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El episcopado americano, la jerarquía católica y #BabyYoda

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Cristo no es el centro del Evangelio: son los pobres. Y Cristo no ha venido a redimirnos del pecado y abrir para nosotros las puertas del Cielo: ha venido por los pobres. Pueden leerlo todo en el mensaje de Francisco, desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, en el día que la Iglesia celebraba la Jornada de los Pobres.

Es literal: “Sí, algunos dicen: “Estos sacerdotes, estos obispos que hablan de los pobres, de los pobres… ¡Nosotros queremos que nos hablen de la vida eterna!”. Escuchad, hermano y hermana, los pobres están en el centro del Evangelio. Es Jesús quien nos ha enseñado a hablar a los pobres, es Jesús quien ha venido por los pobres”.

Francisco ya dijo al inicio de su pontificado que anhelaba una “Iglesia pobre para los pobres”, aunque lo que hemos visto en los últimos meses contrasta un tanto con esa imagen, como esa oscura inversión, financiada con el Óbolo de San Pedro, en un bloque de apartamentos de lujo en Londres que se sigue investigando y de la que siguen saliendo indicios de corrupción.

Ya van para siete años de Francisco al frente de la Iglesia y aún no nos hemos acercado un milímetro a esa meta, sino indirectamente, por el fervor con que el Santo Padre nos exhorta a cumplir escrupulosamente lo que nos ordenen las autoridades seculares en restricciones contra la pandemia, que están llevando a la quiebra a diócesis y parroquias por todo el mundo.

Por qué al Vicario de Cristo le parece mal que los fieles queramos oír hablar a la Iglesia de la Vida Eterna -que, como su nombre indica, no acaba nunca y donde no habrá ni pobres, ni marginados ni descartados- es para este que les escribe un misterio. De hecho, estudiando la vida de tantos santos se descubre que es este ansia por la vida eterna lo que les llevó a entregarse a pobres y necesitados. Otro misterio es por qué, si tal es su deseo, en todo este tiempo no ha liquidado la APSA, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, con sus más de 5.000 magníficas propiedades inmobiliarias, lo que aceleraría considerablemente el logro de este objetivo.

Pero la cada día más evidente aversión de la jerarquía actual hacia lo sobrenatural, y muy especialmente a las realidades escatológicas, con esa fijación por este planeta, nuestra supuesta ‘casa común’, produce una consecuencia que, en cambio, no es ningún misterio: la pérdida de relevancia del mensaje. Convertirse en una gigantesca ONG asistencial hace de la Iglesia una más en una constelación de siglas de presunta beneficencia, solo que cargada con una estructura institucional y unos ritos cada vez más incomprensibles.

La cuenta oficial en Twitter de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha propuesto una ‘encuesta’ entre sus seguidores que ejemplifica el grado de trivialización y frivolidad en el que está cayendo: “Nos reunimos mañana en nuestra primera asamblea general totalmente virtual. ¿Cuántos GIFs de #BabyYoda creeréis que subiremos durante #USCCB20?”. Las opciones son “más de cinco” y “menos de cinco”. Posteriormente el tuit ha sido eliminado.

9 comentarios en “El episcopado americano, la jerarquía católica y #BabyYoda
  1. Que horror, y pensar que el presidente de la Conferencia episcopal de Estados Unidos es miembro destacado el Opus Dei! me parece una burla hablar de baby Yoda cuando lo que propone el presunto presidente electo Biden es precisamente descuartizar a los no nacidos en los vientres maternos. Dios nos ampare.

  2. Cum laude, Carlos, una vez más. Suscribo al 10% todas y cada una de las consideraciones y valoraciones, aunque preferiría que estuviéramos equivocados y poder rectificar gustosamente.

  3. Con todo respeto no es a través de los pobres como podemos acceder a Dios, me parece que necesitamos que el Espíritu Santo nos inspire y mueva hacia el servicio de los pobres. Dios creador es el principio el aliento que hace obrar en favor del prójimo.

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