JD Vance recuerda una obviedad olvidada: el prójimo es el próximo

JD Vance recuerda una obviedad olvidada: el prójimo es el próximo

JD Vance, senador y ahora vicepresidente, ha tenido que recordarle al mundo un principio elemental de la moral cristiana que muchos parecen haber olvidado: la caridad tiene un orden.

En una entrevista reciente, Vance explicó que «hay un concepto cristiano según el cual amas a tu familia, luego amas a tu prójimo, luego amas a tu comunidad, luego amas a tus conciudadanos y, después de eso, das prioridad al resto del mundo. Gran parte de la extrema izquierda ha invertido completamente eso».

En tiempos de confusión moral, en los que el sentimentalismo ha sustituido a la razón y la ideología a la realidad, parece necesario recuperar esta enseñanza tan básica. La caridad cristiana, lejos de ser un universalismo etéreo, parte de una estructura concreta: primero la familia, después la comunidad y finalmente el mundo. Y esta jerarquía no es arbitraria ni egoísta, sino que responde a la naturaleza misma del ser humano.

El prójimo no es el mundo entero

La palabra «prójimo» significa literalmente «el próximo», el que está cerca. Sin embargo, en la deriva ideológica actual, el término se ha desfigurado hasta significar cualquier persona en cualquier parte del planeta. Como resultado, los deberes hacia los cercanos han sido sacrificados en nombre de un amor abstracto y globalizado.

Este fenómeno se manifiesta de múltiples formas: se pide a las familias que renuncien a su bienestar por «solidaridad» con desconocidos, se promueve la inmigración masiva sin atender las necesidades de los ciudadanos locales, y se exige a los países que asuman responsabilidades globales mientras sus propios ciudadanos sufren pobreza y abandono. En esta visión invertida, quien se preocupa primero por su hogar es tachado de egoísta, mientras que quien ignora a su familia en favor de una causa distante es alabado como altruista.

La jerarquía natural de la caridad

La enseñanza cristiana ha sido clara al respecto durante siglos. Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, explica que la caridad debe comenzar por los más cercanos. No porque los demás no importen, sino porque el orden natural de las cosas lo exige. No tendría sentido que un padre descuidara a sus hijos por ayudar a desconocidos, o que un gobernante arruinara a su pueblo en nombre de una filantropía mal entendida. La caridad bien entendida no es renunciar a ayudar a otros, sino saber a quién corresponde ayudar primero.

JD Vance simplemente ha recordado este principio, pero su afirmación ha resultado revolucionaria en un mundo donde la confusión es la norma. Su crítica a la izquierda no es solo política, sino profundamente filosófica: la inversión del orden de la caridad es una inversión del sentido común y de la moralidad cristiana.

El peligro del universalismo desencarnado

La izquierda contemporánea ha convertido la solidaridad en un concepto desarraigado, desligado de cualquier compromiso concreto. Se exige «acoger» sin límite mientras se ignoran las consecuencias para los propios ciudadanos; se promueve la redistribución de recursos mientras las familias trabajadoras se empobrecen; se priorizan los intereses de grupos lejanos antes que los de la propia nación. Todo esto bajo la premisa de un «amor al prójimo» mal comprendido.

Pero la realidad es que no se puede amar al lejano sin amar primero al cercano. No se puede salvar el mundo si se destruyen las bases de la propia comunidad. Y no se puede construir una sociedad justa si se parte de premisas desordenadas.

Conclusión: recuperar la caridad bien entendida

JD Vance no ha descubierto nada nuevo, pero ha recordado algo esencial. El prójimo no es un concepto abstracto, sino el próximo. La caridad no es una consigna ideológica, sino un deber concreto. Y el orden en el amor no es un capricho, sino la clave para que la justicia y la solidaridad no se conviertan en trampas autodestructivas.

Si Occidente quiere recuperar su estabilidad, primero debe recuperar su sentido de la caridad bien entendida. Como bien dijo Vance, es hora de dejar de invertir el orden natural de las cosas.

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