La tarde de ayer fue muy calurosa en Roma, se recuperó la procesión de Corpus Domini por la Vía Merulana, la que une San Juan de Letrán con Santa María la Mayor. Después de ver como, en los últimos años del pontificado del Papa Francisco, el Papa no celebraba la Misa, ya es una novedad en contar con León XIV presidiendo y celebrando. No solo esto, la procesión del Corpus recupera su formato tradicional, recuperado por el Papa Juan Pablo II después de años de olvido, Roma no es una ciudad especialmente piadosa. Misa ante la fachada de San Juan, sin concelebración y con la vuelta de la cátedra muy visible. Pudimos asistir con gozo a una procesión en la que el Papa León llevaba el Santísimo Sacramento durante todo su recorrido, algo más de seiscientos metros, sin muestra alguna de cansancio. Los portadores del palio cambiaron en varias ocasiones, el Papa con paso firme terminó con la bendición en Santa María con gran serenidad. Un gozo poder ver a una diócesis con su obispo el frente en oración. Visita a la Salus y parada obligada en la tumba del Papa Francisco.
En uno de los pasajes de la homilía, León XIV recordó, citando a San Agustín, que Cristo es «pan que reficit, et non deficit; pan que sumi potest, consumi non potest» : un pan que nutre pero nunca se agota. Es en esta afirmación que la Eucaristía se revela en su verdad: presencia real, sustancial y transformadora. El Papa reiteró claramente el vínculo entre adoración y misión, entre alimento sacramental y testimonio: «Nuestra naturaleza hambrienta lleva el signo de una indigencia que se sacia con la gracia de la Eucaristía».
En el ángelus, el papa León XIV expresó su preocupación por la situación en Medio Oriente y advirtió sobre el riesgo de una espiral de violencia tras el reciente bombardeo de Estados Unidos sobre territorio iraní. “El deber moral de cada miembro de la comunidad internacional es detener la tragedia de la guerra antes de que se convierta en una vorágine irreparable”. “Hoy más que nunca, la humanidad grita e invoca la paz”, ese clamor “no debe ser sofocado por el fragor de las armas ni por palabras retóricas que incitan al conflicto”. “No existen conflictos lejanos cuando está en juego la dignidad humana”, “la guerra no resuelve los problemas sino que los amplifica”.
Seguimos con comentarios a la intervención del Papa León XIV en el jubileo de los gobernantes. En su discurso sitúa la ley natural como punto de referencia para legislar sobre cuestiones éticas, incluidas las relativas a la intimidad personal. Un importante y necesario resurgimiento de la enseñanza de la Iglesia tras años de olvido, finalmente volvemos al derecho natural. El principio del derecho natural había sido recientemente bastante descuidado por el magisterio, mientras que durante algún tiempo incluso ha sido abandonado o transformado por la teología dominante. León XIV habló de la «ley natural, no escrita por mano humana, sino reconocida como universal y siempre válida, que encuentra en la naturaleza misma su forma más plausible y convincente». Citó a un autor precristiano, Cicerón, quien ya había visto esta ley y la describió con estas palabras: «La ley natural es la recta razón, conforme a la naturaleza, universal, constante y eterna, que con sus mandatos invita al deber, con sus prohibiciones disuade del mal […]. No se permite modificar esta ley ni suprimirla en absoluto, ni es posible abolirla por completo; ni podemos liberarnos de ella mediante el Senado o el pueblo, ni es necesario buscar un comentarista o intérprete. Y no habrá una sola ley en Roma, una sola en Atenas, una sola ahora, una sola en el más allá; sino una sola ley eterna e inmutable que regirá a todos los pueblos en todos los tiempos» (Cicerón, De re publica , III, 22).
León XIV: «La ley natural, universalmente válida más allá de otras creencias de naturaleza más discutible, constituye la brújula con la que orientarse en el legislar y actuar, en particular sobre delicadas cuestiones éticas que hoy se plantean de modo mucho más apremiante que en el pasado, tocando la esfera de la intimidad personal». Que la ley se llame «natural» significa dos cosas: la primera es que el hombre la conoce por «connaturalidad» o siguiendo su naturaleza inteligente; la segunda es que para él es espontáneo e inmediato —y, por lo tanto, natural en este sentido— conocerla. Por estas razones, León XIV la considera «universalmente válida, plausible y convincente». Dado que la naturaleza humana en esta fase caída no se posee plenamente, la ley natural necesita dos apoyos: el de una razón capaz de comprender toda la realidad y el de una religión que apoye y purifique este compromiso en momentos difíciles.
No es seguro que la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, que el Papa parece identificar con la ley natural, se base en la concepción correcta de la razón humana o que sea fruto de los reduccionismos de la era moderna. La referencia a lo trascendente es importante —decisiva, en ciertos aspectos— porque la ley natural se refiere a lo inaccesible, pues «no está escrita por manos humanas», y el orden natural del que es expresión nos remite a Dios, no a un trascendente genérico, sino únicamente al Dios único y verdadero, en palabras del Papa Benedicto.
El Papa León XIV ha alentado a los políticos a inspirarse en Santo Tomás Moro como ejemplo perfecto de servidor público: “Durante el Jubileo del Año 2000, San Juan Pablo II indicó a Santo Tomás Moro como un testigo que los líderes políticos debían reverenciar y un intercesor bajo cuya protección colocar su trabajo». “Sir Thomas Moro fue un hombre fiel a sus responsabilidades cívicas, un perfecto servidor del Estado precisamente por su fe, que lo llevó a ver la política no como una profesión, sino como una misión para la difusión de la verdad y el bien». «La valentía que demostró al estar dispuesto a sacrificar su vida antes que traicionar la verdad lo convierte, también para nosotros hoy, en un mártir de la libertad y de la primacía de la conciencia». Junto con su amigo, St John Fisher, obispo de Rochester, ambos fueron encarcelados después de negarse a prestar el juramento adjunto al Acta de Sucesión de 1534 que reconocía a la progenie de Enrique VIII y su amante, Ana Bolena, como los legítimos herederos del trono inglés. Juzgado y condenado por alta traición en Westminster Hall sólo después de que Sir Richard Rich, el Procurador General, afirmara que había dicho, en una conversación con él, que el Parlamento no tenía autoridad para declarar al Rey como cabeza suprema de la Iglesia en Inglaterra. El santo negó la acusación, pero también recordó al jurado: “Debéis entender que, en las cosas que tocan a la conciencia, todo súbdito verdadero y bueno está más obligado a tener respeto a su dicha conciencia y a su alma que a cualquier otra cosa en todo el mundo fuera de Dios”. El día de su ejecución, el Rey le pidió que su discurso final fuera breve, confesó que siempre fue un buen siervo del Rey, pero primero de Dios, las palabras elegidas por Santo Tomás en el cadalso habían sido originalmente de Enrique, quien en épocas anteriores lo había exhortado a menudo a servir a Dios por encima de todo.
El Papa León ha recibido más de una herencia envenenada, parece que el 13 de octubre de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe quiere cerrar el tema Rupnik, con la presencia de Rupnik o sin su presencia. Todo apunta a que seguramente se cerrará con la reducción al estado laico del sacerdote jesuita. El 13 de octubre de 2025 se abrirá el juicio de apelación de Marko Rupnik, el ex jesuita que fue encubierto durante mucho tiempo por su amigo el Papa Francisco pese a que muchos sabían desde hacía décadas que abusó de al menos 30 mujeres. El caso Rupnik es el prisma a través del cual se mide el cambio de fase o la continuidad. Ya hay tensión en el Vaticano por el legado de Francisco, por las responsabilidades de sus colaboradores más cercanos como el Secretario de Estado Pietro Parolin, y por la discontinuidad que el Papa León XIV que nos podría empezar a introducir en una Iglesia aplastada por el peso de sus propias contradicciones, hipocresías y silencio. Otro caso, no menor es el obispo argentino Zanchetta, protegido durante mucho tiempo por su compatriota y muy amigo el Papa Francisco en el Vaticano, y que tuvo que regresar a su país para cumplir su condena por abuso sexual, el clima parece haber cambiado.
Desde hace más de cuatro décadas, el caso sin resolver de la desaparición de Emanuela Orlandi , la ciudadana del Vaticano que desapareció en Roma a los quince años el 22 de junio de 1983, vuelve a la palestra mediática. Esta vez, se habla de las inesperadas declaraciones de un viejo amigo de Emanuela, quien, tras exactamente cuarenta y dos años de silencio y silencio, ha decidido finalmente revelar lo ocurrido en los días previos a la desaparición de Orlandi. «Fue una época en la que estuvimos muy unidos. Paseábamos por Roma, incluso dentro del Vaticano, donde había un espacio donde se podía estar tranquilo. Durante uno de esos paseos, noté que algunas personas me prestaban especial atención. Recuerdo que un día, en esos jardines, un prelado hizo algunos comentarios sobre Emanuela . Ella se acercó a él. Él la abrazó y le dijo: «¡Qué hermosa eres!». Tenía un encanto particular. Tal como yo lo vi, otros podrían haberlo visto también». A pesar de los recientes testimonios que han surgido inexplicablemente tras décadas de silencio absoluto, Pietro Orlandi parece tener poca fe en la implicación directa de Monseñor Marcinkus y retoma la investigación del expediente mantenido deliberadamente en secreto por el Vaticano. Ninguno de los tres pontífices que se han sucedido en los últimos cuarenta años ha logrado esclarecer el misterio, difícilmente podrá hacerlo Prevost.
Los alemanes, algunos de sus obispos y muchos de sus funcionarios son testarudos y no saben muy bien con seguir con lo suyo con el nuevo pontificado. El obispo de Maguncia se opone a la inferencia incuestionable de «verdades eternas». Argumenta que también deben tenerse en cuenta los hallazgos contemporáneos en humanidades. «No tomo una sola frase de la Biblia y digo: Esta es la frase que se aplica incuestionablemente a todos». No se pueden simplemente derivar verdades eternas y atemporales de los pasajes bíblicos sobre la homosexualidad y piensa que siempre deben tenerse en cuenta los hallazgos contemporáneos de las humanidades. Kohlgraf continuó: «Hay sacerdotes abiertamente homosexuales en Alemania, y son buenos pastores».
Tenemos Jubileo de los Seminaristas, programado para el 23 y 24 de junio, está diseñado para quienes se encuentran en proceso de preparación para el sacerdocio. El programa del martes 24 de junio incluye catequesis con el Santo Padre en la Plaza de San Pedro, peregrinación a la Puerta Santa con la posibilidad de recibir el Sacramento de la Reconciliación en las iglesias del Jubileo y la celebración de misas en diferentes idiomas. La noche del jueves 26 de junio una vigilia vocacional en la Plaza de San Pedro junto con obispos y sacerdotes.
El domingo 15 de junio, en la iglesia parroquial-santuario de Płoki, en el sur de Polonia, donde se custodian los restos del beato Michał Rapacz (1904-1946), sacerdote diocesano asesinado a los 41 años por militantes comunistas, se celebró el primer aniversario de su beatificación. Don Rapacz y todos los demás mártires asesinados in odium fidei en los regímenes comunistas europeos siguen siendo «un signo de consuelo de Dios, en un tiempo todavía herido por la violencia y la guerra en muchas partes del mundo y también no lejos de aquí «.
En la Solemnidad del Corpus Domini, mientras la Iglesia nos invita a contemplar el Cuerpo y la Sangre de Jesús, no faltan los comentarios empalagosos, incluso de ordenados in sacris, vaciando la fe en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, sustituyéndola por una visión moralista y sociológica del mensaje cristiano. «No se puede adorar el Corpus Christi y desgarrar el Corpus Hominis»— es una fórmula sugerente, pero profundamente ambigua. Implica que la fe eucarística está subordinada a la conducta ética o al compromiso social, como si la presencia de Cristo dependiera de la coherencia de los fieles o fuera negada por sus pecados. En nombre de la coherencia moral, termina negando la gratuidad de la Eucaristía y su objetividad sacramental.
La procesión del Corpus Christi no es una «ostentación de fuerza », sino una profesión pública de fe en el Dios hecho pan. Convertirla en un problema de «testimonio coherente» y «cuerpos creíbles» equivale a desplazar el centro de la liturgia de Cristo al hombre , de la Presencia al comportamiento, de la adoración a la coherencia. Es el paso de un cristianismo sacramental a uno puramente ético, tanto más peligroso cuanto se disfraza de falsa espiritualidad. La verdadera valentía, hoy como siempre, reside en proclamar sin vacilación que en la Hostia consagrada están verdaderamente presentes el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo. Este es el mayor tesoro que posee la Iglesia, el único que se lleva a las calles con orgullo y humildad. Solo desde esta certeza —no desde lemas, banderas, megáfonos ni retórica vacía— podemos empezar a hablar seriamente de paz. Quien se reconoce amado por Dios hasta el punto de verlo convertido en Pan, tan frágil que incluso puede ser profanado por quienes deberían celebrarlo con amor, debería sentirse interiormente desarmado, conquistado por la misericordia, esta conciencia es la que transforma y pacifica el corazón humano. Nuestra humanidad es frágil, pero la Presencia Eucarística permanece intacta: no somos nosotros quienes la hacemos creíble.
«…con la medida con que midáis se os medirá».
Buena lectura.