Empezamos a contar con balances del 2020 que evidentemente no fue un año como cualquier otro. La Iglesia Católica está viviendo la primera epidemia global de los tiempos modernos y el aire que sopla en el Vaticano es adaptarse a las medidas adoptadas por los gobiernos y pedir el cumplimiento y obediencia a los fieles, en otras epidemias se hacían otras cosas y los ejemplos son numerosos. Las instituciones eclesiásticas han renunciado a actuar como contrapunto a los dictados de los gobiernos y la «Iglesia en salida» se ha cerrado dentro de los imponentes muros de la citta leonina. Hemos visto desaparecer los fundamentos programáticos del pontificado y los viajes se saltan: China, Irak, «su» Argentina, pueden esperar.
La pandemia confina al Papa Francisco en el Vaticano y todo apunta a que los intereses se pretenden centrar en los «Hermanos todos» como la Encíclica para sanar el mundo: «Una brújula en tiempos de crisis y pandemia». El coronavirus no ha cambiado la cosmovisión del Papa Francisco, que insiste en la ecología, los migrantes y el valor secundario de la propiedad. Siguen las lágrimas y los terremotos curiales del Papa Francisco: «Sí a la ley de uniones civiles», el llamado «caso Becciu» estalla en el Vaticano. Pell ha vuelto a Roma y el Vaticano finalmente publica el dossier sobre Theodore McCarrick. La epidemia está sin solucionar y no sabemos si estamos terminando, o empezando, que todo puede ser. El 2021 mira para Alemania, pero pueden aparecer otros frentes y entrar en las prisas del fin de pontificado queriendo hacer tanto prometido y no parido en estos años. El 2020 lo empezábamos con el el inolvidable episodio de manotazo a una perpleja señora oriental en plena plaza de San Pedro, ante la atónita mirada de la cristiandad, lo terminamos con el Papa Francisco bloqueado por la dolorosa ciática.
Valli nos ofrece su reflexión sobre los últimos cambios de mano en los dineros del Vaticano, su conclusión, también la nuestra, es que estamos ante una cortina de humo: «a partir del 1 de enero de 2021 la propiedad de los fondos y cuentas bancarias, de valores e inversiones inmobiliarias, incluidas las inversiones en empresas y fondos de inversión, hasta ahora a nombre de la Secretaría de Estado, se transfiere a la Administración de Activos de la Sede Apostólica que se ocupará de su gestión y administración. Serán sometidos a un control ad hoc por parte de la Secretaría de Economía, que a partir de ahora también desempeñará la función de Secretaría Papal para asuntos económicos y financieros», «la Secretaría de Estado transfiere lo antes posible, a más tardar el 4 de febrero de 2021, todos sus activos líquidos mantenidos en cuentas corrientes a su nombre…»
Valli concluye que «sin la disponibilidad de fondos la Secretaría de Estado pierde el poder, ya no es la oficina central del gobierno, como la imaginaba y deseaba Pablo VI, y pasa a parecerse a un dicasterio como los demás». «Mientras esperamos saber si el caso Becciu alguna vez se aclarará, podemos intentar comprender la lógica de la intervención papal». «El fondo de reserva a disposición de la Secretaría de Estado, querido por Pablo VI, tenía una lógica propia, funcional a las necesidades de la red de nunciaturas». La operación generará problemas y contratiempos dadas las muchas ‘debilidades’ que ya tiene APSA, sin olvidar la presencia, impuesta por el Papa Francisco, de su amigo Zanchetta como asesor. ¿la operación de limpieza es realmente tal o solamente una cortina de humo?
El Vaticano no es capaz de justificar las misteriosas transferencias internacionales de dinero. El organismo de control que supervisa las transacciones internacionales en Australia detectó más de 400.000 transferencias del Vaticano entre 2014 y 2020 por valor de unos 1.400 millones de euros. Es otro de los temas que está salpicando a las finanzas del Vaticano y que no se va a solucionar con la filtración de la sorpresa confesada por un funcionario anónimo. Es evidente que no estamos hablando de los balances oficiales que nos venden como totales y transparentes. Es evidente que la mayoría de ‘superiores’ de órganos financieros no saben donde se encuentran, basta mirarles la cara. Reconocer la incompetencia e ignorancia solamente es posible si va acompañada de las oportunas dimisiones, o asunciones de responsabilidades. Lo del funcionario anónimo vale como pez de abril, como inocentada.
«¿Qué buscáis?»
Buena lectura.
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El enigma de las £ 1.300 millones del Vaticano transferidas a Australia
