A Reneé Ryan, profesora de teología y filosofía en la Universidad de Notre Dame en Australia y ‘madre sinodal’, no le gusta que nos fijemos demasiado en la cuestión del sacerdocio femenino ni, en general, en aspectos particulares debatidos en el sínodo.
«Se pone demasiado énfasis en la cuestión del sacerdocio femenino», aseguró ante los periodistas Renée Ryan, profesora de Oceanía, sobre el Sínodo sobre la sinodalidad.
Ryan subrayó la importancia de «no distraernos con cuestiones individuales, sino preguntarnos qué es lo que realmente quieren las mujeres, como un mayor apoyo a la familia, incluso económico, para no vernos obligadas a elegir entre la familia y el trabajo». La ordenación de las mujeres al sacerdocio no es ciertamente su primer problema». “La igualdad en la Iglesia es unidad en la diversidad”, aseguró, recurriendo a una originalísima fórmula.
En una nota personal, me resulta imposible dejar de señalar, después de haber leído tantos textos, declaraciones y pronunciamientos sinodales, que en situación tan alarmante para el futuro de la Iglesia resalta el uso y abuso de expresiones vagas y biensonantes, sospechosamente cercanas al lenguaje de la demagogia política dominante en el mundo: el «nuevo comienzo», «una evangelización sanadora», «vamos hacia adelante en la sinodalidad», «somos canales activos de la paz», «enriquecidos por la experiencia de la escucha», «las mujeres son elementos dinámicos de misión»…
El contraste con lo que ha sido el lenguaje acostumbrado en Roma, preciso como un cuchillo, no puede ser más notorio.