Y Aberasturi encantado
También parecen muertos y enterrados los antaño omnipresentes y vocdferantes francisquistas. Ni uno como muestra.
Aquella murga de la Revolución en la Iglesia que no había quien pudiera pararla se ha muertoo sola. Y da la impresión de que incluso la han enterrado. Sin ni siquiera un modestísimo funeral.
Como si todo aquello no le importara nada a nadie.