Gambetti confirma ante los canónigos de San Pedro que su salida se anunciará este sábado

Gambetti confirma ante los canónigos de San Pedro que su salida se anunciará este sábado
Mauro Gambetti

El cardenal Mauro Gambetti ha comunicado este viernes a los canónigos del Capítulo Vaticano, en una reunión convocada por él mismo, que mañana, sábado 3 de octubre, la Santa Sede hará público su nombramiento como arzobispo de una diócesis. El purpurado, que compareció con un llamativo vendaje en la cabeza a causa de una pequeña intervención reciente para extirparle un lunar, no quiso pronunciar el nombre de la sede «por respeto al protocolo y al Santo Padre», aunque en Roma nadie alberga la menor duda: se trata de la archidiócesis abruzesa de Chieti-Vasto. Tampoco hizo mención alguna a quién le sucederá como arcipreste de la basílica de San Pedro, según relata el vaticanista de Il Tempo Francesco Capozza en su cuenta de X, información que recoge también la prensa de los Abruzos, como Abruzzo Popolare.

La noticia pone fin a meses de rumores y confirma lo que el propio Capozza venía anunciando desde hace tiempo. El pasado martes 30 de septiembre, el periodista romano aseguraba en X que la remoción de Gambetti como arcipreste de la basílica vaticana era ya «cuestión de horas» y que el destino era el que él mismo había adelantado meses atrás: Chieti-Vasto, a la que podría unirse también la archidiócesis de Lanciano-Ortona in persona episcopi. Esta mañana, horas antes de la reunión con los canónigos, Capozza volvía a la carga con un mensaje de tono inequívoco: la nominación se publicaría el sábado «salvo sorpresas o ulteriores intentos de aferrarse a la silla», y añadía que el Papa ha decidido enviar a Pescara al actual vicegerente de Roma, monseñor Renato Tarantelli Baccari.

Lo que Il Tempo viene contando desde el verano de 2025

El diario romano fue el primero en vincular públicamente la figura de Gambetti con el descontento del nuevo pontífice. En un extenso análisis publicado el 25 de agosto de 2025 bajo el título «Papa Leone, con la rivoluzione silenziosa comincia (ora) l’era Prevost», Capozza describía la intención de León XIV de desmontar el entramado de jesuitas y franciscanos que Francisco había instalado en el Vaticano, empezando por el arcipreste de San Pedro, «llamado a Roma directamente desde Asís y pasado velocísimamente del sayal a la púrpura». El artículo señalaba que el franciscano, «ampliamente criticado por la gestión apagada de la iglesia más importante de la catolicidad», había sido puesto bajo la lupa del Papa desde las primeras ceremonias celebradas en la basílica, y que tras el relevo de su protegido, el padre Enzo Fortunato, al frente del Comité para la Jornada Mundial de los Niños, el siguiente en salir sería el propio Gambetti. Desde Asís, concluía el vaticanista, llegaba un aviso elocuente: «Aquí a Gambetti no lo queremos de vuelta».

Las críticas se agudizaron en octubre de 2025, cuando un hombre logró burlar la seguridad de la basílica y orinar sobre el altar de la Confesión, reservado al Papa. Il Tempo informó entonces de que León XIV había recibido en privado a Gambetti para manifestarle su «desconcierto» por lo ocurrido y le había ordenado celebrar cuanto antes un rito penitencial reparador. Fue uno más de los episodios sacrílegos ocurridos durante su mandato, en el que la basílica quedó asociada a fallos de seguridad y a una gestión más preocupada por la reorganización administrativa que por preservar el carácter sagrado y tradicional del templo, como recogía InfoVaticana el pasado mes de julio.

Cinco años de tensiones con el Capítulo

El traslado estaba en el aire desde el verano. En julio, el portal AdVaticanum aseguraba, con fuentes vaticanas, que Gambetti abandonaría San Pedro antes de que terminase el verano, y Messa in Latino confirmaba con sus propias fuentes que el destino sería Chieti-Vasto. Aquella información atribuía el malestar a los profundos cambios introducidos por el cardenal en el Capítulo de San Pedro, que alteraron costumbres seculares y el carácter tradicional de la institución, y resumía el sentir de muchos con la observación de una fuente bien informada: el arcipreste había antepuesto la «eficiencia liberal» a la tradición. Entre los motivos de fricción figuraban la pérdida de peso de los canónigos, la gestión del Museo del Tesoro y del personal, y la discutida prohibición de celebrar misas individuales en los altares laterales.

Este mismo viernes, Messa in Latino daba por hecha la publicación de la nómina el sábado y apuntaba una novedad: la unión de Chieti-Vasto con Lanciano-Ortona en la persona del obispo, hipótesis que la prensa abruzesa, como ChietiToday, maneja desde hace días pero que sigue pendiente de confirmación oficial.

Del Sacro Convento a la púrpura y de la púrpura a los Abruzos

Nacido el 27 de octubre de 1965 en Castel San Pietro Terme (Bolonia), Mauro Gambetti es franciscano conventual y fue ordenado sacerdote en el año 2000. Custodio general del Sacro Convento de Asís entre 2013 y 2020, Francisco lo elevó al episcopado el 30 de octubre de 2020 y lo creó cardenal apenas un mes después, con 55 años, lo que lo convirtió en el primer purpurado de su orden desde 1861. El 20 de febrero de 2021 fue nombrado vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, arcipreste de la basílica papal de San Pedro y presidente de la Fábrica de San Pedro, cargos que ha ocupado hasta ahora, según recoge su biografía oficial en la Sala de Prensa de la Santa Sede.

En Chieti-Vasto sucederá a monseñor Bruno Forte, el teólogo napolitano que ha gobernado la archidiócesis desde 2004 y que, superada la edad de retiro, había anunciado su intención de recogerse en un convento de su ciudad natal una vez nombrado su sucesor. El salto de la basílica más importante de la cristiandad a una sede de provincias de poco más de 350.000 habitantes marca, a ojos de buena parte de la curia, la primera gran corrección de rumbo de León XIV sobre el legado personal de su predecesor en el Vaticano. Queda por despejar la incógnita de mayor calado para la vida litúrgica de San Pedro: quién ocupará ahora el cargo de arcipreste y qué suerte correrán las restricciones impuestas por Gambetti en estos cinco años.

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