Ni un mes le ha dado Francisco de prorroga. Como con Aguer. Pero en este caso todavía peor. Porque por malo que fuera el Trucho, que lo era, el sucesor del arzobispo de Lima es todavía mucho peor.
Lo que ha ocurrido hoy en Perú es impresentable. Llega a la sede primada escoria eclesial. Por breve tiempo, dada su edad, pero en la cumbre de la vergüenza. Nunca un impresentable había podido llegar a más ni la sede primada de Perú a menos. Aunque uno no sabe donde hay más error, si en el nombrado o en quien lo nombra.
Nombramiento que llega en días especialmente convulsos en la Iglesia hispanoamericana, con Francisco en Panamá. Venezuela al borde del caos y la Iglesia no se sabe bien donde está. La de Venezuela, sin duda, en contra de Maduro. Francisco, pensándoselo. Cuando en otras cuestiones ni piensa, lo que debería. Tal vez porque lo de pensar no sea lo suyo.
Ha optado para Lima por lo peor. Benditos, si hubieran llegado, pésimos, Barreto o Cabrejos. Lo de hoy les supera. Me parece una auténtica vergüenza. Para prescindir, ya mismo, de asesores así. Salvo que quiera dejar de manifiesto que son esos los asesores que quiere.
Y a Cipriani, extraordinario arzobispo limeño, cuya inmensa labor van intentar destruir, señalarle que la muerte decretada no se evita con vergonzosos lametazos de última hora, que alguno hubo. Hoy ya ve que fueron inútiles. Iba a por él. Pues a morir dignamente sin lamer el puñal que te acuchilla. Por opusiano que sea. Si lo fuere.
Aunque hoy, en un día triste, de lo que deberíamos hablar es de un pontificado extraordinario al que Francisco, me había vuelto a salir Grancisco, quiso dar fin.