No, Argüello, la violencia no es siempre injustificable

No, Argüello, la violencia no es siempre injustificable

El reciente mensaje de Mons. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, ha causado revuelo en redes sociales y entre algunos católicos. En su tuit, Mons. Argüello condena la rabia contra Sánchez argumentando que «nada justifica la violencia». Aunque esta afirmación pueda sonar comprensible en un contexto de llamada a la paz, ¿es realmente acorde con la enseñanza tradicional de la Iglesia?

Desde los primeros siglos del cristianismo, muchos teólogos y santos han profundizado en el concepto de violencia justificada, estableciendo una diferencia esencial entre la violencia injusta y la legítima defensa o la lucha justa. De hecho, figuras como Santo Tomás de Aquino y San Agustín de Hipona han abordado extensamente la cuestión de la «guerra justa» y las circunstancias bajo las cuales el uso de la fuerza puede ser moralmente permitido e, incluso, necesario.

Tomás de Aquino y la teoría de la guerra justa y San Agustín y el orden de la paz

Santo Tomás de Aquino, en su obra «Summa Theologica», establece los criterios bajo los cuales una guerra puede ser considerada justa, legitimando el uso de la fuerza en situaciones donde esté en juego la justicia, la defensa de los inocentes o el bien común. Para el aquinate el acto violento en sí mismo no es el problema; el problema radica en la intención detrás de la acción y en las circunstancias que la rodean. Por tanto, la violencia podría ser una herramienta lícita en defensa de valores superiores.

Siguiendo esta línea, San Agustín explicó que, en un mundo caído, la violencia puede ser necesaria para mantener el orden y defender la paz verdadera. Según él, el Estado tiene el deber de proteger a sus ciudadanos, y en ocasiones, esto puede requerir el uso de la fuerza. Este principio se extiende a los fieles en situaciones donde la defensa de la fe y de la justicia están en peligro.

La moral católica y la autodefensa

La Iglesia Católica ha enseñado que la autodefensa es un derecho legítimo. El Catecismo de la Iglesia Católica, en su sección 2263-2267, reconoce el derecho de las personas y las naciones a defenderse, e incluso menciona que aquellos en posiciones de autoridad tienen la obligación de proteger a los ciudadanos, lo que incluye el uso de la fuerza si es necesario.

Mons. Argüello parece apelar a una noción de paz que, aunque fácilmente vendible, no representa la doctrina católica sobre el tema de la violencia y la justicia. La condena absoluta de la violencia, sin hacer distinciones, puede llevar a una simplificación que ignora siglos de reflexión teológica y la realidad de un mundo donde, lamentablemente, existen situaciones que requieren defensa activa.

Está bien, seguro, que en momentos de tensión los líderes eclesiásticos llamen a la paz y a la unidad. Sin embargo, es también fundamental que la jerarquía de la Iglesia recuerde y haga referencia a la doctrina completa y profunda que la misma Iglesia ha enseñado. La justicia no es contraria a la paz, y la defensa de la Verdad es también una forma de amor.

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