Tras tres días de furiosos debates, el ‘camino sinodal’ alemán ha aceptado crear un organismo permanente compuesto por laicos y obispos para supervisar la Iglesia local. La vuelta atrás, cada vez más difícil.
Los alemanes están quemando las naves a toda velocidad. Lo último ha sido aprobar por mayoría la creación de un «órgano consultivo y de toma de decisiones», conocido como el consejo sinodal, para «asesorar sobre los principales desarrollos en la Iglesia y en sociedad» y “tomar decisiones fundamentales de importancia supradiocesana sobre la planificación pastoral, las perspectivas futuras y las cuestiones presupuestarias de la Iglesia que no se deciden a nivel de las diócesis”.
Ahora, el Vaticano ya les dejó claro en su día a los alemanes que la asamblea sinodal no tiene poder “para obligar a los obispos y fieles a adoptar nuevas formas de gobierno y nuevos enfoques de la doctrina y la moral”. El documento vaticano añadía que “previo a un entendimiento consensuado a nivel de la Iglesia universal, no sería lícito iniciar nuevas estructuras o doctrinas oficiales en las diócesis, lo que representaría una herida a la comunión eclesial y una amenaza a la unidad de la Iglesia”. Roma, tenemos un problema.