Los ambiguos y enigmáticos mensajes de Francisco sobre el Camino Sinodal

Los ambiguos y enigmáticos mensajes de Francisco sobre el Camino Sinodal

El Papa Francisco ha vuelto a hablar sobre lo que tiene que ser el Camino Sinodal. Ayer recibió en el Aula Pablo VI a los participantes en el encuentro nacional de los referentes diocesanos del Camino Sinodal italiano.

El Papa Francisco se dirigió a los presentes con muchos mensajes abiertos y poco concretos que dan lugar después a diversas interpretaciones con el caos que eso conlleva.

El Pontífice aseguró que «una Iglesia sinodal es tal porque tiene viva conciencia de caminar por la historia en compañía del Resucitado, preocupada no por salvaguardarse a sí misma y sus propios intereses, sino por servir al Evangelio con un estilo de gratuidad y cuidado, cultivando la libertad y la creatividad propias de quien da testimonio de la buena nueva del amor de Dios, permaneciendo arraigado en lo esencial. Una Iglesia sobrecargada de estructuras, burocracia y formalismo tendrá dificultades para caminar en la historia, al ritmo del Espíritu, al encuentro de los hombres y mujeres de nuestro tiempo».

«Necesitamos comunidades cristianas en las que se amplíe el espacio -afirmó Francisco-, donde todos puedan sentirse en casa, donde las estructuras y los medios pastorales favorezcan no la creación de pequeños grupos, sino la alegría de ser y sentirse corresponsables».

Ser una Iglesia abierta

Reconocer al otro en la riqueza de sus carismas y de su singularidad: esto es lo que recuerda Francisco con la esperanza de que la Iglesia se abra a «los que todavía luchan por ver reconocida su presencia en la Iglesia, a los que no tienen voz, a los que sus voces son tapadas cuando no silenciadas o ignoradas, a los que se sienten inadecuados, tal vez porque tienen trayectorias de vida difíciles o complejas». Y, a este respecto, dejando el texto, se queja de que «muchas veces son excomulgados a priori«. Repitió cuatro veces seguidas la palabra ‘todos’, recordando lo que dijo Jesús de ir a la encrucijada y encontrarse con todos.

«Deberíamos preguntarnos cuánto espacio hacemos y cuánto escuchamos realmente en nuestras comunidades las voces de los jóvenes, de las mujeres, de los pobres, de los decepcionados, de los que han sido heridos en la vida. Mientras su presencia siga siendo una nota esporádica en el conjunto de la vida eclesial, la Iglesia no será sinodal, será una Iglesia de unos pocos», agregó el Pontífice.

Una vez más, Francisco no deja de mencionar la autorreferencialidad, que calificó de «una bella enfermedad que tiene la Iglesia». Añade que «el clericalismo es perversión» y que no es menos dañino «cuando entra en el laicado»: entonces, dice, «es terrible».

El Obispo de Roma señaló que «parece que se infiltra, de forma un tanto encubierta, una especie de ‘neoclericalismo de defensa‘, generado por una actitud temerosa, por la queja ante un mundo que no nos comprende más, por la necesidad de reiterar y hacer sentir su propia influencia. El Sínodo nos llama a ser una Iglesia que camina con alegría, humildad y creatividad en este tiempo nuestro, consciente de que todos somos vulnerables y nos necesitamos los unos a los otros».

Además, también subrayó que «el gran peligro de este Camino es el miedo. Formar grupos sinodales en las cárceles significa escuchar a una humanidad herida, pero al mismo tiempo necesitada de redención».

El Sínodo y el Espíritu

«No nos hagamos ilusiones de que el Sínodo lo hacemos nosotros. Es el Espíritu el protagonista», dijo el Papa a pesar de que las síntesis sinodales de muchas Conferencias Episcopales lleven a pensar más bien lo contrario.

El Santo Padre insistió en remarcar que «es Él el protagonista del proceso sinodal: es Él quien abre a la escucha a las personas y a las comunidades; es Él quien hace auténtico y fecundo el diálogo; es Él quien ilumina el discernimiento; es Él quien guía las elecciones y las decisiones. Es Él, sobre todo, quien crea armonía».

Por último, el Papa Francisco animó a que «no tengamos miedo cuando hay desórdenes provocados por el Espíritu, tengamos miedo cuando son provocados por nuestro egoísmo o por el Espíritu del mal«. Con esta última afirmación el Papa legitima el miedo que tienen todos aquellos católicos que asisten atónitos a la deriva de la Iglesia en la que triunfa el egoísmo de pastores y laicos preocupados por meter con calzador programas ideológicos antes que en custodiar el depósito de la fe y vivir esta rectamente.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando