El obispo emérito de Tyler, Joseph Strickland, purgado por el Papa Francisco en noviembre del 2023, ha salido al paso de algunas acusaciones falsas e infundadas contra él.
Siempre hay quien confunde la crítica honesta y claridad de ideas con supuestos delirios que sirven para encasillar y tratar de desacreditar a quien habla.
Algo así es lo que le está ocurriendo al obispo Strickland quien en sus últimas cartas pastorales no se ha separado ni un ápice de la doctrina católica, pero que sus críticos aprovechan para colocarlo en posiciones alejadas del catolicismo para restarle importancia a las cosas que dice.
Tal es así, que el propio Strickland ha reiterado que durante este tiempo él se ha limitado a «defender fielmente a la Iglesia Católica y defender el Sagrado Depósito de la Fe». Esto ha provocado que «un pequeño número de personas han comenzado a etiquetarme falsamente como sedevacantista».
El obispo emérito de Tyler, en Texas ofrece la siguiente explicación: «sedevacantismo es una afirmación dentro de la Iglesia Católica de que no ha habido un Papa válido desde la muerte del Papa Pío XII en 1958. El término sedevacantista se deriva de la palabra latina sede que significa «asiento» o «silla». y vacante que significa “vacante” o “vacío”. Por lo tanto, los sedevacantistas mantienen la posición de que la Cátedra de San Pedro ha estado vacía durante más de 60 años. La mayoría de los sedevacantistas rechazan las enseñanzas del Concilio Vaticano II y, por lo tanto, creen que tras los cambios implementados a raíz del Vaticano II, el Sacramento del Orden Sagrado ya no es válido. Por lo tanto, según esta creencia errónea, cualquier sacerdote u obispo ordenado utilizando los ritos reformados posteriores al Vaticano II no es un sacerdote u obispo válido. Eso me incluiría a mí, así como a una gran mayoría de todo el clero católico de la Iglesia actual».
«Quiero dejar claro que no soy ni he sido nunca sedevacantista, como debería saber la mayoría de las personas que han leído mis cartas pastorales. Amo a la Iglesia y tengo el mayor respeto por el oficio del Papado—el Vicario de Cristo», zanja monseñor Strickland.