Carlos Osoro descubre con «perplejidad, sorpresa, enfado y decepción» que su jurisdicción tiene límites

Carlos Osoro descubre con «perplejidad, sorpresa, enfado y decepción» que su jurisdicción tiene límites

Los monjes de la Abadía de la Santa Cruz presentaron un escrito de alegaciones al decreto del consejo de ministros para exhumar el cuerpo del general Franco de la Basílica del Valle de los Caídos, según se ha sabido hoy.

Algo lógico, por cuanto el decreto exige al prior, Santiago Cantera, que permita en su jurisdicción un delito de profanación de cadáveres, sin embargo no parece tan lógico para el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, quien no sabemos si directamente o a través de interpuestos ha manifestado al portal Religión Digital sentir «Perplejidad, sorpresa, enfado y decepción» por el hecho de que los monjes hayan ejercitado un derecho «sin pedirles permiso».

El Arzobispado de Madrid emitió un comunicado en el que se señalaba que «como Iglesia no nos compete valorar la conveniencia ni la urgencia de la modificación legal; sí mostrar nuestra efectiva disposición para acoger en terreno sagrado los restos mortales de un bautizado».

Dice Religión Digital, portavoz oficioso del arzobispado, que «el prior, Santiago Cantera, lejos de obedecer el mandato de no hacer nada que le llegó desde la diócesis, y desde el propio Vaticano, ha ido más allá de sus atribuciones y ha liderado un recurso para deslegitimar el comienzo del procedimiento de exhumación del dictador, aprobado por el Gobierno el pasado 31 de agosto».

Y sigue el autor:

El recurso no preocupa al Gobierno pero sí, y mucho, a la diócesis de Madrid, que entiende que la decisión de recurrir es una forma de deslegitimar la postura de Osoro, que no fue informado de la interposición de alegaciones, y que no está de acuerdo en esta nueva vuelta de tuerca de Santiago Cantera.

Desde Roma, no descartan tomar medidas contra el prior, y así lo harán llegar al abad de Solesmes, la autoridad directa del prior, para que retire el recurso o, cuando menos, no vuelva a entorpecer un proceso que ya de por sí se presenta complicado, y que afecta a la credibilidad de la Iglesia.

Es decir, Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, descubre con «perplejidad, sorpresa, enfado y decepción» que su jurisdicción tiene límites, y que la Abadía es jurídicamente autónoma y no está sujeta al arbitrio del cántabro.

Haber estudiado.

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