Una monja italiana conocida por participar en los Consejos de Cardenales con el Papa defiende que el diaconado femenino llegará

Una monja italiana conocida por participar en los Consejos de Cardenales con el Papa defiende que el diaconado femenino llegará

Pico y pala con esmero y sin pausa. Aquellos que tienen una agenda ideológica ya sea con cuestiones LGTB o sobre el papel de la mujer, siguen trabajando en sus planes para imponer su agenda dentro de la Iglesia.

No tienen a nadie enfrente porque los que hablan son purgados y por eso muchos prefieren seguir viviendo a cuerpo de rey escondidos en sus palacios episcopales.

Esta semana tenemos un nuevo ejemplo de como una monja teóloga, promocionada y venerada por el Vaticano, sigue con su propia hoja de ruta, en este caso en defensa del diaconado femenino. Cabe señalar que Sor Linda Pocher, hija de María Auxiliadora y profesora de Cristología y Mariología en la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium de Roma, es una de las mujeres que durante el año pasado acudió al Consejo de Cardenales junto con el Papa Francisco para venderle a los purpurados asesores del Pontífice las bondades de permitir el diaconado femenino dentro de la Iglesia católica.

Ahora, en una entrevista concedida al Corriere del Veneto, esta religiosa ha defendido la idea de Francisco de «desmasculinizar» la Iglesia que consistiría en «dar más espacio a las mujeres y eliminar disparidades».

Sobre el diaconado femenino, Linda Pocher defiende que «las investigaciones sobre la materia muestran que no hay impedimentos teológicos, pero sigue siendo un tema de fuerte polémica, sobre todo a nivel jerárquico donde todavía no hay acuerdo». Aunque no da una fecha concreta sobre cuando cree que esto llegará a la Iglesia, sí confirma que «es un proceso que ya ha comenzado».

Preguntada sobre si algún día llegará «la paridad de género dentro de la Iglesia», la religiosa responde diciendo que «es una cuestión de justicia». Por último, de darse el paso hacia esa dirección, esta teóloga predice que «habrá personas nuevas que se acercarán a la Iglesia y otras que se sentirán molestas y podrían alejarse. Pero es un cambio justo y necesario».

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