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Cardenales y obispos defienden a Müller por relacionar la crisis de los abusos y la homosexualidad

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El 21 de noviembre, LifeSiteNews publicó una amplia entrevista [publicada en español por este portal, leer aquí] con el cardenal Gerhard Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que el cardenal habló sobre el problema de los abusos en general relacionándolos con la pérdida de fe y observando, también, el alto porcentaje de víctimas masculinas de los abusos sexuales por parte de sacerdotes y el problema de los sacerdotes homosexuales activos.

Estas declaraciones han causado una oleada de protestas e indignación en Alemania, tal como se puede leer en la nueva página web de la Conferencia Episcopal alemana, Katholisch.de, en la entrevista realizada al jesuita alemán, padre Klaus Mertes. Sin embargo, quien responde a las críticas no es sólo el cardenal Müller, sino también el cardenal Walter Brandmüller, el obispo Athanasius Schneider, el obispo Marian Eleganti y el padre Joseph Fessio, S.J, que han apoyado públicamente al cardenal Müller y sus declaraciones.

En sus comentarios del 23 de noviembre publicados en Katholisch.de, el padre Klaus Mertes declara que en su entrevista, el cardenal Müller demuestra que “aún no ha entendido nada”. De manera explícita se refiere a las cautelosas palabras del cardenal sobre no destruir la jerarquía sacramental de la Iglesia al hacer que los laicos supervisen desproporcionadamente a los obispos. Mertes define estas palabras como “clericalismo” y un “engreimiento clerical convertido en dogma”. Esta actitud clerical, añade, es la base del problema de los abusos. También se refiere a las palabras de Müller como “increíblemente osadas”.

Mertes contradice con fuerza la afirmación según la cual la homosexualidad tiene algo que ver con la crisis de los abusos en la Iglesia. Hay una “facción” dentro de la Iglesia, explica, que afirma que los “homosexuales son los culpables”. Para él, en cambio, lo que contribuye a este problema de los abusos es el tabú aún existente sobre la homosexualidad. Según Mertes, es una “estrategia homofóbica” decir que los “homosexuales son abusadores” y no cree en absoluto que los homosexuales deban abandonar el sacerdocio. “Desde luego, un sacerdote homosexual debe ser capaz de decir: ‘Soy  homosexual'”, explica Mertes. El jesuita alemán también ha comentado la reciente controversia Wucherpfennig (Wucherpfennig fue criticado por el Vaticano por sus ideas sobre bendecir a las parejas homosexuales y la ordenación de las mujeres), definiendo la conducta del Vaticano un “escándalo” y describiendo la decisión original del Vaticano de no apoyar la reelección del padre Ansgar Wucherpfennig como rector de la Universidad Jesuita de Frankfurt como un “abuso de poder”.

El cardenal Müller, en una primera respuesta a esta dura crítica, dice que las afirmaciones de Mertes son “insultos descarados” resultado de una “rabia ciega”; y añade que Mertes “se presenta injustamente como un experto en la cuestión de los abusos sexuales de adolescentes”. El trabajo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por otro lado, está “fundamentado por una verdadera base de datos”. Es “sencillamente una infamia utilizar los crímenes sexuales cometidos contra adolescentes y jóvenes adultos para llevar adelante algunos objetivos de la política de la Iglesia”, ha añadido el cardenal alemán. Es obvio que este jesuita “no conoce la enseñanza bíblica sobre los actos homosexuales y la absoluta atrocidad que supone violar a un adolescente”. Del mismo modo que “no se puede convertir una máquina de escribir en un piano, no se puede convertir la Palabra de Dios en su enseñanza opuesta”.

En sus observaciones adicionales acerca de Mertes, compartidas con LifeSiteNews, el cardenal Müller añade: “En su arrogancia, parece pensar que la Iglesia debe seguir a los grandes pensadores llamados Mertes, zu Eltz y Wucherpfennig, y no a Pedro, Pablo y Juan”. El cardenal rechaza este nuevo camino y afirma: “Estamos lejos de tener que ofrecer nuestro sacrificium intellectus al modesto altar casero de estos autodeclarados ídolos, siguiendo, contra nuestro propio juicio, una ideología aburrida en lugar de la brillante verdad de los Evangelios”. “Es una triste demostración del declive de la fe, y de la razón, en algunos círculos eclesiásticos alemanes que estas declaraciones de un académico don nadie puedan, sin embargo, causar la vehemente aprobación de gente de su categoría”, ha añadido Müller.

Las últimas palabras se refieren a otras manifestaciones de indignación publicadas recientemente en Alemania. Además de las críticas del padre Mertes en la página web de la Conferencia Episcopal alemana, Klaus Pfeffer, vicario general de la diócesis de Essen, filtró en su Facebook algunas partes de una reciente conferencia organizada por los obispos alemanes, de manera reservada, sobre la cuestión de los abusos sexuales, diciendo que las palabras recientes del cardenal Müller habían causado “indignación”. Añade que durante la conferencia, el profesor Dreßing -director del reciente estudio sobre los abusos sexuales en Alemania en el que proponía, en sus conclusiones, admitir a los homosexuales al sacerdocio-, declaró que el cardenal Gerhard Müller está “cimentando una moralidad sexual que está contribuyendo, en sí misma, a la violencia sexual”. Según Pfeffer, las palabras de Dreßing recibieron un “gran aplauso”.

Pfeffer afirma que las palabras de Müller son “altamente peligrosas” (brandgefährlich). En su entrada en Facebook, Pfeffer también publicó la entrevista del padre Mertes diciendo que “estoy totalmente de acuerdo con Mertes”. El periódico católico alemán Die Tagespost fue el primero en informar acerca de esta entrada en Facebook, señalando los comentarios, filtrados por Pfeffer, hechos en la conferencia, que debía ser reservada puesto que se había programado un debate sobre el tema sensible de los abusos sexuales por parte del clero.

Pfeffer es uno de esos prelados de Alemania que está a favor de ser más flexible con el celibato sacerdotal, o incluso abolirlo. Su propio obispo, mons. Franz-Josef Overbeck, ha declarado recientemente que, a la luz de la crisis de los abusos, la Iglesia católica debe reconsiderar su enseñanza sobre la moral sexual.

Como ha comentado un católico que desea permanecer en el anonimato: “El cardenal Müller parecer haber dado en el blanco con sus declaraciones recientes que señalan a la homosexualidad en la crisis de los abusos”.

LifeSiteNews se ha puesto en contacto con varios prelados y sacerdotes, a los que ha pedido un comentario sobre estos severos ataques personales contra el cardenal Müller tras su entrevista a LifeSiteNews del 21 de noviembre pasado.

El cardenal Walter Brandmüller, uno de los firmantes de los dubia, ha dicho que esta reacción tan violenta es “extraña”, dado que el cardenal Müller “sólo ha repetido lo que se puede leer en el Catecismo. Es la enseñanza que es válida siempre y en todas partes”, ha añadido el cardenal alemán. Además, explica que parte de esa enseñanza es que los actos homosexuales llevan al alma a perder la gracia santificadora. Que las palabras del cardenal Müller hayan causado una reacción de estas dimensiones es, para Brandmüller, o demostración de una “falta de conocimiento” o de “oposición a la enseñanza de la Iglesia”. En cualquier caso, añade, “es un síntoma alarmante de la pérdida de fe en Alemania”. “Quien ahora piense que (ya) no puede afirmar o confesar su fe, debe ser honesto y dejar de llamarse católico”, ha comentado. También ha subrayado que lo que ha hecho su hermano cardenal ha sido, sencillamente, señalar los hechos cuando ha observado que la mayoría de las víctimas de los abusos sexuales por parte de sacerdotes eran hombres. “Por el bien de las víctimas, tenemos que tomarnos en serio estos hechos y tomar las medidas oportunas”, tal como establecía el Código de Derecho Canónico de 1917 respecto a las sanciones canónicas que se imponían a los sacerdotes homosexuales activos.

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El obispo Athanasius Schneider, en su declaración de apoyo, también ha dicho que el cardenal Müller lo que ha hecho es reafirmar la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad y le da las gracias por ello: “Tenemos que agradecer al cardenal Müller que haya presentado esta oportuna y necesaria reafirmación de la verdad divina, mediante la cual ha proporcionado una ayuda espiritual inestimable a muchas almas”. A la luz de estas nuevas y agresivas reacciones a la entrevista al cardenal Müller, el obispo Schneider también ha observado “un incómodo silencio en muchos obispos en relación al peligro de la difusión de la herejía homosexual”. Por desgracia, el obispo Schneider “observa una cada vez mayor difusión de la herejía homosexual dentro de la Iglesia”. Hay cada vez más personas que salen a la luz apoyando la “homo-herejía”, explica el prelado. “Disfrazan su herejía y apostasía con la expresión sofista y gnóstica de ‘un ulterior desarrollo de la doctrina moral católica’ (Weiterentwicklung der katholischen Morallehre)”.

El obispo Schneider señala también el papel del Papa Francisco a la luz del creciente problema en la Iglesia, diciendo: “Lo trágico y lamentable en esta situación es el hecho de que la Santa Sede, que es la cátedra de la verdad (cathedra veritatis), no sólo no se opone al avance de la herejía  homosexual, sino que, increíblemente, incluso asigna tareas eclesiásticas a conocidos defensores de dicha herejía”. Y añade: “Por desgracia, actualmente observamos que se está eclipsando el ejercicio Papal en su tarea de fortalecer la verdad respecto a la homosexualidad”. El obispo Schneider considera, por tanto, que con su reciente entrevista el cardenal Müller está prestando un gran servicio también al Papa.

El obispo mons. Marian Eleganti analiza en su declaración la afirmación según la cual la homosexualidad no tiene nada que ver con los abusos sexuales por parte de sacerdotes.”El sentido común de la gente no acepta fácilmente esta afirmación. Por lo tanto, la mayoría no se lo cree”, declara. “Es un hecho incontestable que el 80% de los sacerdotes abusadores de los últimos 70 años preferían adolescentes varones y seminaristas, y que han encontrado a la mayoría de sus víctimas en este grupo de personas (chicos de 12 a 18 años)”. Eleganti hace referencia al estudio reciente del padre Sullins, que demuestra el vínculo entre homosexualidad y abusos sexuales por parte del clero. El obispo Eleganti argumenta que, dado que en el conjunto de la sociedad la mayoría de los abusos son cometidos por heterosexuales, nadie pensaría que cometen estos crímenes debido a una actitud clericalista o por ansía de poder. Propone utilizar el sentido común para examinar estas cuestiones, evitar los ataques personales y permanecer a nivel del razonamiento. Pero el prelado también indica que este importante diálogo es cada vez más difícil de afrontar cuando afirma: “El vicario general Klaus Pfeffer ha dicho que las palabras del cardenal Müller son ‘altamente peligrosas’ [brandgefährlich]. Sí, en el debate cultural actual, desde luego es altamente peligroso expresar puntos de vista que se desvíen de la corriente dominante, o simplemente afirmar la verdad que muchos defienden, pero que no se atreven a expresar porque temen las consecuencias (en la calle hay artefactos incendiarios y bombas de pintura; en el ámbito de la discusión y el diálogo, te etiqueta y te odian)”.

El padre Joseph Fessio, fundador de Ignatius Press, también apoya las declaraciones recientes del cardenal Müller sobre los abusos sexuales y su relación con la homosexualidad. También él recomienda el estudio de Sullins y comenta: “Después de todo, el cardenal Müller simplemente ha expresado lo que una persona normal reconoce como algo obvio: los hombres que sienten atracción sexual por otros hombres tendrán relaciones sexuales con hombres, incluyendo chicos jóvenes, mucho más a menudo que los hombres que no se sienten atraídos por los hombres. Incluso un jesuita debería reconocer este hecho, sobre todo si tiene un doctorado en las Escrituras”.

 

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A continuación las diferentes declaraciones de apoyo tal como han sido enviadas a LifeSiteNews:

 

Cardenal Walter Brandmüller:

Es realmente extraño la indignación que han suscitado las afirmaciones del cardenal Müller sobre el problema de la homosexualidad. Después de todo, sólo ha repetido lo que se puede leer en el Catecismo. Es la enseñanza que es válida siempre y en todas partes, y concuerda exactamente con lo que está escrito en la Sagrada Escritura, incluyendo las epístolas del apóstol Pablo. Pero esta enseñanza fluye de la naturaleza de la sexualidad humana, claramente orientada hacia la procreación y el nacimiento de la vida humana.

El pecado grave de elegir libremente realizar actos homosexuales lleva a la pérdida de la gracia santificadora y, por lo tanto, a la pérdida de ser hijo de Dios. Por lo tanto, el pecado ha sido claramente juzgado. Pero no le concierne al hombre juzgar al pecador, sino a Dios, que está siempre dispuesto a perdonar cuando el pecador se acerca a Él arrepentido y resuelto a no pecar más. El perdón se concede después de la confesión en el Sacramento de la Penitencia. Esta es la sustancia de la cuestión.

Que afirmar esto suscite tanta indignación es o una falta de conocimiento, o una oposición a la enseñanza de la Iglesia. En cualquier caso, es un síntoma alarmante de la pérdida de fe en Alemania. Quien ahora piense que (ya) no puede afirmar o confesar su fe, debe ser honesto y dejar de llamarse católico. Es realmente asombroso que un problema que como máximo afecta al 0.1% de la población domine la opinión pública de manera casi obsesiva.

Fue un signo profético que el Papa Pablo VI canonizara en 1964 a 22 hombres jóvenes que fueron martirizados en Uganda entre 1885 y 1887, porque se negaron a ceder a las peticiones sexuales [sodomitas] del rey Mwamga II. Este signo ha adquirido más fuerza cuando el Papa Francisco ha canonizado al Papa Pablo VI.

El cardenal Müller sólo ha citado los hechos cuando ha dicho, en su entrevista, que en la Iglesia existe una relación entre homosexualidad y abusos sexuales. El estudio sobre los abusos sexuales llevado a cabo por los obispos alemanes también lo demuestra: casi dos tercios de las víctimas eran varones, es decir, eran víctimas de abuso homosexual. Por el bien de las víctimas, tenemos que tomarnos en serio estos hechos y tomar las medidas oportunas, tal como establecía el Código de Derecho Canónico de 1917: la mención explícita de la homosexualidad como uno de los delitos de los sacerdotes contra el Sexto Mandamiento conllevaba sanciones canónicas.

 

Obispo Schneider:

En apoyo a las recientes afirmaciones del cardenal Müller sobre la homosexualidad

En su reciente entrevista a LifeSiteNews (21 de noviembre de 2018), el cardenal Gerhard Ludwig Müller ha reafirmado clara y explícitamente la verdad de la Divina Revelación en relación a la sexualidad y, en especial, al mal intrínseco en los actos  homosexuales. Esta doctrina no es sólo una doctrina de la Iglesia sino, en primer lugar, una doctrina revelada por Dios. El Magisterio de la Iglesia sólo transmite esta doctrina como fiel administrador de algo de lo que no es dueño.

Tenemos que agradecer al cardenal Müller que haya presentado esta oportuna y necesaria reafirmación de la verdad divina, mediante la cual ha proporcionado una ayuda espiritual inestimable a muchas almas. Desde luego, tenemos que comprender las palabras del cardenal Müller como una ayuda, incluso para esas almas que están cegadas por la herejía de la homosexualidad bien a través de la difusión de este engañoso error presente ahora en la vida de la Iglesia y en la sociedad humana, o a través de la práctica personal del vicio homosexual o sodomita. Este vicio destruye, en última instancia, la paz interior de todo el que lo practique (ya que los actos homosexuales son contrarios a la naturaleza humana y la razón) y, además, pone a la persona realmente en riesgo de perder la salvación eterna.

Ha habido unas reacciones muy agresivas a las afirmaciones del cardenal Müller, procedentes de miembros del clero ofendidos, mientras se observa, por otro lado, un incómodo silencio en muchos obispos en relación al peligro de la difusión de la herejía homosexual.

Además, se observa una cada vez mayor difusión de la herejía homosexual dentro de la Iglesia. Aumenta el número de sacerdotes, a distintos niveles de la jerarquía, que salen de su escondite y, sin rubor, defienden la aceptación moral de la actividad homosexual. Disfrazan su herejía y apostasía con la expresión sofista y gnóstica de ‘un ulterior desarrollo de la doctrina moral católica’ (Weiterentwicklung der katholischen Morallehre).

En la historia sagrada ya hubo un desastroso “ulterior desarrollo” del Primer Mandamiento del Decálogo, “No tendrás a otro Dios que a mí”. Sucedió cuando el sacerdote judío Aarón fabricó el becerro de oro, permitiendo que el pueblo adorara a un ídolo. Actualmente vemos a sacerdotes, obispos y cardenales permitiendo a la gente tener la supuesta “alegría” de la danza alrededor del becerro de oro de la homosexualidad. La antigua casta histórica de los saduceos, en su mayoría sacerdotes no creyentes y políticamente correctos, revive en el nuevo clan clerical católico de quienes difunden la herejía de la homosexualidad. Estos sacerdotes y obispos no son más que “sacerdotes del régimen” y “obispos del régimen” puesto que, al defender la legitimación de la homosexualidad, revelan ser, no siervos de Cristo, sino siervos del régimen interconectado de los medios de comunicación y la política defensores de la homosexualidad. Realmente, para ser un nuevo “saduceo” o un “obispo del régimen” no hace falta tener mucho valor.

Lo trágico y lamentable en esta situación es el hecho de que la Santa Sede, que es la cátedra de la verdad (cathedra veritatis), no sólo no se opone al avance de la herejía homosexual, sino que, increíblemente, incluso asigna tareas eclesiásticas a conocidos defensores de dicha herejía.

Una de las tareas fundamentales del Sucesor de Pedro es confirmar, ante todo, a los obispos en la fe católica y divina (cf. Lucas 22, 32). Por desgracia, actualmente observamos que se está eclipsando el ejercicio Papal en su tarea de fortalecer la verdad respecto a la homosexualidad.

Cuando los obispos y cardenales no tienen miedo a ser ridiculizados o a ser arrinconados en la “periferia” eclesiástica por proclamar de manera clara e inequívoca la verdad divina sobre el mal intrínseco de la actividad homosexual y, al hacerlo, contrarrestan la herejía homosexual dentro de la Iglesia, están proporcionando una ayuda eficaz y colegial al Ministerio Petrino del propio Papa, y están llevando a cabo, al mismo tiempo, un verdadero trabajo de caridad hacia los fieles y las almas descarriadas. Esto es lo que ha hecho el cardenal Müller en su entrevista reciente a LifeSiteNews, y por su lealtad a Cristo tenemos que estar agradecidos.

25 de noviembre de 2018

+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astaná

 

Obispo Marian Eleganti:

Para quienes se oponen a la tesis que relaciona los abusos con la homosexualidad, los claros y obvios actos homosexuales, o abusos, no tienen que ver con la homosexualidad, sino más bien, con un poder excesivo (y el abuso del mismo). Como mucho, dicen que los agresores eran “sexualmente inmaduros”, un término que, según Manfred Lütz, no es un diagnóstico aprobado por la psiquiatría.

El sentido común de la gente no acepta fácilmente esta afirmación. Por lo tanto, la mayoría no se lo cree. Es un hecho incontestable que el 80% de los sacerdotes abusadores de los últimos 70 años preferían adolescentes varones y seminaristas, y que han encontrado a la mayoría de sus víctimas en este grupo de personas (chicos de 12 a 18 años).

Andrea Tornielli -periodista cercano al Papa y que defiende la tesis del clericalismo-, llega incluso a decir que los delitos del ex cardenal McCarrick no eran actos homosexuales. Es una afirmación atrevida (y protectora). Después de todo, ¿qué sacerdote heterosexual invita a hombres jóvenes a la cama de su casa de la playa? ¿No podría haber ejercido su presunto deseo de poder sobre ellos de una manera muy diferente, digamos de la “manera general habitual”? Sin duda es así. Tal vez, después de todo, los actos de abuso homosexual, según este mantra, no tienen nada que ver con la homosexualidad como tal.

Porque del mismo modo que las personas heterosexuales (responsables de la mayoría de los casos de abuso [en la sociedad]) no están obligadas por naturaleza a abusar de niños, adolescentes y adultos jóvenes, así sucede con los homosexuales.

Y este hecho tiene que ser ratificado. Somos libres. Si no fuera así, no pecaríamos. Y aquí estamos hablando de pecado, y de uno grave. Pero tenemos -tan obvios como un elefante en una habitación, que no pasa desapercibido- los patentes resultados de las estadísticas que demuestran que en el clero, el 80% de los sacerdotes con orientación homosexual han realizado actos graves. ¿Por qué? Porque los heterosexuales acosan, según sus propias preferencias, a víctimas de sexo femenino. Sin embargo, en el clero, este no es el caso de la mayoría.

Parece que se nos esté pidiendo que abandonemos el sentido común en este debate, porque supuestamente nos lleva a las conclusiones equivocadas. La sexualidad, los deseos y las necesidades afectivas, o incluso posiblemente perversas, supuestamente no tienen ningún papel, o sólo uno muy pequeño, pero ¿acaso no es un papel decisivo? ¿Y el 99,5% de quienes, en el resto de la sociedad heterosexual, son responsables de abusos sexuales (de víctimas en su mayoría femeninas)? Por lo tanto, no deberíamos hablar de “clericalismo” como explicación de la crisis actual.

Hasta ahora, por lo que yo sé, nadie ha dudado de que estos agresores han abusado de su poder, ante todo para satisfacer sus necesidades sexuales: hablo tanto de los agresores heterosexuales como de los agresores homosexuales. Sólo en el clero es supuestamente diferente. Aquí, se supone que es sólo por una cuestión de poder o clericalismo. Quién así lo crea, lo tiene más fácil. Para que nos entendamos bien: no creo, de manera general, que todos los heterosexuales o todos los homosexuales cometan abusos sexuales. Pero este mirar a otro lado políticamente correcto ante ciertas asombrosas peculiaridades del clero no es, ciertamente, la solución.

Como prueba de mi afirmación, quiero citar un estudio realizado por el padre Sullins (Ruth Institute) en los Estados Unidos. En cualquier caso, el debate debería afrontarse con respeto, tal como ha hecho el padre Sullins. Si embargo, el claro desprecio hacia el cardenal Müller que demuestran las declaraciones del padre P. Mertes, S.J (Katholisch.de) es, por desgracia, evidente y no es un buen ejemplo. No espero que me den a mí un trato mejor.

El vicario general Klaus Pfeffer ha dicho que las palabras del cardenal Müller son ‘altamente peligrosas’ [brandgefährlich]. Sí, en el debate cultural actual, desde luego es altamente peligroso expresar puntos de vista que se desvíen de la corriente dominante, o simplemente afirmar la verdad que muchos defienden, pero que no se atreven a expresar porque temen las consecuencias (en la calle hay artefactos incendiarios y bombas de pintura; en el ámbito de la discusión y el diálogo, te etiqueta y te odian).

Padre Joseph Fessio, S. J.:

¿Han leído ustedes esto: Sacerdote sociólogo realiza un estudio sobre los abusos sexuales por parte del clero? Acabo de terminar de leer el informe del padre Mullins sobre la relación entre homosexualidad, una subcultura homosexual en los seminarios y los abusos sexuales por parte de sacerdotes.

Me parece que la mejor manera de apoyar al valiente cardenal Müller es dar a conocer estos wissenschaftliche Ergebnisse [resultados científicos].

Después de todo, el cardenal Müller simplemente ha expresado lo que una persona normal reconoce como algo obvio: los hombres que sienten atracción sexual por otros hombres tendrán relaciones sexuales con hombres, incluyendo chicos jóvenes, mucho más a menudo que los hombres que no se sienten atraídos por los hombres. Incluso un jesuita debería reconocer este hecho, sobre todo si tiene un doctorado (PhD) en las Escrituras. O tal vez PhD realmente significa Philosophische Dummheit [estupidez filosófica].

Publicado por Maike Hickson en LifeSiteNews; traducido por Elena Faccia Serrano para InfoVaticana.

 

49 comentarios en “Cardenales y obispos defienden a Müller por relacionar la crisis de los abusos y la homosexualidad
  1. ¿Y qué si hay esa relación? Parece que si hubiera esa relación la Iglesia Católica, de alguna forma, y a no tendría la culpa de los miles de abusos cometidos por sus sacerdotes, con el apoyo de sus obispos, arzobispos y cardenales…

    1. Chico, qué comentario más tonto.

      ¿Intentar averiguar las causas de un problema ateniéndose a la verdad equivale a intentar eludir la responsabilidad? ¿O no le he entendido bien?

      Si es lo primero, hágaselo mirar; si lo segundo, ya me lo están mirando.

        1. Alejandro: De nuestras largas discusiones se ha marchado usted sin responder.

          Todavía está a tiempo: ¿Por qué motivo se fue Bernard Law el mismo día que recibía la cita para declarar ante el juez al Vaticano? ¿Por qué no volvió? ¿Era o no era responsable de mover de una parroquia a otra a casi 300 sacerdotes pedófilos en la diócesis de Boston?

          Cuando esas preguntas todavía están en el aire, perder el tiempo hablando de mí es un tanto ridículo… Yo no soy el tema de discusión aquí…

          1. ¿Por qué entorpeces la reflexión que busca la verdad con tus argumentos que son como palos en los radios de las ruedas?
            Inspírate Desi y recemos juntos, que nos vendrá bien a ambos.

            “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

            ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

            que a mi puerta, cubierto de rocío,

            pasas las noches del invierno escuras?

            “¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras

            pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío

            si de mi ingratitud el hielo frío

            secó las llagas de tus plantas puras!

            “¡Cuántas veces el ángel me decía:

            “Alma, asómate agora a la ventana;

            verás con cuánto amor llamar porfía!”.

            “¡Y cuántas, hermosura soberana,

            “mañana le abriremos”, respondía,

            para lo mismo responder mañana!”

    2. No es una justificación, es intentar ir a la raíz del mal para quitarlo. Pero si no se quiere ver el problema, no se puede resolver. Y es obvio que hay gente en la Iglesia que no lo quiere resolver.

      1. Efectivamente, Estupefacta. Sino se quiere ver el problema no se puede resolver. Efectivamente. No podíamos estar más de acuerdo…

        Por eso me gustaría saber si ve o no ve usted un 30% de pedófilos en Pennsylvania, un 40% en el informe John Jay, etc, etc…

        ¿Lo ve usted o no lo ve? Si no lo ve se lo explico. Y si me equivoco igual es usted capaz de decirme dónde me equivoco…

  2. Una cosa es ser y sentirse acosado, tentado, atraído o sometido por ese instinto animal de la heterosexualidad, y por ende justificarse uno mismo en la susodicha como circunstancia natural genéticamente heredada sin respetar el derecho moral, civil o físico propio o ajeno de la castidad.

    Y otra cosa es pretender que la homosexualidad y su contingente personal o mutua continencia sexual no tenga que ver con el pecado de fornicar.

    Ved lo que al respecto de la sexualidad y su continencia, dice el Apocalipsis (Ap. 2,23-25)

    Y a sus hijos los haré padecer de muerte, y conocerán todas las iglesias que yo soy el que escudriña las entrañas y los corazones, y que os daré a cada uno según sus obras. Y a vosotros los demás de Tiatira, los que no seguís semejante doctrina y no conocéis las que dicen profundidades de Satán, no arrojaré sobre vosotros otra carga. Solamente la ( sexualidad) que tenéis, tenedla fuertemente (controlada) hasta que yo vaya (vuelva)

  3. Y es tremenda la hirper sexualización a la que nos están sometiendo en la sociedad civil, todo es sexo, la perversión de los niños de 0 a 6 años con el programa skolae, la brutal agresividad de la ideología de género, que es totalmente acientífica etc. Se ve que en el coro no te enteras mucho de que va el mundo real.

    1. Estupefacta:

      Venga. Vayamos a la raíz del problema. Yo no tengo ningún problema en asumir que ese 80% de abusadores eran homosexuales. Y tampoco en asumir que ésa es la clave de los abusos sexuales en la Iglesia Católica. Sé que no es cierto, porque no me cuadran los números… Pero asumamos que es así.

      ¿Y?

      Es IMPOSIBLE evitar que los homosexuales entren en el sacerdocio. Porque si alguien es homosexual, y no se lo dice a nadie, y es “discreto”, nadie lo sabrá. ¿Verdad? Luego esa es una vía muerta… Luego no sirve para nada repetir y repetir que los sacerdotes son homosexuales… o algo así.

      ¿Quiere usted ir a la raíz del problema? Pues primero habrá que saber cómo de grande es, ¿no?

      Yo digo que un 30% de los sacerdotes son pedófilos, basándome en los estudios de la Iglesia Católica. ¿Está usted de acuerdo?

      1. La Iglesia ha tenido 264 Papas a lo largo de su historia.

        Sabes Desiderio que cuando hablamos de la Iglesia, hablamos en común de la Iglesia triunfante, la Iglesia purgante y la Iglesia peregrina; no hay separación.

        Estás diciendo que 79 Papas eran homosexuales?

        1. Pedófilos no es lo mismo que homosexuales, aunque a usted se lo parezca. Papa no es lo mismo que sacerdote… Parece mentira que se lo tenga que explicar. No sé si hubo 79 Papas homosexuales o no. No tengo ni idea.

          Lo que SI sé es que en en Pennsylvania se han abierto los archivos de los obispados, y un jurado ha estudiado las cartas intercambiadas entre sacerdotes y obispos. Y han encontrado tanta porquería que a veces es difícil no vomitar al leerlo. Y esa porquería afecta a +410 sacerdotes diocesanos pedófilos, de un estado con 900 sacerdotes (en el pasado más, unos 1200).

          ¿A que es fácil de entender esto?

          1. Desidereo no creo que hayan abierto los archivos de la Iglesia en Pensilvania.

            Simplemente fue un informe (consultivo) que decía que en 70 años había abusado 300 sacerdotes. Es decir que sale a un poco más de 4 sacerdotes por año. O sea el seis por ciento. (no soy bueno en las matemáticas).

            Si vemos los casos de pederastia en las familias el porcentaje es del 85%.

            http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/85-casos-abusos-sexuales-infantiles-se-dan-ambito-familiar/2475996/

            Decir que hay un elevado número de casos de pederastia en la Iglesia es mentira.

          2. Me sigues intrigando. Vuelves a afirmar que en el periodo del estudio de Pensilvania hubo 900 sacerdotes en 70 años. Pero si la página de la Conferencia Episcopal de Pensilvania dice que hay un total de 2,509 sacerdotes (y no incluyo ni diáconos ni seminaristas), que musgo te fumas para decir que en 70 años sólo ha habido 900?

            Además en la p. 324 del informe del Gran Jurado se habla de Benestad, dimitido por la diócesis por abusos. Según tu, un caso claro, reconocido por la Iglesia. No hay presunción de inocencia posible, la diócesis lo ha reconocido. MENTIRA.
            En la misma página donde se descarga el informe está Report Responses, un pdf de 469 páginas con documentos de las diócesis y sacerdotes donde NIEGAN algunas informaciones del Gran Jurado. En la p. 4 de estas Responses se afirma que el caso de Benestad es falso, que él se retiró dos años antes de la primera denuncia, que fue investigado por la diócesis, y encontrado inocente.
            Te pone lo de mentir ,eh?

      2. De acuerdo con Desidereo.
        Propongo un ejercicio de reflexión:
        Imaginemos que se consigue pasar por un tamiz y sacar a los homosexuales fuera de la Iglesia y que no entren más.
        Y ahora Imaginemos que hay un nuevo Papá más conservador.
        Auto-pregunta: ¿Cuánto se reducirán los abusos y cómo sabremos que no hay encubrimiento?
        Ahí lo dejo.

        1. Creo que el único modo para limpiar la Iglesia, si hay auténtica voluntad, es solicitando de manera firme por parte de los laicos que se descalifiquen los documentos confidenciales en poder de la Santa Sede. Sea quien sea el Papa que esté en ese momento, es lo de menos.

          1. Completamente de acuerdo, María Dolores.

            Desclasificar los papeles, y que salga toda la porquería, y que cada palo aguante su vela. Como en Pennsylvania.

            Podrían dejar entrar en los obispados a los periodistas, con la condición de publicar únicamente lo relacionado con el tema de la pedofilia. ¿Qué mal puede venir de decir la verdad? Si no hay nada… la Iglesia quedaría limpia. Si se encuentra algo, se podría limpiar la Iglesia.

            ¿Qué chico va a querer entrar en el seminario con este panorama?

  4. Genial lo de Müller, pero no quiero dejar pasar esto: “Añade que durante la conferencia, el profesor Dreßing -director del reciente estudio sobre los abusos sexuales en Alemania en el que proponía, en sus conclusiones, admitir a los homosexuales al sacerdocio-“. Traducción: es equivocado poner agua en las mangueras de los bomberos, lo adecuado es la nafta. Que también puede leerse como: “Si algo no es contradictorio, es falso”. Esto sólo se arregla, me parece, con los psicofármacos apropiados.

  5. Claro, cuando sirve para pegarle a la Iglesia sólo hablan de la sexualidad, pero cuando se va a la raíz del asunto, y quedan maltrechos los sacrosantos postulados progres, es la Iglesia la que, en medio del mayor escándalo de abusos sexuales de todos los tiempos, tiene “obsesión” con la sexualidad. La obsesión con la sexualidad la tienen las izquierdas que ya archivaron la reforma agraria y las reivindicaciones de los trabajadores para pasarse todo el día hablando única y exclusivamente de la pelvis, tal como se lo mandan sus amos y señores actuales del Nuevo Orden Mundial, los supercapitalistas supermillonarios.

  6. Los homosexuales son libres de hacer lo oue ouieran y hay oue tratarlos con respeto,otra cosa muy diferente es la iglesia oue es muy libre de elegir a ouien ouiera,asi oue esta claro con esto oue los homosexuales no deven de estar en el clero

      1. Según un amigo de una amiga… que estuvo a punto de ordenarse, un 50% de sacerdotes se saltan el celibato… eso me dijo.

        Pero, de nuevo, NO se lo digo yo. Yo soy el mensajero. Quien se lo dice es el informe John Jay en EEUU, el informe del gran jurado en Pennsylvania, las investigaciones en Chile, la investigación de la Iglesia en Alemania, la porquería que salió a la luz en Irlanda, Australia…

        ¿Ha hecho usted números? Hágalos, y hágalos bien. Y luego venga aquí y me cuenta sus números, y los discutimos.

        El John Jay dice que un 4% (página 4):

        www . usccb . org/issues-and-action/child-and-youth-protection/upload/The-Nature-and-Scope-of-Sexual-Abuse-of-Minors-by-Catholic-Priests-and-Deacons-in-the-United-States-1950-2002.pdf

        Esa cifra, un 4% es una BARBARIDAD.

        ¿Por qué está mal esa cifra? Pues porque cuenta los casi 110 mil sacerdotes “vivos” en el periodo 1950-2002.

        1. Repito, Alejandro: No se lo digo yo. Se lo dice el informe John Jay. Si prefire usted meter la cabeza en un agujero, usted mismo… ¿De qué tiene miedo? ¿Tiene miedo a LA VERDAD?

  7. ¿Y por qué motivo no se pueden contar TODOS los sacerdotes vivos entre 1950 y 2002?

    Pues porque un sacerdote que en la década de 1930 abusó de un chaval, y murió en 1955, aparece en el informe como “limpio” cuando NO lo está. ¿A que es fácil de enteder ésto?

    ¿Qué cuenta se debe hacer entonces? Pues en principio 50 años es el tiempo de vida activa media de un sacerdote. Luego si en 50 años de 40 mil sacerdotes abusan 4 mil abusos, en otros 50 años de otros 40 mil sacerdotes abusarán otros 4 mil. Fácil, ¿verdad? Y la incidencia sería de un 10%.

    Pero en realidad también esa cuenta se quedaría corta. ¿Por qué motivo? Pues porque las víctimas tardan unos 20 años en denunciar… tras superar el trauma, las drogas y el alcohol, los que sobreviven, y consiguen rehacer su vida y reunir valor… denuncian. Por eso el número baja a casi 0 entre 1980 y 2002 (página 28). Fácil.

    ¿Cuál es la cuenta correcta entonces?

    1. Pues porque un sacerdote que en la década de 1930 abusó de un chaval, y murió en 1955, aparece en el informe como “limpio” cuando NO lo está. ¿A que es fácil de enteder ésto?

      TROLLÓN TROLOON. Lo de la presunción de inocencia era verde musgo y te lo fumaste, no?

    2. Mentira gorda. Las victimas tardan en denunciar lo que tardan. Trollete, a ver si te lees el informe John Jay de una vez, p. 89, figura 5.2.1.

      Trollón, Trolón.

  8. La cuenta correcta son 400 sacerdotes pedófilos al año entre 1970-1980. Eso es así como el 50% de los ordenados, ¿verdad?

    Ésto, NO se lo digo yo, ni monedero, ni el coletas. Se lo dice la propia Iglesia Católica.

    Esa cifra coincide con Pennsylvania, Boston, Irlanda, Chile, Australia, Alemania… etc…

    ¿Ha visto usted esos datos? Entre el 20% y el 50%… sistemáticamente. Son los datos. Lo siento.

  9. El porcentaje de homosexuales en el clero no es una realidad fruto del azar sino que está inflado artificialmente ya que, en cierta medida, obedece a la acción de la infiltración masónica admitiendo al seminario a personas no aptas, a modo de bombas de relojería, para dejar a la Iglesia expuesta a chantaje y postrada ante el mundo. En muchos homosexuales su tendencia antinatura acarrea conflictos internos y un desarrollo psicológico que los hace más vulnerables a caer en comportamientos reprobables, como los que han desatado esta crisis en la Iglesia. O asumimos la realidad, por muy políticamente incorrecta que sea, y se toman medidas drásticas para filtrar el acceso a los seminarios o la Iglesia no saldrá del abismo.

    1. ¿Podría usted citar una de esas medidas drásticas para evitar que los homosexuales entren en los seminarios? ¿Y qué hacemos con todos los curas homosexuales que ya hay?

  10. Por favor lean el punto 199 de la El Don de la vocación presbiteral – Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis de 2016 de la Congregación para el Clero, este Pontificado, dice “Personas con tendencias homosexuales. 199. En relación a las personas con tendencias homosexuales que se acercan a los Seminarios, o que descubren durante la formación esta situación, en coherencia con el Magisterio CATIC 303, «la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay. Dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas»304.

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