The New York Times sentencia: “El Vaticano II fue un fracaso”

The New York Times sentencia: “El Vaticano II fue un fracaso”

Un artículo aparecido en el prestigioso diario estadounidense New York Times explica por qué el Concilio Vaticano II, del que se celebra el 60 aniversario y sirve de referencia constante ante el inminente sínodo, ha sido, objetivamente, un fracaso.

El New York Times, espejo en el que se mira toda la prensa del mundo, no es precisamente católico. Entonces, ¿qué interés puede tener para los fieles que ‘cancele’ el último concilio de nuestra Iglesia? Se me ocurren dos razones.

La primera es que el NYT es la referencia del progresismo occidental, es decir, tiene todas las condiciones para apoyar la deriva modernista que adoptó la Iglesia tras el pasado concilio, la misma que se está acelerando en los últimos años. Esto significa que su veredicto no viene precisamente dictado por oscuros intereses reaccionarios, sino por la evidencia.

Y la segunda es que, hasta cierto punto, el rotativo es lo más cercano que existe a un intérpre fiel del más avanzado pensamiento secular moderno. Si el objetivo expreso del concilio era acercar a la Iglesia al mundo moderno, el mundo moderno es lo que se lee en las páginas del Times.

La sentencia aparece en un columna del converso al catolicismo Ross Douthat, “Cómo los católicos se convirtieron en prisioneros del Vaticano II», donde se subraya la provocadora frase con que hemos titulado este artículo: “El Concilio fue un fracaso”. Y lo explica.

“Este no pretende ser un análisis truculento o reaccionario. El Concilio Vaticano II fracasó en los términos establecidos por sus propios partidarios. Estaba destinado a hacer que la Iglesia fuera más dinámica, más atractiva para la gente moderna, más evangelizadora, menos cerrada, obsoleta y autorreferencial. No consiguió ninguna de estas cosas. La iglesia entró en declive en todo el mundo desarrollado después del Concilio Vaticano II, tanto bajo papas conservadores como liberales, pero el declive fue más rápido allí donde mayor era la influencia del concilio», escribe Douthat.

“La nueva liturgia debería haber implicado más a los fieles en la Misa; en cambio, los fieles empezaron a pasar las mañanas de domingo en la cama y a renunciar a las prácticas de Cuaresma. La Iglesia ha perdido gran parte de Europa a manos del laicismo y gran parte de América Latina en beneficio del pentecostalismo: contextos y desafíos muy diferentes, pero resultados sorprendentemente similares”.

Nada sorprendente aquí, nada que no se haya dicho (siquiera en susurros), aunque solo sea porque es más que evidente para el que no quiera cerrar los ojos a la empecinada realidad. Recuerda a lo que dicen que dijo San Pío X: si abres de par en par las puertas de la Iglesia, los que están dentro saldrán y los que están fuera no entrarán. Eso es lo que vemos ahora en este mismo pontificado.

Los números son abrumadores, los hemos recordado en varias ocasiones anteriores y no los vamos a repetir, pero convencerían a cualquier extraño que mirase la situación con ecuanimidad. Si se tratara, digamos, de una empresa o del mandato de un partido político, pasaría a los anales como un fracaso sonado, tenga uno las ideas que tenga.

“No hay racionalización inteligente, ni esquema intelectual, ni propaganda vaticana sentenciosa -un típico documento reciente se refiere al “sustento vivificante proporcionado por el Concilio”, como si fuera la misma Eucaristía- que pueda eludir esta fría realidad”, confirma el artículo.

Ya no hay nada que hacer, concluye el columnista, y hay que apechugar con el concilio. A nosotros se nos escapa qué traerá el futuro sobre este concilio, y no se nos pasa por la imaginación sugerir cuál podría ser el mejor camino a seguir a este respecto. Sí nos atreveríamos a insinuar que insistir machaconamente a todas horas en algo que ha dado un resultado tan cuestionable quizá no sea lo más conveniente.

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