En su encuentro con los jesuitas canadienses durante el reciente viaje al país norteamericano, el Santo Padre explicó su polémico motu proprio contra el rito tradicional afirmando que había que “disciplinar la cuestión litúrgica”.
Los viajes del Papa no pueden agotarse, como materia noticiosa, en uno, dos o tres artículos, y esto no es solo porque la locuacidad papal le empuja a más declaraciones, sobre más asuntos, de lo que puede acumularse en un texto coherente. Está también el hecho de que hay tres ‘espacios’ perfectamente limitados.
Primero está el programa, el viaje en sí, las alocuciones oficiales y los actos de (en este caso) la peregrinación penitencial. Luego, a menudo lo más noticiable, la rueda de prensa en vuelo, de donde han salido casi más titulares extraordinarios que de los discursos formales. Y, por último, la tertulia que suele mantener con los jesuitas del país que visita.
Esta última tertulia aparece con cierto retraso, porque se da en exclusiva en el órgano jesuita Civiltà Cattolica, diridida por Antonio Spadaro, muy próximo al pontífice.
De la que publica recientemente el citado órgano jesuita, nos fijamos a la respuesta con el Papa responde a una de sus iniciativas que más polvareda ha levantado en los últimos años, la proclamación del motu proprio Traditionis custodes, que viene a derogar el publicado hace una quincena por su predecesor, aún vivo, Benedicto XVI, Summorum pontificum.
“Cuando hay conflicto, la liturgia siempre es maltratada”, asegura el Papa en respuesta a una pregunta sobre el asunto. “En América Latina, hace treinta años, se produjeron monstruosas deformaciones litúrgicas. Luego cayeron en el lado opuesto con la ebriedad «indietrista» de lo antiguo. Se estableció una división en la Iglesia. Mi actuación en este campo ha pretendido seguir la línea trazada por Juan Pablo II y Benedicto XVI, que habían permitido el rito antiguo y habían pedido una verificación posterior. La última comprobación puso de manifiesto la necesidad de disciplinar la cuestión y, sobre todo, de evitar que se convirtiera en una cuestión, digamos, de «moda» y que siguiera siendo una cuestión pastoral. Ya vendrán los estudios que afinarán la reflexión sobre el tema, que es importante: ¡la liturgia es la alabanza pública del pueblo de Dios!”.