
La pedofilia parece que alcanzó allí sus más altas cotas mundiales. El pueblo, siglos ejemplar en su fe en medio de tremenda persecución, da la impresión de que la ha abandonado multitudinariamente. Aunque con esos obispos y curas no sería sorprendente. Ahora leemos que en el próximo Encuentro de las Familias están invitadas las «familias» gay. Como si fueran una familia católica. No discuto el catolicismo de sus miembros que será posible en algunos casos. Con pecado o sin él. Que todo es posible. Pero eso para la Iglesia no es una familia aunque civilmente pueda serlo. Aunque sea una realidad que la Iglesia debe atender, siempre que ellos quieran y se dejen. Pero no bendecir. A muchos les dará la impresión de que si son invitados a un encuentro católico de familias es que la Iglesia las considera una más de esas familias.
Es un espectáculo más del intento de hacer de la nada cuestión importantísima. Y da la impresión de que con pretensiones socavadoras de la Iglesia. Los divorciados son muchísimos. De entre ellos los que quieren comulgar no creo que lleguen ni a uno por ciento. Ala inmensísima mayoría les trae sin cuidado la Iglesia y la comunión. No pisan ni la una ni la otra. Y para ese escasísimo uno por ciento hay atenciones pastorales que la Iglesia desde hace muchos años no ha rehuido. Y en casos hasta con comunión. Antes del caos que ha supuesto la Amoris Laetitia.
Pero si la insignificancia numérica de los divorciados católicos es notable. la de los matrimonios gays catolicísimos debe ser un cero con varios ceros detrás de la coma. Pues esa nadedad ha sido invitada, no tengo claro si por el episcopado de Irlanda o sólo por un obispo penoso, a acudir al Encuentro Católico de las Familias como una familia más.
Me parece lamentable y un síntoma trágico de lo que se ha convertido aquella nación antes tan gloriosamente católica. Ejemplarmente católica.
Si una familia gay, que en pecado o sin él actualmente, quisiera asistir a ese Encuentro no tendrá el menor problema. Y ojalá le sirviera para vivir la religión. Pero lo de la invitación a la nada me parece que indica que esa Iglesia, si es de todos los obispos, está muy mal. Si es sólo del de Limerick, pues un obispo lamentable se da en todos los episcopados. Los grave es que en algunos sea la totalidad.
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Ah, y el arzobispo de Dublín también me parece una mierda episcopal. Que uno suele decir lo que piensa. De momento todavía no cardenal.
La fotografía con la que ilustro la entrada es la del arzobispo dublinense Diarmuid Martin, Tiene ya 72 años largos. Si llegara a cardenal, que hoy todo es posible pese a tanta indignidad, lo sería con más de 73 o 74.
El de Limerick, Brendan Lehay, tiene sólo 57 por lo que es mucho mayor el tiempo en el que puede hacer daño. Lo nombró obispo Benedicto XVI en los últimos días de su pontificado. Esta es su cara. Aparentemente más simpática que la del de Dublín pero es posible que más peligroso. Y ya es decir.
Creo que los católicos, y no sólo los irlandeses que queden, debemos recordar sus nombres. A los efectos que procedan.