a la crisis, han entrado ellos también en una crisis monumental. Hasta el Opus Dei, todo una fortaleza, se está viniendo abajo como un castillo de naipes. Únicamente los católicos de siempre son los que resisten la desbandada y gozan de vocaciones, pero hay que acabar con ellos, en especial por medio del ataque despiadado contra la Misa católica, la renovación del sacrificio del calvario. Quieren morir matando.

    1. Por cierto, la pandemia o plandemia que estamos padeciendo ha provocado, en todo el mundo, 5 millones de muertes en dos años, lo que supone una muerte por cada mil quinientos habitantes, cifra algo superior a las muertes anuales por accidentes de tráfico, sin que por ello se nos prohiba conducir, y nada comparable a las pestes antiguas, que provocaron la muerte cada una de un cuarto o un tercio de la población.

      1. Y eso suponiendovque esas cifras sean verdaderas – en 2020 no hubo ni un solo fallecido por gripe o neumonía, TODOS se contabilizaron como Covid

  3. Me parece a mí que tal cosa ya viene de antes, de las nefastas consecuencias de aquel famoso concilio pastoral, el único que consideran que es definitivo pero sin serlo. Pues son los dogmáticos los que son definitivos.
    Aquí lo que se ve que les importa es la ausencia de cepillo. Que vergüenza.

  4. Iglesia en salida, y te dan con la puerta en las narices cuando los necesitas. Es trágico y cómico a la vez.
    Y luego nuestros obispos se reúnen para pedir públicamente perdón por sus incoherencias, y lloriquear que no estan a la altura… para después seguir igual.

    Pues que se vayan por cobardes e inútiles. Si dimitió BXVI con más razon ellos.

  5. Las autoridades eclesiásticas se han plegado en su mayoría a las civiles, han ido más lejos que ellas en su mayoría… y han censurado a quien opinaba distinto sobre este tema prudencial (recuérdese las cosas que se dijeron sobre el vídeo de aquellos chavales) y no han faltado prelados, como el que aquí me toca, que, como desesperados por la vida presente, se colaron en el orden de vacunación… haciendo como que no se colaban, en un alarde de hipo cresía.
    ¡Y le echan la culpa al bicho! El bicho no puede tener culpa. La culpa es cosa de hombres. Cuando los hay. ¿Ha oído alguien entonar a alguien del clero entonar un mea culpa por cómo procedieron?
    Pues eso, que a pulso.

  6. San Gregorio Magno organizó misas y procesiones contra la peste, y lo mismo hizo San Carlos Borromeo. En cambio Francisco y sus obispos seguidores han hecho justo lo contrario, cerrar iglesias y prohibir sacramentos. Ellos son los culpables del enfriamiento religioso, y no la epidemia.

  7. Los paganos, como dice, hacían ésas cosas terribles.
    Ahora cuántos no habrán enfermado de remordimiento por pensar en sus seres queridos morir como leprosos en una cueva llamada hospital,, sin permiso de verlos siquiera.
    Ellos ahora saben que fue un truco,,un plan demoníaco.
    Dijeron que iba a ser una cuarentena,,, pero les faltó decir, que de años.
    En los templos, ¡a la fecha¡ siguen separando las bancas, tienen la hincadera amarrada a la banca, no sea que en un arranque de respeto y amor a Dios, les dé por hincarse. En el atrio , » casi» te fumigan, y sigue la toma de temperatura,,el gel, el cubrebocas, la «sana distancia».
    Y los sacerdotes, como son soldados que llevan una disciplina,, a obedecer.
    Que hermoso es tener la certeza de la existencia de Dios, Nuestro Señor,,,Él ve todo lo que ocurre, y Él, en su momento pondrá ése tan, tan añorado órden.

  8. la plandemia le vino al pelo para ocultar la cada vez más menguante asistencia de público a sus actos.
    Y aprovechando, se apresuró a cerrar todo lo católico que estaba en sus manos.
    Por lo dem´ás, esas declraciones son la tipica táctica retórica de este bombero pirómano.

    Necesita mucho de nuestras oraciones

  9. Año 2017: 95% de los asistentes a misa mayores de 65 años.
    Año 2018:95% de los asistentes a misa mayores de 65 años.
    Año 2019: lo mismo.
    Año 2020: pandemia
    Año 2021:. Sigue habiendo mayoría de 65 años que asisten a misa. Menos fieles seguramente ya que la pandemia se llevó a muchos ancianos

    La crisis no es x la pandemia es xrq no evangelizan las parroquias ni dejan evangelizar tampoco. Por eso la gente joven no va casi a misa porque no se les sabe llevar el evangelio.
    Algunos creen que haciendo un evangelio atrayente, mundano van a conseguir jóvenes, sin darse cuenta el joven busca lo diferente lo radical!!!
    Sin embargo no más pregunté cuantos acuden a yoga, Reiki ,mindfullness o zen, seguramente 1 de cada 2 jóvenes…..pero la Iglesia tampoco evangeliza sobre esto

    Y así como van a convertirlos????

  10. Una cosa es lo que se dice, y la otra es lo que se hace por eso el Señor Jesús, dice: «Por sus frutos los conoceréis». Se ve un lenguaje ambiguo, confuso, a veces algunas palabras acertadas, pero los los actos muestran las verdaderas intenciones que brotan del corazón. Esto recuerda el Pecado Original, el otro tiene la culpa yo no, los otros son los malos.

  11. Pues ha tenido suerte la Iglesia que gracias a la pandemia se han dado cuenta de la realidad. Desde antes incluso ya estaba en crisis. Sólo hace falta ver la edad media de los fieles que asisten a misa. Que no ha variado mucho a lo largo de los años. Casi todo personas mayores. Y la edad media de los sacerdotes parecido. Desde hace un tiempo se situa por encima 65 años.

    Casas de religiosos que se cierran cada dos por tres, menos misioneros y con edad más avanzada y de matrimonios por la Iglesia ni hablamos.

    Si no llega a ser por la pandemia ni si hubiesen planteado la situación de la Iglesia.

    Ahora la Iglesia tiene mucho trabajo que hacer en todos los frentes abiertos.

    Pastoral vocacional, evangelización, atención de los fieles etcétera.

    Esperemos que no se sigan centrando en la ecología y el medio ambiente para centrarse en lo verdaderamente importante poner en el centro a Jesucristo. Porque si no esto no lo arregla nadie.

  12. Hipocresía jesuitica.

    No es decir una cosa y hacer la contraria. Es decir una cosa PARA hacer la contraria.

    «La Pandemia ha causado…..»: NO, LO QUE HA CAUSADO HA SIDO LA INSTRUCCIÓN DE CERRAR IGLESIAS. Que en la inmensa mayoria de los casos se ha dado superando, con MUCHO MUCHO las limitaciones impuestas por las autoridades.

  13. La pandemia lo que ha puesto de relieve es a los liberticidas enemigos de la Verdad: A los enemigos de Cristo. A la anti-iglesia y al falso profeta.

  14. Ya todo lo han comentado.
    Yo me quedo con la imagen del Cristo volador que reemplazó seguramente a Nuestro Señor crucificado, porque si de algo huye esta iglesia, es de la cruz.

    1. Ja, ja…. muy bueno. A mí también me ha llamado la atención «el cristo volador».

      En Majadahonda (Madrid) vi una iglesia parecida hace poco. No hay retablos, solo el Cristo que preside. Símbolos de sobrenaturalidad, ninguno. Es un tío musculoso con un trapito en aquella parte, que parece recien salido de una sauna y que te quiere dar un abrazo para que «lo acompañes». Lo ves y dan ganas de salir corriendo.
      Y la Virgen, con una melena rizada suelta y pecho generoso, salida de un cuadro de Pedro Romero.
      ¿Reclinatorios? Ni hablar, no vaya alguno a ponerse de rodillas en la consagración.
      ¿Cruces? Una pequeñita si la buscas, nueva y fea, como todo.
      ¿Confesionarios? No preguntes.
      ¿Aquitectura? Una asamblea de la ONU, para hablar de la agenda 2030.
      ¿El altar? Pegadito, pegadito a los escalones, no sea que el cura se despiste y celebre ad orientem.
      Vamos, una joya, premio al feísmo posconciliar.

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