Estimado Señor Arzobispo.
Después de que ayer no quiso atender mi llamada, a pesar de que le transmití la extremada gravedad de la situación, me sorprendió su parsimonia para conocer el escándalo del que quería advertirle. Pero hoy la tristeza se ha convertido en desolación.
Realmente parece que no atendió nuestra llamada simplemente porque ya sabía lo que le íbamos a contar. Y por eso esta mañana, en vez de poner remedio al grave problema del seminario, se ha dedicado a intentar descubrir quién había llamado a INFOVATICANA para «cazar al topo». Y dejar suelto al lobo, claro.
¿Siguen los tiempos del encubrimiento?
Terrible, Su Excelencia. Terrible.
Un cordial saludo
Gabriel Ariza Rossy