El arte católico atraviesa una lacerante crisis desde hace decenios: las expresiones artísticas son cada vez menos originales y bellas. Lejos de mostrar el esplendor de la Verdad, reflejan a la perfección la mundanidad en que está sumida la Iglesia contemporánea.
El espectáculo que representó un grupo de voluntarios panameños ante el Santo Padre durante la Jornada Mundial de la Juventud es buena prueba de ello: