Philippe Bordeyne, decano de un Instituto Juan Pablo II que solo conserva el nombre de la institución original, ha propuesto una solución salomónica para contentar a todos en el ‘desencuentro’ entre Doctrina de la Fe e Iglesia alemana sobre la bendición eclesial de parejas del mismo sexo: bendecir primero a uno y luego al otro.
Vale, el ‘responsum’ de Doctrina de la Fe ha dejado claro que “Dios no puede bendecir el pecado”. Por otra parte, los clérigos rebeldes en Alemania están empeñadísimos en bendecir a estas parejas. Así que Phillippe Bordeyne, suponemos que tras una escucha atenta, diálogo y discernimiento, ha tenido su momento “¡Eureka!”: bendecir a uno y a otro de los miembros de esas uniones. Un hombre no es su pecado, y a cualquiera de nosotros, pecadores o menos, se nos puede bendecir, así que Bordeyne sugiere bendecir las parejas del mismo sexo con «dos oraciones personales de bendición», informa La Nuova Bussola Quotidiana.
Es el dos por uno de toda la vida, aplicado a la vida eclesial y muy del estilo de ese nuevo Instituto Juan Pablo II lanzado a la promoción de Amoris laetitia y tan alejado como se pueda desear de su designio y contenido originales.
«El signo eclesial de bendición, realizado por un ministro de la Iglesia, se concederá por tanto a dos personas que, habiendo formado cada una un juicio de conciencia que tenga en cuenta sus propias limitaciones, pidan la ayuda de la Iglesia para crecer en disponibilidad a la gracia”, escribe Bordeyne en la revista Transversalités del Instituto Católico de París. “Concretamente, sería deseable que el ministro procediera posteriormente a dos oraciones personales de bendición, para marcar la diferencia respecto a las oraciones de bendición nupcial”.
¿Alguien dijo “jesuitismo”?