El Cardenal Schönborn confía en llegar a ordenar diaconisas

El Cardenal Schönborn confía en llegar a ordenar diaconisas

En un comentario en Twitter, posteriormente eliminado, el arzobispo de Viena, Cardenal Christoph Schönborn, ha expresado su esperanza de llegar a ordenar mujeres diáconos o diaconisas, una cuestión ya planteada por el Santo Padre en 2016.

«Tengo una fuerte relación con mis sacerdotes y diáconos», escribía desde su cuenta de Twitter el arzobispo de Viena. «Pronto volveré a ordenar diáconos. Una gran alegría. Tal vez un día ordene mujeres como diáconos… ¡Queridos sacerdotes, tened valor para el trabajo en equipo! En el trabajo juntos, la confianza es lo esencial».

El tuit ha sido borrado, imaginamos que no se ha considerado el momento más oportuno para reabrir esta cuestión ni el modo más oportuno de hacerlo, pero la opinión de Schönborn sobre el diaconado femenino es sobradamente conocida y de larga data.

Ya en mayo de 2016, el propio Papa, en un encuentro en el Vaticano con superioras de órdenes religiosas prometió la creación de una comisión que estudiara el asunto, recordando que hay constancia de diaconisas en la Iglesia primitiva. En declaraciones posteriores recogió velas, matizando la cuestión.

En abril, Schönborn dijo que solo un futuro concilio podría decidir sobre la ordenación femenina, para luego, de nuevo, echar marcha atrás y «quedarse» meramente con las diaconisas que, después de todo, ya han existido en la Iglesia.

El problema es la palabra. El Orden Sacerdotal, uno de los siete sacramentos, aunque es uno, reconoce tres grados, de los que el episcopado es la perfección del mismo. El más bajo y primero es el diaconado, que no permite la administración de los sacramentos, que corresponde al presbítero, segundo grado, y que pueden ser varones casados. Pero, en todos los casos, se trata de un sacramento, el sacramento del Orden.

Y aquí viene el problema: que las ‘diaconisas’ que aparecen en los primeros siglos del cristianismo probablemente no tenían mucho que ver con lo que hoy se entiende por un diácono. Recordemos que el primer idioma oficial de la Iglesia fue el griego, lo que se prestaba a malentendidos porque todos los conceptos ‘técnicos’ de nuestra fe tienen en su idioma original otro significado, secular. Así, ‘diokonos’ significa en griego sirviente o asistente, igual que ‘episkopos’ significa literalmente ‘supervisor’; al pasar al latín y conservarse estos nombres, la ambigüedad se eliminó.

Es decir, ¿eran las célebres ‘diaconisas’ equivalentes a los actuales diáconos, o más bien asistentes de los clérigos, con funciones no bien conocidas? ¿Exigía su misión la recepción de un verdadero sacramento, o un mero sacramental, una bendición especial?

Este parece ser el caso, de modo que si se reinstituyeran las famosas ‘diaconisas’, estas no estarían ocupando el primer grado del único Orden Sacerdotal, sino una función diferente con diferente carisma, no sacramental. De hecho, el Papa San Juan Pablo II se encargó de modo expreso de definir como infalible que la condición de varón es imprescindible para recibir el sacramento del Orden Sacerdotal.

Pero en un magisterio ‘líquido’, distinto de la roca que ha sido a lo largo de toda su historia, es poco probable que ni el pronunciamiento más solemne impida a los prelados ‘renovadores’ vuelvan a plantear lo que se pretendió fijado para siempre con la autoridad del mismo Cristo.

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