De las muchas modalidades creativas que han encontrado algunos sacerdotes para llevar los sacramentos a los fieles respetando las medidas de seguridad impuestas por razón de la pandemia, una de las más extendidas ha sido la de la confesión desde un coche a un improvisado confesionario en un aparcamiento o a otro coche. Pero hasta esto ha parecido demasiado peligroso al arzobispo americano de Indianápolis, que ha prohibido la práctica.
Monseñor Charles Thompson, arzobispo de Indianápolis, ha prohibido las confesiones de coche a coche que estaban proliferando como ‘truco’ ideado por numerosos sacerdotes para llevar el sacramento a los fieles a los que las restricciones impuestas impiden el acceso a su práctica normal en la iglesia.
Uno de los pioneros de esta práctica, el padre Dan Bedel, popularizó esta práctica, que llevaba a cabo en el aparcamiento de las dos iglesias que cubre, sentado en su furgoneta mientras los penitente se acercaban en sus respectivos vehículos y confesaban sus pecados bajando la ventanilla.
Pero ha bastado una quincena para que el propio Bedel haya anunciado a los medios que tendrá que abandonarla, ya que su arzobispo, Thompson, la ha prohibido al considerar que resulta demasiado peligrosa en relación a la transmisión del coronavirus. De hecho, esta misma mañana anunciaba en la red social Twitter el padre John Hollowell -aquejado de un tumor cerebral después de ofrecer a Dios su enfermedad para que acabe la plaga de la pederastia en el clero católico- que Dave Bedel, hermano menor del ‘confesor al volante’, acaba de morir, si bien no especifica la causa de la defunción.