
La muerte es un fenómeno curioso. Y ante la que todos deberíamos estar preparados. En el transcurso de la vida de todos pasan muchos años en los que salvo hechos excepcionales, yo tuve el muy doloroso de perder a mi padre a los catorce años, pero eso no es lo normal. Luego pasé muchos años en los que se morían los mayores. Ahora también los menores. Como Alfonso Coronel a los 54 años.
Tuve con él una relación siempre escasa pero cordial. No tengo duda de que él me consideraba entre sus amigos como yo a él entre los míos. Sin mayores cercanías. Creo que hizo una gran labor como presidente de la ACdP poniéndola en su sitio. Un infarto fulminante se lo ha llevado ayer. Pues Dios lo ha querido así y Él sabrá por qué.
A mí no me toca más que encomendar su alma a Dios y pedir a mis lectores que quieran que sumen sus oraciones.