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El Papa y las uniones civiles

Papa Francisco uniones homosexuales
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(The Catholic Thing/ P. Gerald E. Murray)- En el transcurso de la rueda de prensa posterior a su viaje apostólico a Hungría y Eslovaquia, el Papa Francisco fue preguntado: «Ayer llegó la noticia de una resolución en el Parlamento Europeo que invita a los estados miembros a reconocer los matrimonios del mismo sexo y las relaciones parentales relacionadas con ellos. Santo Padre, ¿cuál es su opinión al respecto?«.  El Papa respondió defendiendo el matrimonio como sacramento: «He hablado claramente sobre esto: el matrimonio es un sacramento, el matrimonio es un sacramento. Y la Iglesia no tiene el poder de cambiar los sacramentos. Son así, como el Señor los ha instituido [para] nosotros«. Pero también apoyó las uniones civiles para los homosexuales.

Antes que y aparte de su elevación por Cristo a esa realidad sacramental, el matrimonio es una realidad natural querida por Dios en el acto de creación del primer hombre y la primera mujer. El matrimonio natural entre los no bautizados debe ser reconocido y protegido jurídicamente, independientemente del estatus que el matrimonio tiene como sacramento entre los bautizados. Esto significa que cualquier cambio legal del Estado que ataque la dignidad y el valor únicos del matrimonio -sea sacramental o no- entre un hombre y una mujer, como el «matrimonio» entre personas del mismo sexo o su equivalente legal en forma de uniones civiles, debe ser desaprobado por la Iglesia. Tales cambios son ofensivos para Dios y perjudiciales para el bien común.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales (2003), aprobadas por el Papa Juan Pablo II, afirma:

“Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial para el bien común como es el matrimonio”.

El Papa Francisco, sin embargo, interpreta el reconocimiento legal de los matrimonios entre personas del mismo sexo como «leyes que tratan de ayudar a la situación de muchas personas de diferente orientación sexual. Y esto es importante, ayudar a estas personas, pero sin imponer cosas que por su naturaleza no entran en la Iglesia. Pero si quieren apoyar a una pareja homosexual en la vida en común, los Estados tienen la posibilidad de apoyarlos civilmente, de darles seguridad a través de la herencia, el [seguro] de salud«.

¿Es la misión de los pastores de la Iglesia dar a entender que la legalización del «matrimonio» entre personas del mismo sexo, o su equivalente de facto, las uniones civiles entre personas del mismo sexo, es principalmente un esfuerzo para «ayudar» o «apoyar» a las personas que adoptan el estilo de vida homosexual? La respuesta es «no». El Estado puede conceder los beneficios legales que quiera a sus ciudadanos sin crear versiones falsas del matrimonio. ¿Es que ya no es necesario recordar a las personas que inician una relación homosexual que están viviendo en pecado grave?

Confirmar a dos hombres o dos mujeres que se comprometen en público a involucrarse en un acto gravemente desordenado con la ilusión de que, de alguna manera, tienen derecho a recibir un estatus legal y los beneficios que antes se reconocían sólo a las parejas casadas, es manifiestamente contrario a la misión de la Iglesia. Tales uniones son moralmente dañinas para las personas involucradas y para la sociedad en su conjunto. Cualquier aprobación por parte de la Iglesia de estas disposiciones supone un apoyo antievangélico a un comportamiento que ofende a Dios. Pretender que el Estado intenta hacer algo bueno con tales medidas es un profundo error que socava la misión sobrenatural de la Iglesia.

El Papa Francisco dice: «Pero el matrimonio es el matrimonio. No se trata de condenar a las personas que son así, no, por favor, son nuestros hermanos y hermanas, y debemos acompañarlos. Pero el matrimonio como sacramento está claro, está claro… A veces lo que he dicho es confuso. De todos modos, respetad a todos. El buen Dios salvará a todos -no lo digáis muy alto [risas]- pero el Señor quiere salvar a todos«.

No hay ninguna duda de que el Señor quiere salvar a todos, pero la Iglesia nunca ha enseñado que «el buen Dios salvará a todos». El único obstáculo para la salvación de cualquier persona es el pecado grave. La sodomía es un pecado grave. La Iglesia está llamada por Dios a enseñar esta verdad a todos, y en particular a los que caen en este pecado. El acompañamiento cristiano de quienes viven en pecado nunca significa decir que su estilo de vida inmoral merece el reconocimiento público y el apoyo del Estado. Tal respaldo refuerza la falsa afirmación de que las personas tienen derecho a la actividad homosexual, un derecho que el Estado debe respetar.  Su salvación se verá obstaculizada, no promovida, si la Iglesia da la impresión de apoyar un estilo de vida gravemente pecaminoso y socialmente destructivo.

«La negación del estatuto social y jurídico del matrimonio a formas de convivencia que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia; al contrario, la justicia así lo exige«. Así lo enseñó el Papa Juan Pablo II. Así lo ha enseñado siempre la Iglesia.

El renovado respaldo del Papa Francisco a las uniones civiles entre personas del mismo sexo es gravemente escandaloso y causa un inmenso daño a las almas. No hay ninguna base en la doctrina católica o en la práctica pastoral para apoyar su idea errónea de que la Iglesia debe respaldar y elogiar las leyes de unión civil que dan sanción legal al estilo de vida homosexual y conceden al acto de sodomía un significado legal que, en verdad y en justicia, sólo pertenece a la unión matrimonial de marido y mujer.

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20 comentarios en “El Papa y las uniones civiles
  1. Cuando Francisco apoya las leyes civiles para uniones homosexuales se opone a la doctrina de la Iglesia. Un Papa que contradice la doctrina católica no debe ser secundado por los fieles, sino reprobado.

  2. Lo único que diferencia estas uniones de otro tipo de unión son las relaciones sexuales estériles.
    Se tiene que ser merecedor de derecho por tener relaciones sexuales de cualquier tipo que no generan un beneficio a la sociedad??
    Es más genera gasto,xq hay que pagar pensiones sin generar prole que aporte al estado.
    Puedo yo «casarme»con una amiga,primo,hermano,abuelo,bisabuela mi madre para tener después pensión de viudedad …???
    Porque entonces legalicemos y demos derechos a todo tipo de uniones,si de derechos sin relación sexual se se trata..

    1. Exactamente, María. Madre e hija que viven juntas, o dos hermanas que viven juntas (cosa frecuentísima), ¿por qué no darle esos derechos? ¿Si se declaran lesbianas- incestuosas entonces sí los tienen….?

      1. Parece que sí,cuanto más pervertida la unión más derechos adquieres.
        Como ahora los eco sexuales que reclaman sexo con la naturaleza.
        Pues nada te «casas» con un árbol y también podrás adoptar cactus o pinos y llevarlos al colegio para que los rieguen,y cobrar pensión que la pagarán las plantas,evidentemente.
        «Y como no tuvieron en cuenta conocer a Dios,es Dios mismo quien los deja a merced de UNA MENTE PERVERTIDA,QUE LOS EMPUJA A HaCER LO QUE NO DEBEN.»

  3. Es la técnica comunista de Lenin para ir avanzando en la revolución: 2 pasos hacia adelante, uno hacia atrás, que utiliza toda la izquierda:

    Primero apoyando y dejando hacer con hechos y omisiones todo tipo de pecados, Sus compinches alemanes hacen todo tipo de herejias santificándo el mariconio, obviamente estando de acuerdo, pero en un teatro perfectamente preparado para engañar a los católicos que se quieren dejar engañar. Luego sale el hablando en contra de sancionar eclesiasticamente esas uniones, pero presentando como buenas y necesaria las «uniones civiles de personas del mismo sexo» larga expresión que no significa otra cosa que legalizar un pecado que destruye a la persona, como todo pecado y que, por supuesto, va contra la doctrina de la Iglesia. Y para el católico que se quiere dejar engañar, ya Bergogli0 es ortodoxo porque se ha enfrentado valientemente a los Alemanes y por supuesto las «uniones civiles» están bien.

    1. En la siguiente fase, se permitirá en ciertos lugares el mariconio sacramental, allí donde sea costumbre.
      Justo como ocurrió con la comunión en la mano.

      1. Y ya sabemos el paso final: forzar el sacrilegio general de todos los creyentes. Excusas y justificaciones no faltarán. Satanás y sus ministros ya se burlan de Cristo forzando a recibir la hostia como si fuera una galleta. Y así se harán cambios hasta que los católicos que se quieran dejar engañar adoren al mismo Lucifer en las iglesias.

  4. Reconocer sus uniones civiles es una forma de blanquear los actos homosexuales con la excusa de reconocerles unos injustos derechos que, por ejemplo, se niegan a los hermanos que conviven: cuando fallece alguno de ellos, ¿se da una pensión a los supervivientes? ¿Por qué no? ¿Porque no mantenían relaciones sexuales? ¿Acaso no pagaban impuestos? Porque esa es una de las excusas que los pro-homosexuales dan para «exigir» ciertos derechos que realmente no les corresponden, como es el caso de una pensión.

    «…los Estados tienen la posibilidad de apoyarlos civilmente, de darles seguridad a través de la herencia, el [seguro] de salud»

    Vamos, que es muy justo discriminar al resto de la población (como los hermanos del ejemplo) concediendo privilegios inmerecidos a los homosexuales por el mero hecho de mantener relaciones sexuales (presuntamente, pues nadie lo comprueba). ¿Esa es la «justicia social» con la que algunos se llenan la boca?

    1. Respetuosamente sugiero al Papa no bromear ni reír con algo tan serio como la salvación eterna de las almas… Considerando sobre todo que él, como Vicario de Cristo en la tierra, será responsable por la salvación o condenación de cada uno de los «pequeños» confiados a su guía…

  5. El gobierno es un problema, no es la solución, siempre es un problema.
    Como si tiene dos negocios, lo que no puede colocar en uno, lo coloca en el otro.
    Después los unifica o deja uno.

  6. Lo que no debemos olvidar, para no parecer moralistas superficiales, es que las uniones homosexuales no son malas porque son pecado, sino que son pecado porque son ontológicamente desordenados.

    1. Hay personas, muchas, que sienten atracción sexual por las de su mismo sexo de manera constitutiva: son homosexuales porque han salido así, no lo han elegido. También hay otras, afortunadamente muchas menos, que directamente se encuentran encerradas en un cuerpo que no se ajusta a su sentir y procuran reasignarse el sexo, al menos en sus signos más evidentes. Son el colectivo con una de las mayores tasas de suicidio y discriminación.
      Pues bien, decir alegremente que la conducta de los primeros y no digamos la de los segundos es desordenada para a continuación reprobarlas moralmente es una aberración. Es tanto como afirmar que se trata de personas natural o vocacionalmente pecadoras y como única alternativa les queda la continencia. La continencia sexual, la sublimación de los instintos es un don De Dios o una gracia que no todos están llamados a poder cumplir; ya lo decía San Pablo en su primera carta a los Corintios: es mejor casarse que abrasarse.

      1. Comete un error, Enrique: la Iglesia no condena la atracción que, sin haberla elegido, sienten los homosexuales, sino los actos sexuales fuera del matrimonio y los pensamientos impuros de cualquier tipo (sean o no hemosexuales). Con independencia de que las Sagradas Escrituras condenen tales actos como una aberración y sea uno de los pecados «que clama al cielo», el catecismo le explica detalladamente por qué se consideran actos intrínsecamente desordenados, a lo que hay que añadir que fornicar es pecado para todo el mundo, no sólo para los homosexuales. En cuanto a quienes padecen la denominada «disforia de género», puesto que fisiológicamente no les ocurre nada, y menos en su aparato genital y reproductivo, que es el que determina el sexo de las personas, no queda otra que aceptar que el problema, aunque no se conozcan aún las causas, está en su cabeza. Que en la actualidad se criminalice que puedan ser tratadas, no ayuda.

        1. Dentro del matrimonio no cabe la fornicación; las relaciones carnales entre el esposo y la esposa, cuando son consentidas, son plenamente legítimas y naturales.
          Esa posibilidad, sin embargo, no existe para las personas homosexuales, porque pese a que puedan formar una comunidad de vida, las relaciones carnales que mantengan serán siempre pecaminosas. La alternativa que se les deja es la del amor sin contacto en un ejercicio constante de castidad. Eso es lo que estimo que no es justo: merece un aplauso quien se mantenga célibe durante toda su vida conociendo su tendencia y manteniéndose sin pecar, pero la castidad es una vocación que no está al alcance de todo el mundo, como dijo el mismísimo San Pablo.

          1. Esta usted bastante confundido en lo que es enseñanza de nuestra fe desde los tiempos apostólicos. La castidad no es una vocación que no está al alcance de todo el mundo. La castidad es una virtud. Y como virtud debe ser vivida por todos y cada uno de los que se consideren creyentes (al igual que todos deben vivir la virtud de la humildad, caridad, justicia…). Dicha virtud consiste en vivir la sexualidad según el plan de Dios. Y ese plan de Dios, perfectamente revelado en la Sagrada Escritura y explicado por el Magisterio constantemente a lo largo de los siglos (me haría larguísimo traer todas las citas y explicarlas) dice que Dios crea la relación sexual para que sea efectuada entre un hombre y una mujer que hayan recibido la bendición del matrimonio y busquen en dicha relación una expresión de su amor y se abran a la transmisión de la vida. Los actos homosexuales no cumplen esto. No entran en el plan de Dios. ¿Es tan dificil?

          2. «Dentro del matrimonio no cabe la fornicación»

            Acaba de rebatir algo que nadie ha sostenido (falacia del hombre de paja).

            ¿Eso qué tiene que ver con la noticia o con lo que yo le he escrito? Las parejas del mismo sexo no son un matrimonio, por más reconocimiento legal que tengan. Por tanto, todas las personas que forniquen fuera del matrimonio pecan, con independencia de si son heterosexuales u homosexuales (no vamos a debatir sobre grados y especies de pecados).

            Tiene razón: las relaciones sexuales que tengan serán siempre pecaminosas, por lo que están llamados a la castidad, como lo estamos TODOS (sin importar el estado, pues los casados también están llamados a la castidad: lea ‘Casti connubii’). Y ojo: sostener que no se puede evitar pecar con la ayuda de Dios es una herejia.

  7. Y por último: como bien dice Catholicus: pensar que no se puede evitar el pecado es una herejía porque siempre queda el recurso a la gracia de Dios (que el Señor no niega a nadie si la pide de corazón) para poder hacer aquello que con solas nuestras fuerzas nos resultaba aparentemente imposible.

  8. Bergoglio es un ignorante tanto en filosofía como en teología. No sabe lo que es la ley natural y su reflejo de la ley divina, como enseña santo Tomás. Por otra parte, también ha reconocido que él, en su pontificado, se limita a cumplir el mandato de los cardenales que lo eligieron. Al respecto, ha sostenido que se consulten las Actas previas al Conclave en donde se manifiestan estos «mandatos» cardenalicios. Parece, más que un pontífice, un delegado de las bases. No conoce la competencia propia de ser sucesor de Pedro, que no fue elegido por cardenales sino por el Señor. Parece que Francisco reconoce otro criterio de legitimidad. Basta de Bergoglio por favor.

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