Es domingo, Roma languidece, el calor nos va llegando y los cielos se oscurecen presagiando tormenta. La piel de la ciudad trasmite lo que sienten nuestras almas y no se recupera la vitalidad de los tiempos prepandemia y no alcanzamos a ver el fin de esta pesadilla. Ángelus en la plaza, fieles con banderas de Cuba y al fin unas palabras del Papa Francisco, primero Alemania, después Sudáfrica y al fin Cuba, ha costado, habla de momentos difíciles, sobre todo para las familias y pide paz, diálogo, solidaridad y sociedad justa, algo es algo. Sabemos que estamos en las manos de Dios y que todo es para bien aunque nos cueste entenderlo, pero Dios nos ha dado nuestras manos para utilizarlas. El pontificado del Papa Francisco declina con prisas alocadas cayendo en el error de pretender dejar las cosas atadas y bien atadas pensando, pobrecitos, que los que vengan detrás mantendrán sus locuras in saecula saeculorum. El llamado espíritu del concilio vaga sin encontrar cuerpos que lo encarnen, y antes de morir, de desaparecer, está dispuesto a aceptar encarnarse incluso en la piara de Gerasa, camino del precipicio.
Muchos artículos sobre el Motu Proprio Traditionis Custodes, del Papa Francisco que derriba lo que Benedicto XVI había querido con el Motu Proprio Summorum Pontificum, que reconocía la legitimidad y la belleza de la forma litúrgica «antigua». Los que asisten a la misa antigua son despreciados, reducidos a un gueto, apenas tolerados, impedidos de crecer. Los defensores del espíritu del concilio nunca pensaron que el paso del tiempo los fuera borrando del mapa mientras ven crecer lo que tanto odian. Las prohibiciones no suelen dar muy buenos resultados. Benedicto XVI, que celebraba siempre el rito de Pablo VI, supo ver lo que ahora no se quiere ver y ante el crecimiento evidente de la celebración del antiguo rito decidió liberalizarlo. Nadie en su sano juicio puede creer que alguien tendrá un solo segundo de purgatorio por celebrar uno u otro rito, este autorizado o no, pero sí puede comulgar su propia condenación si profana la Eucaristía o maltrata las venerables tradiciones apostólicas. La dignidad en la celebración es lo que se ha perdido y mucho, las improvisaciones, invenciones, deformaciones, desfiguraciones, de esto no se dice nada, se pretende no ver, o viene bien que exista para crear el caos. No cabe duda que ante la vulgaridad de muchas de las celebraciones actuales que justifican todo amparándose en el espíritu del concilio, son muchos los que huyen como la peste y se refugian en espacios libres de tan malignos espíritus.
Se busca la muerte por supresión o extinción, según convenga, ensalzar a Benedicto XVI, para destruir la obra es un monumento al cinismo y a la hipocresía. También la Amoris Laetitia, cita a Juan Pablo II y Tomás de Aquino para afirmar exactamente lo contrario de su enseñanza. Las decisiones tomadas por el Motu Proprio se fundan en la contradicción como motor de la historia: «después del Concilio de Trento, San Pío V también derogó todos los ritos que no podían presumir de una antigüedad probada, estableciendo un único Missale Romanum para toda la Iglesia latina», cuando aquí lo único que no tiene antigüedad probada es la última reforma, que solo pueden probar medio siglo de vida. Volvemos a un régimen de indulto, en el que sacerdotes y fieles deben ser controlados y soportados. La competencia vuelve a manos de los obispos que pueden suprimir los centros donde se celebra en el rito antiguo, pero no podrán erigir otros nuevos.
Benedicto XVI trabajó incansablemente, soportando fuertes resistencias, para que en la Iglesia no hubiera una ruptura interna con lo sagrado para las generaciones antiguas, pretendía que todos aquellos fieles que vivieron el impacto de las reformas, autorizadas o no, de los años setenta, se sintieran como en casa, en la Iglesia, apreciando su fidelidad y seriedad e involucrándolos en un servicio a la Iglesia. Francisco corta cualquier puente con esa herencia, que usa a voluntad, solo para argumentar sus razones, los mete en un gueto, apenas tolerándolos, cuestionándolos e impidiendo que crezcan y se multipliquen.
Burke sale en defensa de estos fieles: «Si bien algunos creyentes pueden tener «ideas equivocadas», los que aman la tradición en general «tienen un profundo amor por la Iglesia y sus pastores» y «no se reconocen de ninguna manera en una ideología cismática o sedevacantista». Si realmente existen situaciones «de actitud o práctica contrarias a la sana doctrina y disciplina de la Iglesia, estas deben ser abordadas individualmente por los pastores de la Iglesia, por el pontífice romano y por los obispos en comunión con él». «dada la drástica naturaleza de la legislación, parecería correcto dar un relato detallado del resultado de la investigación, que también verifique el carácter científico de la propia investigación». Conozco a muchos obispos muy cercanos a los fieles que practican el usus antiquior y a los sacerdotes que les sirven. Espero que ellos también se hayan escuchado a través de la encuesta ”. «Rezo para que los fieles no sucumban al desánimo que necesariamente genera tal dureza, sino que perseveren, con la ayuda de la gracia divina, en el amor de la Iglesia y de sus pastores ”.
Y pasamos el capítulo del escándalo perpetuo en que vivimos. Becciu sabe muy bien, el mismo lo ha hecho, que los juicios del Vaticano empiezan y terminan en la condena de los chivos expiatorios en los medios de comunicación, la sentencia, cuando llegue, será parcial y poco creíble, las penas ya están puestas y solo queda justificarlas de alguna manera. Los procesados ya han sufrido la perdida de sus puestos y carreras antes de contar con hechos demostrados y juzgados, el mismo Becciu puede peder poco más. Al sistema Vaticano le encanta crear enfrentamientos en la prensa entre los implicados, que se tiren los trastos, y así pasar ellos como la sensatez y la moderación. Entendemos que no es plato de gusto para los acusados el ser utilizados como actores involuntarios y mal pagados para cubrir las vergüenzas de otros. Becciu lo sabe muy bien y ahora le toca al otro lado, antes era todo, hoy es un estorbo.
Becciu ha puesto una demanda contra los autores del artículo: «El feudo de Ozieri le costó a la Iglesia al menos 1,4 millones» alegando»distorsiones de la realidad muy graves y difamatorias». Recuerda que “la única acusación formalizada por los Promotores de Justicia, un órgano unilateral de acusación que aún no se ha medido con las defensas ni con la Corte, es el cobro de 225.000 euros, a lo largo de siete años, por parte de Caritas y no la imaginaría de ‘casi 3 millones’ «, se especifica que» estas contribuciones caritativas, no gestionadas por el cardenal sino de forma autónoma por la Diócesis de Ozieri y por la Caritas local, han sido utilizadas en proyectos con vocación social, cuyo mérito pronto tendremos la facilidad de manifestarnos ante la Corte, disipando esas campañas de difamación de una vez por todas ”.
Sigue dando que hablar la prohibición de la congregación del Clero de la práctica terapias reparadoras que muchos católicos han aceptado, incluidos sacerdotes y religiosos. El cardenal Stella invitó a los obispos a investigar a los sacerdotes y seminaristas que habían participado en las actividades de la asociación. El tema es importante porque por primera vez el Vaticano sienta un precedente para otros países y situaciones.
Seguimos con noticias que denotan la descomposición de la importante red de hospitales del Vaticano y de instituciones católicas en Italia. El Fatebenefratelli de la Isla Tiberina es todo un símbolo en Roma y está sobre la mesa la oferta de la Familia Rotelli por 200 millones. Desde Roma a Olbia pasando por Bangui, el Gemelli y sus hospitales, todo se llena de sombras sobre el dinero destinado a los hospitales pediátricos. En el proceso Becciu aparecen dudas sobre el destino del concierto de Baglioni en el Vaticano para recaudar fondos para un hospital en Bangui. El Banbino Gessu es noticia recurrente sobre sus prácticas sin control al ser un hospital que se asienta en territorio vaticano fuera de los estrictos controles de la comunidad europea.
En esta Iglesia cada vez más perdida y confundida, en este declive del pontificado del Papa Francisco, recordamos algunas intervenciones de Joseph Ratzinger, sin duda un hombre del concilio, no así los demás: «Me sentí consternado por la prohibición del misal antiguo, ya que tal cosa nunca había ocurrido en toda la historia de la liturgia. Se dio a sí mismo la impresión de que esto era completamente normal. «Pío V se había limitado a hacer reelaborar el misal romano entonces en uso, ya que en el curso vivo de la historia siempre había sucedido a lo largo de los siglos … sin contrastar jamás un misal con otro. Siempre ha sido un proceso continuo de crecimiento y purificación, en el que, sin embargo, la continuidad nunca se destruyó … Ahora en cambio… «, » la promulgación de la prohibición del misal que se había desarrollado a lo largo de los siglos, desde la época de los sacramentales de la Iglesia antigua, provocaron una ruptura en la historia de la liturgia, cuyas consecuencias sólo pueden ser trágicas … el antiguo edificio se hizo pedazos y se construyó otro».
«Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor.»
Buena lectura.
