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Francisco: «Cuando la Iglesia se detiene, se enferma»

Papa Francisco Eslovaquia misaEl Papa en la última misa en Eslovaquia (Vatican Media)
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El viaje del Papa a Budapest y Eslovaquia ha terminado hoy tras la oración en privado que tuvo el Santo Padre con los obispos de Eslovaquia, y la santa misa que ha presidido en la Solemnidad de la Santísima Virgen María de los Siete Dolores, patrona de Eslovaquia.

La misa tuvo lugar en la explanada del Santuario Nacional de Šaštín, un lugar que, durante los últimos tres siglos, ha sido destino de peregrinaciones por parte del pueblo eslovaco. “María es el camino que nos introduce en el Corazón de Cristo, que ha dado la vida por amor a nosotros”, dijo el Papa al comienzo de su homilía.

Francisco invito a ver a María como modelo de Fe y a reconocer tres características de esa fe: el camino, la profecía y la compasión.

María se puso en camino, dijo Su Santidad, “a la comodidad de la rutina prefirió las incertidumbres del viaje; a la estabilidad de la casa, el cansancio del camino; a la seguridad de una religiosidad tranquila, el riesgo de una fe que se pone en juego, haciéndose don de amor para el otro”.

La Virgen es modelo de la fe de este pueblo eslovaco, una fe que se pone en camino, señaló el Papa. “Y, caminando, ustedes vencen la tentación de una fe estática, que se contenta con cualquier rito o tradición antigua, y en cambio salen de ustedes mismos, llevan en la mochila las alegrías y los dolores, y hacen de la vida una peregrinación de amor hacia Dios y los hermanos. ¡Gracias por este testimonio!”, exclamó Su Santidad.

“Cuando la Iglesia se detiene, se enferma; cuando los obispos se detienen, enferman a la Iglesia; cuando los sacerdotes se detienen, enferman al pueblo de Dios”, aseguró Su Santidad.

No se puede reducir la fe a azúcar que “endulza la vida”, dijo el Papa más adelante. “Jesús es signo de contradicción. Ha venido para llevar luz donde hay tinieblas, haciéndolas salir al descubierto y obligándolas a rendirse. Por eso las tinieblas luchan siempre contra Él”, explicó.

“Ante Jesús no se puede permanecer tibio, con “el pie en dos zapatos”. No, no se puede. Acogerlo significa aceptar que Él desvele mis contradicciones, mis ídolos, las sugestiones del mal; y que sea para mí resurrección, Aquel que siempre me levanta, que me toma de la mano y me hace volver a empezar. Siempre me levanta”, indicó el Santo Padre.

“No se trata de ser hostiles al mundo, sino “signos de contradicción” en el mundo. Cristianos que saben mostrar con su vida la belleza del Evangelio, que son tejedores de diálogo allí donde las posiciones se endurecen, que hacen resplandecer la vida fraterna allí donde a menudo en la sociedad hay división y hostilidad, que difunden el buen perfume de la acogida y de la solidaridad allí donde los egoísmos personales los egoísmos colectivos predominan con frecuencia, que protegen y cuidan la vida donde reinan lógicas de muerte”, señaló el Sucesor de Pedro.

María dolorosa está al pie de la cruz, manifestó el Papa, “no escapa, no intenta salvarse a sí misma, no usa artificios humanos y anestésicos espirituales para huir del dolor”. Y también nosotros nos abrimos a una fe “que no se queda en lo abstracto, sino que penetra en la carne y nos hace solidarios con quien pasa necesidad”.

Después de la misa, el Pontífice se despidió del pueblo eslovaco. “En esta Eucaristía he dado gracias a Dios, que me ha permitido estar entre ustedes y concluir mi peregrinación en el abrazo devoto de vuestro pueblo, celebrando juntos la gran fiesta religiosa y nacional de la Patrona, la Virgen Dolorosa”, confesó el Santo Padre.

Francisco dio las gracias a los obispos por preparar el viaje, y renovó su gratitud a Zuzana Caputova, presidente de Eslovaquia “y a las autoridades civiles”.

Después de la misa, el Papa se dirigió al aeropuerto de Bratislava para la ceremonia de despedida; ahora, vuela a Roma, donde aterrizará a las 15.30.

La geopolítica de Francisco: ¿Qué hay detrás del próximo viaje del Papa?

Les ofrecemos la homilía del Papa, seguida del saludo final, publicados en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

En el templo de Jerusalén, los brazos de María se extienden hacia los del anciano Simeón, que puede acoger a Jesús y reconocerlo como el Mesías enviado para la salvación de Israel. En esta escena contemplamos quién es María: es la Madre que nos da al Hijo Jesús. Por eso la amamos y la veneramos. Y el pueblo eslovaco acude con fe y devoción a este Santuario nacional de Šaštín, porque sabe que es Ella la que nos da a Jesús. En el logo de este Viaje apostólico hay un camino dibujado dentro de un corazón que está coronado por la cruz: María es el camino que nos introduce en el Corazón de Cristo, que ha dado la vida por amor a nosotros.

A la luz del Evangelio que hemos escuchado, podemos mirar a María como modelo de la fe. Y reconocemos tres características de la fe: el camino, la profecía y la compasión.

En primer lugar, la fe de María es una fe que se pone en camino. La joven de Nazaret, apenas recibido el anuncio del Ángel, «se fue rápidamente a la región montañosa» (Lc 1,39) para ir a visitar y ayudar a Isabel, su prima. No consideró un privilegio el haber sido llamada a convertirse en Madre del Salvador, no perdió la alegría sencilla de su humildad por haber recibido la visita del Ángel, no se quedó quieta contemplándose a sí misma entre las cuatro paredes de su casa. Al contrario, vivió el don recibido como una misión a cumplir, sintió la exigencia de abrir la puerta y salir de su casa, dio vida y cuerpo a la impaciencia con la que Dios quiere alcanzar a todos los hombres para salvarlos con su amor. Por eso María se puso en camino. A la comodidad de la rutina prefirió las incertidumbres del viaje; a la estabilidad de la casa, el cansancio del camino; a la seguridad de una religiosidad tranquila, el riesgo de una fe que se pone en juego, haciéndose don de amor para el otro.

También el Evangelio de hoy nos hace ver a María en camino, hacia Jerusalén, donde junto con José su esposo presenta a Jesús en el templo. Y toda su vida será un camino detrás de su Hijo, como primera discípula, hasta el Calvario, a los pies de la cruz. María camina siempre.

Así, la Virgen es modelo de la fe de este pueblo eslovaco, una fe que se pone en camino, animada siempre por una devoción sencilla y sincera, peregrinando siempre en busca del Señor. Y, caminando, ustedes vencen la tentación de una fe estática, que se contenta con cualquier rito o tradición antigua, y en cambio salen de ustedes mismos, llevan en la mochila las alegrías y los dolores, y hacen de la vida una peregrinación de amor hacia Dios y los hermanos. ¡Gracias por este testimonio! Y, por favor, sigan en camino, siempre. ¡No se detengan! Y quisiera agregar algo más. Dije: “no se detengan”, porque cuando la Iglesia se detiene, se enferma; cuando los obispos se detienen, enferman a la Iglesia; cuando los sacerdotes se detienen, enferman al pueblo de Dios.

La fe de María también es una fe profética. Con su misma vida, la joven de Nazaret es profecía de la obra de Dios en la historia, de su obrar misericordioso que invierte la lógica del mundo, elevando a los humildes y dispersando a los soberbios (cf. Lc 1,52). Ella, representante de todos los “pobres de Yahvé”, que gritan a Dios y esperan la venida del Mesías, María es la Hija de Sion anunciada por los profetas de Israel (cf. So 3,14-18), la Virgen que concebirá al Dios con nosotros, el Emmanuel (cf. Is 7,14). Como Virgen Inmaculada, María es icono de nuestra vocación. Como Ella, estamos llamados a ser santos e irreprochables en el amor (cf. Ef 1,4), siendo imagen de Cristo.

La profecía de Israel culmina en María, porque Ella lleva en el seno a Jesús, la Palabra de Dios hecha carne. Él realiza plena y definitivamente el designio de Dios. De Él, Simeón dijo a la Madre: «Este niño está puesto para que muchos caigan y se eleven en Israel, y como un signo de contradicción» (Lc 2,34).

No olvidemos esto: no se puede reducir la fe a azúcar que endulza la vida. No se puede. Jesús es signo de contradicción. Ha venido para llevar luz donde hay tinieblas, haciéndolas salir al descubierto y obligándolas a rendirse. Por eso las tinieblas luchan siempre contra Él. Quien acoge a Cristo y se abre a Él resurge, quien lo rechaza se cierra en la oscuridad y se arruina a sí mismo. Jesús les dijo a sus discípulos que no había venido a traer paz sino una espada (cf. Mt 10,34). En efecto, su Palabra, como espada de doble filo, entra en nuestra vida y separa la luz de las tinieblas, pidiéndonos que decidamos nos dice “decide”. Ante Jesús no se puede permanecer tibio, con “el pie en dos zapatos”. No, no se puede. Acogerlo significa aceptar que Él desvele mis contradicciones, mis ídolos, las sugestiones del mal; y que sea para mí resurrección, Aquel que siempre me levanta, que me toma de la mano y me hace volver a empezar. Siempre me levanta.

Y justamente estos profetas son los que hoy también necesita Eslovaquia. Ustedes, obispos, profetas que sigan en este camino. No se trata de ser hostiles al mundo, sino “signos de contradicción” en el mundo. Cristianos que saben mostrar con su vida la belleza del Evangelio, que son tejedores de diálogo allí donde las posiciones se endurecen, que hacen resplandecer la vida fraterna allí donde a menudo en la sociedad hay división y hostilidad, que difunden el buen perfume de la acogida y de la solidaridad allí donde los egoísmos personales los egoísmos colectivos predominan con frecuencia, que protegen y cuidan la vida donde reinan lógicas de muerte.

María, Madre del camino, se pone en camino; María, Madre de la profecía; por último, María es la Madre de la compasión. Su fe es compasiva. Aquella que se definió “la sierva del Señor” (cf. Lc 1,38) y que, con materna solicitud, se preocupó de que no faltara el vino en las bodas de Caná (cf. Jn 2,1-12), compartió con el Hijo la misión de la salvación, hasta el pie de la cruz. En ese momento, en el angustioso dolor vivido en el Calvario, Ella comprendió la profecía de Simeón: «Y a ti, una espada te traspasará el alma» (Lc 2,35). El sufrimiento del Hijo agonizante, que cargaba sobre sí los pecados y los padecimientos de la humanidad, la atravesó también a Ella. Jesús desgarrado en la carne, hombre de dolores desfigurado por el mal (cf. Is 53,3); María desgarrada en el alma, Madre compasiva que recoge nuestras lágrimas y al mismo tiempo nos consuela, señalándonos la victoria definitiva en Cristo.

Y María Dolorosa al pie de la cruz simplemente permanece. Está al pie de la cruz. No escapa, no intenta salvarse a sí misma, no usa artificios humanos y anestésicos espirituales para huir del dolor. Esta es la prueba de la compasión: permanecer al pie de la cruz. Permanecer con el rostro surcado por las lágrimas, pero con la fe de quien sabe que en su Hijo Dios transforma el dolor y vence la muerte.

Y también nosotros, mirando a la Virgen Madre Dolorosa, nos abrimos a una fe que se hace compasión, que se hace comunión de vida con el que está herido, el que sufre y el que está obligado a cargar cruces pesadas sobre sus hombros. Una fe que no se queda en lo abstracto, sino que penetra en la carne y nos hace solidarios con quien pasa necesidad. Esta fe, con el estilo de Dios, humildemente y sin clamores, alivia el dolor del mundo y riega los surcos de la historia con la salvación.

Queridos hermanos y hermanas, que el Señor siempre les conserve el asombro les conserve la gratitud por el don de la fe. Y que María Santísima les obtenga la gracia de que vuestra fe siempre siga en camino, tenga el respiro de la profecía y sea una fe rica de compasión.

Saludo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

Ha llegado el momento de despedirme de vuestro país. En esta Eucaristía he dado gracias a Dios, que me ha permitido estar entre ustedes y concluir mi peregrinación en el abrazo devoto de vuestro pueblo, celebrando juntos la gran fiesta religiosa y nacional de la Patrona, la Virgen Dolorosa.

Queridos hermanos obispos, les agradezco de corazón la preparación y la acogida. Renuevo mi gratitud a la señora Presidenta de la República y a las autoridades civiles. Y agradezco a todos los que han colaborado de diversas maneras, sobre todo con la oración.

Los llevo en el corazón. Ďakujem všetkým! [¡Gracias a todos!]

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10 comentarios en “Francisco: «Cuando la Iglesia se detiene, se enferma»
  1. La Iglesia no se ha de detener, siempre ha de trabajar, pero esto no hay que confundirlo con estar innovando, que es como lo interpreta Francisco. La novedad por sí misma no vale nada. Y la labor de la Iglesia que no es fiel a la tradición, constituye traición.

    1. Francisco insiste en anunciar con el testimonio de vida y no con palabras, y habla de «cristianos que saben mostrar con su vida la belleza del Evangelio, que son tejedores de diálogo», pero lo que Jesús nos ha dicho es que vayamos a predicar, y eso se hace con argumentos y explicaciones para convertir, no con un simple diálogo que no intenta convencer.

      1. Entonces, según lo que afirma Don Jorge, los contemplativos que viven enclaustrados, son una enfermedad de la Iglesia, no ?
        Este hombre vive en la horizontal, incapaz de levantar la vista hacia el verdadero Dios, no ese que se ha fabricado en su mente.
        Juan Pablo II dijo : o el siglo XXI es un siglo místico, ó no será nada.
        Si dependiera de Don Jorge, nos hundiríamos en la nada.
        Menos mal que no es así.
        Deo Gratias.

    2. El Papa vuelve a alimentar la invasión musulmana de Europa al hablar de cristianos: «que difunden el buen perfume de la acogida y de la solidaridad allí donde los egoísmos personales y los egoísmos colectivos predominan con frecuencia.»

      1. Que Dios le bendiga a Vd., Sacerdote mariano. De acuerdo con Vd. al 100%.

        Los discursos de Berg no son católicos, ni cristianos. Ni Cristo ni la Virgen pintan nada en ellos salvo para ser manipulados.

    3. Además de estos errores, está lo que no ha dicho. En todo su viaje ha omitido explicaciones muy necesarias sobre temas de la santa misa, que siendo un viaje para la clausura de un congreso eucarístico hubieran sido muy oportunas (cuando incluso hay católicos que niegan la transubstanciación); así como no ha querido hacer exhortaciones a los jóvenes sobre la importancia de la misa dominical o la defensa de la castidad, y tampoco ha querido mencionar la lacra del aborto ni de la ideología de género, ni ha querido advertir de la invasión que está sufriendo Europa, etc.

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