La tumba de Francisco: el minimalismo pijo de toda la vida

La tumba de Francisco: el minimalismo pijo de toda la vida

Hay quien todavía anda extasiado alabando la austeridad de la tumba del Papa Francisco, recién instalada en las Grutas Vaticanas. ¡Qué gran signo de pobreza!, dicen algunos, entre lágrimas contenidas y suspiros místicos. ¡Qué humildad tan conmovedora!, exclaman otros, que seguramente no distinguirían un decorado de IKEA de una celda cartuja.

Hoy he decidido acercarme a Santa María la Mayor, a ver la dichosa tumba. Seamos serios: lo que estamos viendo no es austeridad evangélica. Es austeridad de decoradora de reformas del barrio de Salamanca. Es esa pobreza escenificada, tan trabajada, tan medida, tan estratégicamente iluminada que uno casi espera que detrás de la lápida brote una cafetería de especialidad sirviendo flat white con avena.

Esa piedra beige, perfectamente pulida, ese «Franciscus» grabado en tipografía cool y sin adornos, esa rosa blanca tirada con estudiada casualidad… Todo grita proyecto de interiorismo de lujo, no pobreza franciscana. La iluminación cenital, calculadamente dramática, no desentonaría en un catálogo de «casas boutique» de 10.000€ el metro cuadrado. Falta sólo el difusor de aromaterapia con olor a sándalo para redondear el «ambiente de recogimiento».

No estamos, pues, ante una austeridad cristiana. Estamos ante una estética: la estética del pobre pero con buen gusto, del despojado pero chic. Es la misma lógica que convierte las sandalias viejas en accesorio de moda por 450 euros o el cántico gregoriano en hilo musical de hoteles boutique en Bali.
Francisco predicó mucho contra la mundanidad espiritual. Y ahora, en su tumba, tenemos el triunfo de la mundanidad estética: minimalismo de catálogo, pobreza puesta en escena.

Que nadie se engañe: no es que la Iglesia haya redescubierto la sencillez evangélica. Es que ha contratado —gratis o no— a algún diseñador hipster para que nos venda como «pobreza de espíritu» lo que es, simplemente, un producto de marketing de alto nivel.

Así que, ante esta tumba, uno no siente tanto la llamada a la conversión como el impulso de preguntarse si estará también disponible en Airbnb Experiences. Eso sí: «sólo adultos responsables», y dress code obligatorio de lino natural y sandalias ecológicas.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando