La mortal persecución de los cristianos en países como Iraq o Siria empieza a provocar reacciones contundentes en la jerarquía católica. El obispo de Imola –norte de Italia–, Tommaso Ghirelli, ha instado a los musulmanes residentes a que condenen sin ambages el terror de los yihadistas o que abandonen el país.
Ghirelli hizo estas afirmaciones en una carta publicada en el semanario diocesano Nuovo Diario Messaggero que recoge el diario catalán La Vanguardia. El prelado exhortó a los musulmanes a “ser hombres de honor” y a rechazar de plano “las persecuciones que están ensangrentando tantas áreas del mundo, sobre todo en Oriente Medio, donde se está verificando un verdadero genocidio”. Era obvio que Ghirelli se refería a la ofensiva de los extremistas del Estado Islámico contra las minorías religiosas.
Según el obispo, si esos musulmanes afincados en Italia no condenan esta barbarie, “deberían tener el coraje de alejarse de nuestras tierras porque nadie quiere tener enemigos en casa”. Ghirelli admitió que el silencio de la comunidad musulmana obedece, a menudo, al miedo. “Sabemos que están atemorizados por los integristas, pero ha llegado el momento de romper el círculo vicioso de los abusados, superando tanto el buenismo como la intolerancia”, enfatizó. Ghirelli hizo también un llamamiento a los políticos para que no permanezcan callados, y apeló a la ciudadanía para que, en estas circunstancias, evite una hostilidad indiscriminada hacia los extranjeros.
El Vaticano y el propio papa Francisco han levantado la voz de alarma durante los últimos meses por lo que está ocurriendo en Siria e Iraq. También lo han hecho a menudo ante los ataques a los cristianos en Nigeria y otros países africanos. La supervivencia de los cristianos en Oriente Medio y en otras zonas del mundo de mayoría musulmana se convirtió, por la fuerza de los hechos, en un tema central del pontificado de Benedicto XVI. El problema aún se ha acentuado más bajo Francisco.
El debate sobre la convivencia con el islam está muy a flor de piel en Italia. El Corriere della Sera le dedicó ayer su comentario de portada. El articulista sostuvo que el terrorismo yihadista y la presencia entre sus filas de musulmanes criados en Europa es un desafío frontal al multiculturalismo, a la idea de que puedan coexistir en las sociedades occidentales culturas muy diversas cuando una de ellas choca con principios básicos que el resto acepta y que el Estado protege.
La inquietud italiana por el auge del yihadismo está ligada a la presión demográfica desde la orilla sur del Mediterráneo. En una entrevista a Il Messaggero, la ministra de Defensa, Roberta Pinotti, dijo que pedirá a la OTAN que se implique mucho más en el control marítimo del sur del Mediterráneo para gestionar mejor la oleada migratoria y evitar que los yihadistas puedan utilizar la vía de las pateras para introducir a sus combatientes en territorio europeo.
Según Pinotti, la agencia europea para el control de fronteras, Frontex, no es suficiente. Italia, con su operación aeronaval Mare Nostrum, tampoco da abasto. La solución es reactivar y extender la misión Active Endeavour que la OTAN puso en marcha tras los atentados del 11-S.