El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, ha aceptado la invitación para hablar en el controvertido y hermético encuentro del Club Bilderberg, que ha tenido lugar a principios de este mes, para transmitir la enseñanza de la Iglesia a un grupo de personas que, de otra manera, no tendrían oportunidad de conocerla, ha dicho un oficial del Vaticano al Register.
Este oficial, que ha hablado desde el anonimato, ha dicho que los organizadores italianos de la reunión insistieron en extender una invitación para que participara en el evento de este año, que ha tenido lugar en Turín del 7 al 10 de junio, el cargo del Vaticano más importante después del Papa Francisco.
«El cardenal decidió tomar parte en la reunión después de que los organizadores italianos le invitaran insistentemente hace seis meses», ha explicado el oficial. «Reflexionó sobre ello durante mucho tiempo y, después de consultarlo con las personas adecuadas, decidió ir».
Los temas clave de debate en esta 66 edición de la reunión del Club Bilderberg incluían «el populismo en Europa», «el desafío de la igualdad» y «el mundo en la era de la ‘pos-verdad'».
Iniciadas en 1954 en el Hotel de Bilderberg en Oosterbeek, Holanda, las reuniones del Club Bilderberg son causa de controversia debido a su naturaleza hermética y su supuesta agenda globalista, que según los críticos tiene como objetivo las fronteras abiertas y la gobernanza global.
Pero los organizadores transmiten la idea de una organización positiva en la que políticos, hombres de negocios, estudiosos y medios de comunicación se reúnen para «fomentar el diálogo entre Europa y Norteamérica» sobre las cuestiones principales a las que se enfrenta el mundo.
Los encuentros se realizan bajo la Regla de Chatham House, que establece que los participantes son libres de utilizar la información recibida, pero que no pueden revelar ni la identidad ni la afiliación de ninguno de los oradores o participantes.
La organización, actualmente dirigida por el hombre de negocios francés Henri de Castries, sostiene que la naturaleza privada de las reuniones facilita que los participantes «no se sientan atados a las convenciones de sus cargos o a posiciones acordadas previamente», permitiéndoles así «tomarse el tiempo necesario para escuchar, reflexionar y reunir opiniones», por lo que «no hay consecuencias».
En sus comentarios al Register del 15 de junio, el oficial del Vaticano ha subrayado que Parolin «no había pedido participar» en la reunión, pero que decidió ir tras «amplias consultas». Ha dicho que no sabe por qué los organizadores habían insistido tanto, salvo porque la del Papa Francisco es «una voz importante» en el escenario mundial.
El secretario de Estado vaticano estuvo «poco tiempo, una hora y cuarenta y cinco minutos aproximadamente», durante la cual pronunció un discurso sobre la «doctrina social de la Iglesia», al que siguió un tiempo de preguntas y respuestas.
Obviamente, el Papa estaba informado de la participación del cardenal, ha afirmado el oficial, y también de que el cardenal «era plenamente consciente de la naturaleza controvertida» de la reunión, pero lo que le motivó a ir fue el hecho de que ya había conocido a muchos de los participantes «en otros contextos».
«Ya conocía a algunas de las personas, primeros ministros y demás», ha declarado el oficial.
La existencia de la reunión del Club Bilderberg empezó a difundirse sobre todo a partir de 2010, cuando se creó su website. Hasta entonces, los supuestos participantes habían negado la existencia de este evento anual, aunque la organización afirma que se habían organizado ruedas de prensa en la víspera de cada encuentro «durante décadas hasta los años noventa», pero que al final las suprimieron por «falta de interés».
La cobertura de los medios de comunicación sigue estando prohibida con el fin de fomentar el diálogo, si bien personalidades pertenecientes a los medios han sido invitados a participar en el encuentro.
Personalidades de primer nivel han participado en este encuentro a los largo de los años, incluyendo a Henry Kissinger, George H. W. Bush, Bill e Hillary Clinton, la canciller alemana Angela Merkel, el antiguo primer ministro británico Tony Blair y el antiguo presidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt. Entre las personalidades de los medios de comunicación, este año participan (como en años anteriores), la columnista del Wall Street Journal Peggy Noonan y el editor jefe de Bloomberg TV, John Micklethwait.
El oficial del Vaticano ha restado importancia a la cuestión de la naturaleza hermética de la reunión, afirmando que la Regla de Chatham House es muy conocida y utilizada en otros eventos. «Otras reuniones utilizan la misma regla», ha dicho. La reunión del Bilderberg afirma que los participantes tienen libertad para hablar sobre el encuentro, y lo hacen cada año; sólo se les pide que no se citen entre ellos.
Algunos han especulado que en la reunión de este año el debate se iba a centrar en cómo desbaratar los planes de los movimientos populistas y nacionalistas, cada vez más presentes como demuestran la elección de Donald Trump como presidente, el Brexit o las recientes elecciones en Italia, que han visto a dos partidos populistas acceder al poder.
El oficial del Vaticano ha declarado «que no podía decir nada más» sobre la cuestión, reiterando que el cardenal había ido «sólo para transmitir la doctrina social católica» y para «llevar la voz de la Iglesia a personas que, de otra manera, no la oirían».
A pesar de que el oficial no participó en la reunión con el cardenal, ha afirmado que su discurso y sus observaciones «fueron bien recibidos».
El Register ha contactado con la reunión del Bilderberg para preguntar por qué los organizadores habían insistido tanto en la participación del cardenal y si el propósito era promocionar la agenda globalista, pero no ha recibido respuesta.
Publicado por Edward Pentin en National Catholic Register; traducido por Helena Faccia para InfoVaticana.