Santidad, confírmenos en la fe

Santidad, confírmenos en la fe

Parolín ha hablado contra la decisión del ‘camino sinodal’ de aprobar decisiones incompatibles con la doctrina de la Iglesia. Pero no es un cardenal quien debe hablar ahora, y mucho menos para limitarse a una ‘crítica’.

La misión del Papa, Vicario de Cristo, no es, como podría pensarse, defender una hipótesis científica sobre el clima, por ‘consensuada’ que esté. Tampoco es elegir buenos y malos en el panorama internacional, y decidir que el destino de los rohingya merecen nuestra movilización y condena, y no tanto el de los uygures; que Trump no era cristiano y Biden sí lo es. Tampoco consiste en diseñar una estructura económica, ni decidir la política migratoria de los estados, ni promocionar un producto farmacéutico llamándolo ‘un acto de amor’, ni conceder más entrevistas a los medios que un autor de moda promocionando su último libro.

Todo eso, y más, puede hacerlo, pero no es su misión. Quizá lo considere una derivación, quizá pueda serlo: pero no es su misión, no es el papel para el que Cristo instituyó el Papado en la persona de Pedro y sus sucesores. Su única misión ineludible, el único papel para el que fue nombrado, es el de gobernar la Iglesia y confirmar en la fe a sus hermanos. Hoy como en el siglo I. Y no su opinión, no su visión de las cosas, sino la fe transmitida por la Revelación a través de la Escritura y la Tradición de la Iglesia. Si hace eso y todo lo demás, ha cumplido. Si hace eso y nada de lo demás, también, tal vez con menor confusión para los fieles. Si no lo hace, no.

El Camino Sinodal alemán acaba de situarse fuera de la doctrina de la Iglesia, en cisma técnico (se proclame o no), al aprobar por abrumadora mayoría un texto que permite -anima a- bendecir todo tipo de parejas sexuales: del mismo sexo, divorciados vueltos a casar, adeptos al concubinato… En este punto no entendemos por qué se ha excluido a los polígamos, pero teniendo en cuenta que la justificación es que ‘se amen’, no vemos qué razón podría haber para no bendecir a los ‘poliamoristas’. Entre los delegados que votaron a favor hubo 38 obispos , mientras que sólo 9 prelados votaron en contra y 11 se abstuvieron.

Y Roma, a esta hora, calla. Es cierto que el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, ha criticado la medida de los alemanes. Con motivo de la presentación del último libro del padre Antonio Spadaro, ‘El atlas de Francisco – Vaticano y política internacional’, ha dicho que “el Camino Sinodal ha tomado decisiones que no se corresponden exactamente con lo que actualmente es la doctrina de la Iglesia ”.

Pero no es Parolin ni ningún otro cardenal quien debe pronunciarse ahora, ni es solo una ‘crítica’ lo que debe hacerse, y mucho menos con motivo de la presentación de un libro. Lo que necesitamos los fieles católicos es que el Santo Padre, de forma solemne, confirme la fe. No es que sea una medida conveniente, sino necesaria, y nadie puede sustituir a Su Santidad en esta misión, que está exactamente para eso. No creemos que sea mucho pedir que un hombre que nos regala diariamente y con profusión sus mensajes con los asuntos más variados y a menudo triviales hable cuando es imperativo que lo haga para confirmar la fe de la Iglesia ante una amenaza tan evidente, ante un desafío tan abierto a la doctrina perenne.

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