El motu proprio Traditines custodes que restringió la celebración de la Misa tradicional dentro de la Iglesia católica sigue generando más problemas que soluciones.
Desde que salió a la luz esta restricción al Vetus Ordo en julio del 2021, la Santa Sede ha logrado a base de censuras y prohibiciones despertar en más católicos -especialmente entre gente joven- un especial interés por la Misa tradicional en latín.
Unidad y diversidad son dos conceptos repetidos hasta la saciedad por aquellos que defienden las restricciones a la Misa tradicional. Durante todo este proceso sinodal, hemos escuchado en reiteradas ocasiones que en la Iglesia caben «todos, todos, todos» y que esto no va de uniformizar a todos los católicos. Estos últimos años se ha ensalzado el valor de la diversidad desde un punto de vista controvertido, pero la realidad es que estos discursos solo se siguen en ciertos ámbitos.
En la Iglesia existe una gran variedad de carismas que sí que representa esa verdadera riqueza eclesial que permite a muchos acercarse a Dios a través de sensibilidades distintas, pero siempre dentro del camino marcado por la Iglesia. ¿Por qué ahora está obsesión por prohibir y arremeter contra las comunidades católicas que sientes especial devoción por la Misa de siempre? ¿No quedamos en que caben «todos, todos, todos» o es solo un mensaje dirigido para aquellos que están fuera de la Iglesia? ¿Por qué tanto afán por perseguir a los de dentro y ponerles zancadillas y en cambio se afanan por ir a las periferias a buscar a los alejados? ¿No merma esto la credibilidad de la Iglesia?
Son preguntas que se hacen muchos católicos que tratan de vivir su fe dentro de la Iglesia católica y en comunión pero que a su vez tienen que padecer los ataques furibundos de la alta jerarquía eclesial que los maltrata y menosprecia con el único fin de ahogarlos para que pasen por el aro dejando a un lado la diversidad, la sinodalidad, la pluralidad y todos esos mantras que repiten cansinamente.
Prohibiciones en Estados Unidos y Australia
En estos últimos meses, les hemos ido contando como desde el Dicasterio del Culto Divino -que dirige Arthur Roche- se han emitido varias restricciones de la Misa tradicional en varias catedrales que se llenaban para asistir a Misa por este rito.
En junio de este año el arzobispo Vittorio Francesco Viola -secretario del Dicasterio del Culto Divino y la disciplina de los sacramentos- envió una carta al arzobispo de Melbourne, Peter Andrew Comensoli, para comunicarle que no se renovaba el permiso para seguir celebrando la Misa tradicional en la catedral de Melbourne.
En esa carta, el arzobispo Viola dijo que «no parece apropiado que la liturgia previa se celebre en el lugar que debería servir de ejemplo para la vida litúrgica de toda la diócesis. La Catedral es el primer lugar donde la celebración de la liturgia debe utilizar los libros litúrgicos vigentes, que constituyen la expresión única de la lex orandi del Rito Romano».
En el mes de octubre llegó una nueva prohibición de este Dicasterio. En este caso se decidió suprimir la Misa Tradicional en la catedral de Santa Rosa, California, obligando a los feligreses a buscar una nueva ubicación para la Misa Vetus Ordo. De nuevo, la carta iba firmada por el secretario del Dicasterio para el Culto Divino, el arzobispo Vittorio Francesco Viola.
Esta misma semana les hemos informado también de la última restricción de este Dicasterio a la Misa tradicional. La celebración de la tradicional misa en latín en la Catedral de la Inmaculada Concepción en Tyler, Texas, la diócesis anteriormente dirigida por el obispo Joseph Strickland, finalizará a partir del 30 de noviembre.