“El heredero del gran Rouco” quema su último cartucho ante “el heredero del gran Benedicto XVI”

“El heredero del gran Rouco” quema su último cartucho ante “el heredero del gran Benedicto XVI”

El correspondiente de la Comunidad de Lanceros en Roma ha seguido muy de cerca la fugaz visita del cardenal Osoro, perdón, del “heredero del gran Rouco”, a Roma para hacer de introductor de embajadores de la malograda audiencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y del alcalde de la capital de España, José Luis Martínez Almeida, al papa Francisco, perdón al “heredero del gran Benedicto XVI”. 

Una visita de escasos 35 minutos –vamos, nada- para dos figuras de relieve de la política española, acompañadas cual pegatina por la delegada del Gobierno de Madrid, Mercedes González, de quien nadie sabe nada, ni su nombre. Ni falta que hace. Por cierto, una socialista bastante radical a sueldo de Pedro Sánchez que está ahí para hacerles la vida imposible a Ayuso y a Almeida. 

Al “heredero del gran Benedicto XVI” no se le ocurrió otra cosa que saludar a Almeida refiriéndose a él como “el heredero de la gran Manuela”. Menos mal que la más nefasta y fugaz de los regidores de Madrid no se presenta a las elecciones próximas. El Papa la habría hecho la campaña. Cosas de la finura pontificia. 

El correspondiente de la Comunidad insiste en que Osoro se ha presentado en Roma con este dúo de ases, más una pegatina, para demostrar al Papa, “heredero del gran Benedicto XVI”, que es un hombre capaz de generar encuentro, crear consenso político, un hombre desaprovechado para la historia de la Iglesia. El motivo de la visita era tan baladí como el Año Jubilar de san Isidro Labrador. Un año que pasará a la historia por la nada. No habrá ni una pastoral decente del arzobispo de Madrid. Perdón, pasará a la historia por el empeño de monseñor Martínez Camino por hacer el estudio científico de los restos de san Isidro. Investigación a la que se opuso, con ningún éxito, Osoro.     

No parece que el “heredero del gran Benedicto XVI” estuviera contento en la audiencia. Se le notaba en la cara. Por más que el “heredero del gran Rouco” se empeñara en sonreír, tampoco le salía. Él sabe que el Papa le ha aceptado ya la renuncia, incluso que le ha dado a entender que conviene que descanse. 

Lo que le interesaba al “heredero del gran Rouco” no es tiempo. A estas alturas cada día que pasa es más evidente que no sabe ya qué hacer en Madrid. Lo que le interesaba es influir en el nombramiento de su sucesor. Y ahí está la clave de la fugaz visita, enviar el mensaje al “heredero del gran Benedicto XVI” de que el próximo arzobispo de Madrid debe ser un hombre no de partido, ni de partidos, sino de todos, de los de izquierdas y de los de derechas. Y ese hombre tiene nombre, monseñor de las Heras.    

Nuestro correspondiente en Roma apunta el poco entusiasmo que se notaba en los pasillos vaticanos con el arzobispo de Madrid. Allí ha perdido todo crédito. Sobre todo después de sus últimos aciertos. Por ejemplo, el escándalo en torno a la salida del, sin más matices, responsable de medios de comunicación, Rodrigo Pinedo, o las declaraciones en sede judicial del que fuera interventor áulico de Osoro, Julio Lage, a quien ha destrozado la vida. ¿Habrá hablado “el heredero del gran Rouco” de estos temas en Roma? Quizá lo que ha hecho es lo de siempre, cantar aquella famosa canción: “Ahora qué vamos despacio, vamos a contar … tralará, vamos a contar… ”. 

Un miembro de la Comunidad de Lanceros ha preguntado quién es el cura que acompañó a Osoro en la visita al Papa, que sale tan ufano en los vídeos y las fotos. Que se lo pregunten a monseñor Fidel Herráez Vegas, antiguo obispo auxiliar de Madrid y emérito de Burgos, que ya verá lo que dice y lo que calla. Roma o Madrid ahora sí pagan a traidores. 

Diego Lanzas

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