Lógicamente, el Pérez, se está refiriendo a la Iglesia Católica, no a él -que podría: la sinsorgada no sería mayor por eso: sería menor incluso y más disculpable-, y para descalificarla -con intención expresa, impresa o a saber-, pero para descalificarla. O para sumarse al prêt-à-porter de la “moda vaticana” más “aktual”, que para algo trabaja en COPE: y no es cuestión de jugar con las lentejas, oigan.
Pues bien. El flamante director de informativos de TRECE y COPE, invitado a la conferencia que abría el Congreso organizado por San Pablo-CEU, y la ACdP, con el título de “Fe en los jóvenes”, se ha despachado con estas otros “perlitas” del mismo perfil que, me parece, no voy ni a recoger porque, aparte de ser una sarta de lugares comunes acuñados todos en los últimos cinco o seis años en el seno de una parte de eclesiásticos más empeñados en vivir su “Fe en los jóvenes” -como proclama el cartel del tal Congreso- que en Cristo -la única que salva: el que crea se salvará; el que no crea se condenará– con esta ya tengo más que suficiente. Y con nauseas.
Noo conozco personalmente a José Luís Pérez: desconozco, por tanto, cuáles son los títulos académicos que ostenta para situarse en esa cima y proclamar: “llevamos dos mil años sin entender a los jóvenes”. Quizá ha hecho un “Sánchez” de urgencia. O quizá es todo un académico especialista en Historia de la Iglesia… Ni idea.
Pero es de lo más falso e insidioso -algo así como una perversa calumnia-, referido a la vida real de la Iglesia Católica en esos más de dos mil años de Historia. Y voy a poner unos ejemplos y dar unos datos.
La Iglesia Católica ha sido la PRIMERA y la ÚNICA institución que durante dieciseis siglos, uno tras otro, se ha dedicado a los niños y a los jóvenes. Desde su educación -para ellos creó las primeras escuelas tras el paso de los bárbaros por Europa, a la sombra de iglesias, conventos y catedrales-, hasta su atención material: para los más pobres y desvalidos entre ellos fueron sus primeras obras de caridad, al día siguiente de Pentecostés, pasando por su atención espiritual…
La Iglesia Católica siempre tuvo presente a los niños y a los jóvenes. Nunca olvidó, sino que fueron una de sus señas de identidad, aquellas palabras de Jesucristo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo estorbéis. Y aquello otro, válido para todos: Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos.
Y esto -Evangelio e Historia real- se lo despacha el Pérez con que la Iglesia nunca ha entendido a los jóvenes. Le debe parecer al flamante director de ¿informativos? que ha sido la Iglesia la que ha puesto en circulación la ¿educación?, las ¿leyes? y el ¿ambiente? propicio para que los críos con 12 años ya estén enganchados al alcohol, las drogas y el sexo. Los políticos y los medios de comunicación, unos santos que no han tenido nada que ver.
Vamos: algo así como afirmar que los proetarras que sacaron el otro día las motosierras para acompañar orquestalmente a los que se manifestaban en Alsasua, amén de otros “signos” más que explícitos, no crispaban en absoluto: los que crispaban e incitaban al odio eran los manifestantes en favor de España, la Guardia Civil, etc. Si lo dice hasta el ministro de ¿justicia? ¡que no va a poder decir un director de informativos…!
¿Cómo se puede largar al aire público tamaño oscurantismo, trufado además de “ayatolismo”? El tal JLP -con sus títulos- se debe creer que un monasterio, por ejemplo, puede aguantar 500 años en el mismo pueblo o ciudad de España sin “entender” a los jóvenes. Debe ser que ahora han cerrado el monasterio porque se les habían muerto todas sus monjas: ¡todas con 500 años! ¡No habían tenido ni una sola vocación en 500 años! Pero habían aguantado como jabatas, eso sí.
¿Y lo de los seminarios llenos a rebosar? Y eso que se pasaba frío y hambre, amén de otros inconvenientes. Y no se iban a hacer nunca ricos siendo curas o frailes: ¡jamás! Ni se iban a casar. Debía ser que entraban engañados como “jóvenes” de hoy…, y no se les entendía ni para la de trés.
El desastre ha venido -lo hemos visto y lo hemos padecido y seguiremos lo padecemos a este paso- en los últimos cincuenta años. Por redondear. Justo cuando sectores que se han constituido en auténticas plataformas de poder dentro de la Iglesia Católica han pretendido -y pretenden- “entender” y “creer” en los jóvenes “desde los jóvenes”: no -nunca más ya: es su apuesta- “desde Cristo”. Y así vamos: no ha quedado casi ni uno, ni de muestra: excepto, eso sí, en las instituciones católicas que permanecen fieles a Él.
Pero claro: hay que ir construyendo la “nueva iglesia”, y poner bien los ladrillos; que quizá no aguanten mucho pero quedan monos. Y para eso hace falta ANULAR la “Iglesia de siempre”: la de Cristo, como “Piedra angular”.
Siempre me asombro -y ya no debería, supongo-, de cómo crece el número de los “stultorum”, por seguir con la Escritura Santa. Crecen y crecen… Duran y duran… Deben ser políticos, jueces o… directores de informativos. Fijo.