«Ningún presbítero tiene autorización para seguir celebrando según la liturgia antigua». También prohíben las oraciones, vestiduras o ritos que eran propios de la liturgia anterior.
Ayer conocíamos como un obispo de Puerto Rico iba más allá del Motu Proprio de Francisco, por el que abrogaba el Summorum Pontificum de Benedicto XVI, y decretaba la prohibición de la Misa Tradicional en su diócesis, la de Mayagüez. Hoy, un país entero ha seguido ese camino: Costa Rica.
La Conferencia Episcopal de Costa Rica ha emitido un comunicado a través de Facebook, firmado por el presidente, el vicepresidente y el secretario general del episcopado por el que prohíben la celebración de la Misa Tradicional.
“En estos dos documentos se percibe la más exquisita eclesiología”, escriben los prelados en referencia al Motu Proprio ‘Traditionis Custodes’ y a la carta a los obispos que lo acompaña. “No sólo se recuerda que “Custodios de la tradición, los obispos, en comunión con el Obispo de Roma, constituyen el principio visible y el fundamento de la unidad en sus iglesias particulares”, sino que los mismos textos fueron redactados en esa lógica de comunión. Lo que el Romano Pontífice ha publicado es el resultado de un proceso sinodal en el que también ha participado nuestra Conferencia Episcopal de Costa Rica”, explican los obispos costarricenses.
“En efecto, éste es un tema que desde hace tiempo ha ocupado la atención de los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica. Ha sido reflexionado en los niveles diocesanos, donde cada uno de nosotros ha realizado su propio discernimiento escuchando las distintas voces e inquietudes que se han presentado. Pero también lo hemos tratado de manera colegiada, abriendo incluso nuestras consideraciones a las instancias de la comunión universal de la Iglesia”, continúan.
“Corroboramos que en la Conferencia Episcopal de Costa Rica se han dado las circunstancias que llevaron al Papa Francisco a intervenir en esta temática”, dicen citando el siguiente extracto del motu proprio:
(…) la intención pastoral de mis predecesores, que pretendían «hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo» [12], ha sido a menudo gravemente ignorada. Una oportunidad ofrecida por san Juan Pablo II y con mayor magnanimidad aún por Benedicto XVI para restaurar la unidad del cuerpo eclesial, respetando las diversas sensibilidades litúrgicas, ha sido aprovechada para aumentar las distancias, endurecer las diferencias y construir oposiciones que hieren a la Iglesia y dificultan su progreso, exponiéndola al riesgo de la división.
Como fruto del “discernimiento pastoral” que han realizado “en comunión con muchos otros fieles”, los obispos de Costa Rica están convencidos “de que no hay justificación objetiva para que se emplee entre nosotros la liturgia anterior a la reforma de 1970”.
“Quienes manifiestan afinidad por las formas antiguas no siempre expresan su valoración acerca de la “validez y la legitimidad de la reforma litúrgica, de los dictados del Concilio Vaticano II y del Magisterio de los Sumos Pontífices””, dicen citando Traditionis Custodes.
“Con afirmaciones a veces discretas o comentarios directamente ofensivos ponen en entredicho la “santidad del nuevo rito” (Summorum Pontificum). No buscan la sinergia que daría validez teológico-pastoral a sus preferencias rituales”, añaden los obispos.
“Al quedar “abrogadas las normas, instrucciones, concesiones y costumbres anteriores”, en adelante no se autoriza el uso del Missale Romanum de 1962 ni de ninguna otra de las expresiones de la liturgia anterior a 1970”, decretan los prelados costarricenses. Los obispos dejan claro “que ya ningún presbítero tiene autorización para seguir celebrando según la liturgia antigua”.
“De acuerdo con estas disposiciones, “sean educados los seminaristas los nuevos presbíteros”. Su formación debe estar claramente dirigida a la valoración y práctica de la liturgia repristinada por el Concilio Vaticano II, que es “la única expresión de la lex orandi del Rito Romano””, indican.
“Además, la Conferencia Episcopal de Costa Rica se une al dolor y reprobación que otrora fueron expresados por Benedicto XVI y ahora son replicados por el Papa Francisco: es necesario celebrar según las indicaciones dadas por los distintos libros litúrgicos, de manera que se mantenga el carácter sagrado y cultual, cuya ausencia algunos reclaman con justa razón. Es claro que la liturgia reformada por el Concilio Vaticano II tiene todas las condiciones para elevar al ser humano y fortalecer su vida espiritual, al tiempo que responde de manera equilibrada a las auténticas necesidades antropológicas y culturales del orante de nuestros tiempos. Tan sólo es necesaria una adecuada aplicación de las normas, orientaciones y posibilidades que dan los libros litúrgicos”, señala el episcopado de Costa Rica.
“De manera particular, hoy debemos recordar que nuestra liturgia, celebrada según los libros promulgados por los santos Pablo VI y Juan Pablo II, debe preservarse de cualquier elemento proveniente de las formas antiguas. En nuestras celebraciones no deben introducirse las oraciones, vestiduras o ritos que eran propios de la liturgia anterior a la reforma de 1970”, establecen los prelados.
Costa Rica se convierte así en el primer país en prohibir la Misa Tradicional.